Consejos American Psique: Obama
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jueves, 14 de julio de 2016

3,33

Tres minutos y treinta y tres segundos, segundo arriba, segundo abajo, fue el tiempo que dedicó Obama a cada uno de los miembtos de la oposición española en su última visita.

Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera decidieron que valía la pena que su chófer, acompañado de su servicio de seguridad, les trasladara a la base aérea de Torrejón para departir durante tres minutos con el ya saliente presidente norteamericano.

Apenas el tiempo imprescindible para saludarse, mostrar las condolencias por los sucesos de Dallas y manifestar voluntad de colaboración en el futuro (incluso Pablo Iglesias, a quien suponemos que las bases americanas no hacen demasiado gracia). Todo ello con las banderas de los respectivos países de fondo. La estadounidense al lado de los politicos españoles y la española en el lado de Obama.

Todo ello, imaginamos, que tras pasar exhaustivos controles de seguridad y quizás una relativa humillación ya que los miembros de la seguridad norteamericana han sido entrenados para no fiarse absolutamente de nadie.

Después, una espera de dos días para que el departamento de estado difundiera las fotos de los politicos españoles con el que dicen hombre más poderoso del mundo.

Misión cumplida. Sánchez, Rivera e Iglesias dieron imagen de estadista durante tres minutos y treinta y tres segundos. Obama lució como líder mundial dialogante, siempre concernido por conocer todos los puntos de vista de los lugares que visita y no fiarse solamente de la version de Rajoy, con quien pasó bastante más tiempo.

Se agradece que los politicos españoles traten de no ser Zapatero. Pero, quizás no hubiera estado mal que se hubieran puesto de acuerdo para negociar una reunión de mayor metraje y mejor calidad. Si, y hasta “amenazar” con no asistir al encuentro.

Hay que creérselo más, ser quizás menos humildes.

En eso los americanos son maestros.


martes, 23 de junio de 2015

Símbolos nacionales a la americana


A pesar del aluvión decríticas de otros partidos, uno tiene la impresión de que a la gente, a mí por lo menos, le ha gustado la imagen de Pedro sánchez con su mujer y la bandera española de fondo. Una imagen que no se corresponde en absoluto con la tradición política española. Americana cien por cien.

Y es que de un tiempo a esta parte los grandes símbolos de la sociedad española han pasado a la historia. La propia bandera fue sustituida por la camiseta de la selección; digan lo que digan de los crucifijos queda memoria en las fachadas de las Iglesias desiertas y los colegios religiosos y de la hoz y el martillo si te he visto no me acuerdo.

Pero el hombre necesita símbolos. Es, sobre todo, un animal simbólico que se comunica a través de signos convencionales, las palabras, acordados por miembros de la sociedad humana para referirse a algo.

La desaparición de los grandes símbolos nacionales o religiosos de la esfera pública dejó un gran vacío que fue llenado únicamente por las marcas. El logotipo de Nike o de Mercedes-Benz llevan camino de ser más reconocibles y respetados que las banderas de los países o las enseñas religiosas.

Son verdaderamente universales. No crean divisiones entre las personas, suscitan admiración y permiten calcular al prójimo: cuanto gana, a que se dedica, qué hace en su tiempo libre, en qué tipo de casa vive, etc. Permiten aspirar a algo, tener metas, soñar con ser alguien.

Los grandes símbolos de siempre perdieron la partida. Los valores constitucionales podrán ser muy respetables, pero no seducen o enganchan a nadie. A no ser que se simbolicen y ese símbolo emocione un poquito. Hay unos pocos que ostentan una cierta aureola como la tricolor francesa o las barras y las estrellas de la bandera americana.

Una sociedad sin símbolos no es una sociedad civilizada que se precie. Los símbolos nos hacen humanos cuando aparecen asociados a buenos valores, como una serie de derechos y valores representados por una constitución, la solidaridad de unos ciudadanos que defienden esos valores sin tener en cuenta raza, credo, la billetera o la belleza física. Está muy bien ese tipo de símbolos que no excluyen a nadie por su lugar de origen y la bandera constitucional es uno de ellos además de ser visualmente atractiva. Hay que sacarla más porque de su presencia reconocida y reconocible dependen más de lo que creemos los valores que van asociados a ella.

Por eso hay que felicitar a los asesores de campaña de Pedro Sánchez. Han dado en el clavo copiando a los de Barack Obama (de hecho he leído que uno de ellos trabajó para Obama). En España, fuera de esa bandera no hay más que vacío, si acaso la jungla.

Fuera de esa bandera está la obsesión por el terruño, el narcisismo de la diferencia, el enfado, la arrogancia del estatus, el exhibicionismo, el polo Lacoste, el Audi o el hotel con encanto de doscientos cincuenta euros la noche.

La vuelta a los símbolos de todos es lo propio de los países civilizados que no dejan que sean las marcas las que se apropien de los grandes valores y monopolicen la vista en las grandes vías públicas. A este paso, los únicos símbolos de una cierta igualdad e idea de la socialdemocracia iban a ser los de la cesta de compra del Mercadona, Ikea o el Lidl.

Un acierto, si señor, de los estrategas del PSOE sacar la bandera española del desván.