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jueves, 14 de marzo de 2013

La sentimentalización de lo irlandés


San Patricio acaso sea la única fiesta religiosa en origen que ha traspasado los estándares de lo políticamente correcto. Si el uso de la palabra navidad ha sido crecientemente reemplazado de la vida pública por el de “vacaciones”, no sucede así con el del santo irlandés responsable de la evangelización de Irlanda. San Patricio sigue siendo San Patricio a pesar del tufo católico que desprende la mera idea de santidad.

No es, por supuesto, el 17 de marzo un día festivo en el que no se trabaje (aunque este año cae en domingo) sino más bien una ocasión para mostrar un talante distinto, más relajado en el que la herencia irlandesa en Norteamérica se convierte en una de las señas de identidad de la cultura incluso en aquellos lugares en que la presencia de irlandeses no es particularmente notable. No en vano, aunque aproximadamente 35 millones de norteamericanos se consideran de descendencia irlandesa (unas 10 veces la población actual de Irlanda), una buena cantidad de ellos sólo tienen un abuelo, tatarabuelo, la sospecha y a veces basta un nombre de pila irlandés.

Sorprende la importancia que se le da a este día con la flojedad del contenido. Celebrar San Patricio en la mayoríaa del país se limita a ponerse alguna prenda de color verde y acercarse a alguna taberna o pub en los que ese día hay que hacer cola a beber cerveza Guiness (hoy propiedad de Diageo, una multinacional del sector de bebidas con sede en Londres) y, si uno tiene los redaños, a comer estofado de buey curado acompañado de repollo.




Pero ser irlandés en Estados Unidos es cool desde hace casi 70 u 80 años pese a que a la mayoría de los americanos contemporáneos no les gusta demasiado el rugby, no saben quien es John Ford, no ven películas de John Wayne y les suena de oídas Oscar Wilde o James Joyce. El orgullo irlandés norteamericano es otra cosa mucho más sentimental, irracional, que tiene quizás que ver con el prestigio de la víctima, del pobre, simpático y tierno irlandés acechado por el despotismo de los ingleses.

Por cierto, un amigo irlandés de San Francisco me comentaba hace poco que sus hijos, irlandeses por parte de padre y madre pero nacidos en Estados Unidos, sueñan con ser judíos y tener costumbres judías, como muchos de sus amigos. Puestos a ser cool, siempre hay quien gane.