Consejos American Psique: excepcionalismo
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jueves, 5 de mayo de 2011

Fútbol y excepcionalismo americano (y III)

El auge del fútbol es considerado un elemento más de disputa en lo que frecuentemente se denomina la guerra cultural entre una América predominantemente rural, blanca, republicana y religiosa y la otra América urbana, multiracial, progresista y secular.

Los primeros verían en la expansion del fútbol una amenaza a los valores y al excepcionalismo norteamericano, mientras que los segundos lo consideran un engarze con el resto del mundo. En su libro How soccer explains the world (Una explicación futbolística del mundo), Frank Foer reúne un catálogo de citas de lo que se ha denominado el antilobby futbolístico americano como por ejemplo esta perla de Tom Weir, un periodista del periódico USA Today, “odiar el fútbol es más americano que la tarta de manzana, conducir un pickup (coche con remolque), o pasar la tarde del sábado con el mando a distancia de la televisión en la mano”. Jack Kemp, un aspirante a la vicepresidencia del gobierno en los años 90 dijo en una ocasión que el fútbol americano “en el que se lanza, se pega una patada y se corre con la pelota en las manos es democrático y capitalista mientras que el fútbol es un deporte europeo y socialista”.

Y es que hay algo de cierto en que para muchos americanos el fútbol se relaciona con gente de países depauperados como México, que no tienen la infraestructura para jugar otros deportes, o con cierta mentalidad europea colectivista (baste recordar que hasta no hace demasiados años los jugadores de fútbol no llevaban ni su nombre en las camisetas, una circunstancia que cambió en este caso por influencia norteamericana). A diferencia de otros deportes genuinamente americanos como el baloncesto, el béisbol o el fútbol americano, en el fútbol los tanteos son rácanos, los patrocinadores no pueden pedir tiempos muertos y no hace falta estar especialmente dotado físicamente para competir. Sin embargo, tal y como aspiran yuppies (el 50 por ciento de los que juegan al fútbol en este país provienen de hogares donde los ingresos son de al menos 75.000 dólares al año) e inmigrantes, el fútbol sigue expandiéndose con fuerza y haciendo América algo menos especial.

martes, 3 de mayo de 2011

Fútbol y excepcionalismo americano (II)

Lo cierto es que la afición al fútbol puede interpretarse como una metáfora de lo que se viene cociendo en América durante los últimos años. Una metáfora de la lenta erosión que se viene produciendo en los valores de lo que se dio en llamar el excepcionalismo americano, es decir, el hecho de que Estados Unidos fuera la única nación en la historia brotada directamente de una revolución basada desde el principio en la igualdad, el individualismo y los principios de libertad económica. Si solía citarse la falta de interés por el fútbol como un rasgo más de la singularidad del carácter americano, eso ya no puede decirse. Aunque parezca lo contrario, la influencia que el resto del mundo ejerce sobre Estados Unidos nunca ha sido mayor.

La potencia del fútbol base en Estados Unidos es extraordinaria, tanto que en España yo no veo en la actualidad nada remotamente parecido. Un par de datos indicativos acerca de la importancia social que está adquiriendo el fútbol los ofrece la Asociación de Fabricantes de Material Deportivo: 15 millones de americanos juegan al fútbol regularmente lo que le convierte en el tercer deporte en importancia en número de practicantes por detrás del baloncesto (26 millones) y el béisbol (16 millones). Esta progresión seguirá en aumento ya que entre las chicas es el deporte más popular en las escuelas con un crecimiento del 226 por ciento en los últimos 20 años. Personalmente he podido comprobar esta explosión en Ellensburg. Por ejemplo, los sábados por la mañana durante los meses de otoño en Ellensburg no hay literalmente ni un solo niño, ni niña, que no acuda a jugar el torneo local en uno de los 12 campos de hierba que componen unas instalaciones impresionantes.

La afición por el fútbol ha dado lugar a extraños compañeros de cama. Por un lado, nos encontramos con la inmigración latina (sobre todo mejicana) y, por otro, con un numeroso segmento de la población, no sólo, pero en un importante porcentaje, integrado por personas de nivel socioeconómico alto que vive en zonas urbanas. Los primeros, practican el fútbol cuando sus duros horarios laborales se lo permiten y siguen la liga mejicana en los canales hispanos; los segundos apuntan a sus hijos a equipos de fútbol de las federaciones locales y siguen la liga inglesa con fruición. La guerra cultural del fútbol está servida. Si el fútbol acaba triunfando en América, como parecen empeñados los latinos y los snobs, ¿qué es lo que le queda al excepcionalismo americano?

jueves, 28 de abril de 2011

Fútbol y excepcionalismo americano (I)

La pasión que estos días se vive en España con los múltiples enfrentamientos entre Real Madrid y Barcelona me trae a la cabeza la diferente relación que tienen los americanos con el deporte en general y con el fútbol en particular.

“Más que un club” o “más que un partido” son latiguillos recurrentes en los medios de comunicación españoles para referirse a este tipo de partidos. Sin embargo, en todos los años que he vivido en Estados Unidos jamás he escuchado o leído frases semejantes para referirse a un acontecimiento deportivo. Para el americano el deporte es sobre todo show, espectáculo y la emoción se termina cuando acaba el partido. Las ligas profesionales se basan en franquicias que están en manos de patrocinadores. En una mayoría de los casos, los equipos representan en primer lugar a la marca comercial que los financia y, secundariamente, a la ciudad en la que están localizados. Me viene a la cabeza el ejemplo del equipo de baloncesto Seattle Supersonics que, tras 40 años jugando en Seattle y ganar un título de la NBA, decidió marcharse a Oklahoma City tras ser vendido por su dueño Howard Schultz, el dueño de Starbucks, a un grupo de inversores de esta ciudad. Algo así como si el Sevilla se pusiera en venta y pasara a ser de un día para otro el equipo de la ciudad de Salamanca.

Sólo así se explica lo que está sucediendo con el fútbol (o soccer que es como aquí se le llama para diferenciarlo del fútbol americano), un juego con muy poca tradición en este país como deporte de élite. La liga local, bautizada como MLS (Major League Soccer), es sin embargo cada vez más popular. Las franquicias se multiplican. En 2009 Seattle adquirió su propia franquicia, los Seattle Sounders. En 2011 el equipo de la vecina ciudad de Portland, los Portland Timbers, ha empezado a jugar en primera división. Revistas, periódicos y programas deportivos hablan ya calurosamente de la rivalidad futbolística que se está fraguando en esta zona del país. Que no haya tradición es lo de menos. De hecho, los americanos en general no creen en las tradiciones (por eso son tan innovadores). Si hay que inventarlas, pues se inventan.