Es
curioso como cambian las percepciones de los pueblos en unas pocas
generaciones. Si los españoles, herederos a nuestro pesar de la narrativa de la
generación del 98, seguimos identificando España con Castilla y la meseta, no
es así en absoluto al otro lado del océano Atlántico a pesar de las
circunstancias políticas.
En
los Estados Unidos de América, las esencia españolas están encarnadas
esencialmente en Barcelona. La ciudad
condal reúne todos los atributos de aquellas percepciones de la cultura popular
que flotan sobre España entre los americanos. Un país de sol y playa, de ocio,
con monumentos curiosos, en el que se pueden comprar con toda facilidad
sombreros mexicanos en Las Ramblas y donde el fútbol es parte de la vida.
Contra
su voluntad, ya que en un determinado momento el Ministerio de Industria y
Turismo ofreció al club convertirse en embajador de la marca España y rechazó
la oferta, el F. C. Barcelona y Messi han hecho más por la imagen de marca de
España que todas las campañas del ICEX, el Instituto Cervantes, el Ministerio
de Asuntos Exteriores y las distintas consejerías de las autonomías juntas. Su
camiseta es omnipresente allí donde se juntan multitudes por cualquier motivo,
entre los estudiantes extranjeros, en todas las tiendas de deportes y en las de
los outlet malls incluso en aquellos
lugares donde hay poca afición por el fútbol. Allí donde hay un español, hay
muchas posibilidades de que el primer tema de conversación gire en torno al F.
C. Barcelona.
Aunque
a muchos españoles les sorprenda escucharlo, la mayoría de los ciudadanos de
este país no sabe que pertenece a una región llamada Cataluña, que un tercio de la gente tiene una lengua materna distinta del español o que últimamente la mitad de la gente dice que quiere la
independencia. Barcelona es España y sobre todo un lugar bonito y cool donde pasárselo bien ya que hay
playa, buen tiempo, muchas terrazas y bares de tapas y un equipo de fútbol muy
famoso.
Es verdad
que también hay americanos que leen el New
York Times y a los que oír el vocablo Catalan
les resulta seductor, interesante, puede que hasta sofisticado. Pero son muy, muy pocos.