Consejos American Psique: percepciones
Mostrando entradas con la etiqueta percepciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta percepciones. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de marzo de 2013

Barcelona como encarnación de lo español


Es curioso como cambian las percepciones de los pueblos en unas pocas generaciones. Si los españoles, herederos a nuestro pesar de la narrativa de la generación del 98, seguimos identificando España con Castilla y la meseta, no es así en absoluto al otro lado del océano Atlántico a pesar de las circunstancias políticas.

En los Estados Unidos de América, las esencia españolas están encarnadas esencialmente  en Barcelona. La ciudad condal reúne todos los atributos de aquellas percepciones de la cultura popular que flotan sobre España entre los americanos. Un país de sol y playa, de ocio, con monumentos curiosos, en el que se pueden comprar con toda facilidad sombreros mexicanos en Las Ramblas y donde el fútbol es parte de la vida.

Contra su voluntad, ya que en un determinado momento el Ministerio de Industria y Turismo ofreció al club convertirse en embajador de la marca España y rechazó la oferta, el F. C. Barcelona y Messi han hecho más por la imagen de marca de España que todas las campañas del ICEX, el Instituto Cervantes, el Ministerio de Asuntos Exteriores y las distintas consejerías de las autonomías juntas. Su camiseta es omnipresente allí donde se juntan multitudes por cualquier motivo, entre los estudiantes extranjeros, en todas las tiendas de deportes y en las de los outlet malls incluso en aquellos lugares donde hay poca afición por el fútbol. Allí donde hay un español, hay muchas posibilidades de que el primer tema de conversación gire en torno al F. C. Barcelona.

Aunque a muchos españoles les sorprenda escucharlo, la mayoría de los ciudadanos de este país no sabe que pertenece a una región llamada Cataluña, que un tercio de la gente tiene una lengua materna distinta del español o que últimamente la mitad de la gente dice que quiere la independencia. Barcelona es España y sobre todo un lugar bonito y cool donde pasárselo bien ya que hay playa, buen tiempo, muchas terrazas y bares de tapas y un equipo de fútbol muy famoso.

Es verdad que también hay americanos que leen el New York Times y a los que oír el vocablo Catalan les resulta seductor, interesante, puede que hasta sofisticado. Pero son muy, muy pocos.

sábado, 2 de febrero de 2013

Americanos mimados


En comparación con el resto de habitantes del planeta, a los americanos les gusta pensar de si mismos que están mimados.  Es difícil saber si hay más de arrogancia o de autocrítica en este pensamiento.  Por un lado se ven como perpetuos adolescentes insatisfechos con el mundo que les ha tocado vivir a pesar de (según también ellos) ser el mejor de los posibles. Por otro, se sienten elegidos por haber nacido en el país de la libertad, la democracia, la sociedad del espectáculo y el producto interior bruto.

Para mí que hay más de arrogancia, acaso de una arrogancia humilde, muchas veces incluso bienintencionada. Una arrogancia, eso sí, consciente de la estulticia del que se siente elegido por vivir en casas más grandes, conducir 4 x 4, jugar al golf en campos sin baches, comprar calzoncillos y bragas de Calvin Klein a precio de ganga, acariciar al menos la posibilidad de estudiar en una universidad de renombre, ver los estrenos de Hollywood un par de meses antes o disponer de un pedazo de pasto donde emplear el tiempo libre.

Los europeos, y entre ellos quizás más los mediterráneos, tratamos de contragolpear pensando que cómo puede considerarse mimada  gente que no termina de descubrir las bondades del aceite de oliva, que desprecia el producto fresco, que no sabe lo que es ir a un cine que no esté ubicado en un parking o tomarse una ración de bravas en la terraza de una plazita. Gente para la cual  las vacaciones consisten en irse una semana de camping y que, según los últimos estudios, no tiene mas de dos amigos de verdad (eran tres en los años 60).

Es curioso, pero a muchos americanos no se les pasa por la cabeza que simplemente poder trabajar, un proyecto profesional e independencia vital tenga remotamente que ver con estar mimado.

Gente rara en el fondo.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Padres cool

El otro día me encontré a uno de mis estudiantes acompañado de su padre en un barrio de San Francisco, ciudad donde paso las navidades. Fue un encuentro sin nada reseñable salvo por un hecho: el padre resultaba mucho más cool que su hijo. Para que no se me malinterprete, el chaval no pudo ser más educado y cordial de lo que fue, con esa franqueza y efusividad que caracteriza a los chicos americanos. Lo primero que me preguntó y creo que lo único que le importaba, algo sintomático en una generación a la que se supone ensimismada y entontecida por los videojuegos, fue si tenía en mis clases a algunos de sus amigos y si eran buenos estudiantes. Recuerdo que iba vestido con una sudadera de nuestra universidad estatal situada en el centro del estado de Washington y que desde luego nadie conoce por estos lares plagados de chicos que acuden a las universidades de élite.

Recuerdo que su padre contemplaba la escena con cierta distancia pero al mismo tiempo interesado en ver interactuar a su hijo con un profesor. Era un hombre todavía bastante joven, supuse que bien parecido y que exhibía un bien trabajado desaliño que abunda en los reportajes de moda de los suplementos dominicales. Era un hombre cool que en cierto modo no trataba de parecerlo y al que probablemente no se le ha pasado por la cabeza el concepto durante meses. Un hombre que vive en una de las ciudades mejores del mundo en cuyas cercanías se cuecen muchas de las ideas y conceptos que después se convierten en universales y donde hace un tiempo permanentemente primaveral acompañado por su hijo que vive y estudia en un pueblo de la América rural a una distancia mental muy superior a la ya física que les separa y que es únicamente de dos horas en avión.


No es la primera vez que observo este tipo de contraste entre padres e hijos en Estados Unidos en la que teóricamente los hijos llevan las de perder. Una escena que ni se les hubiera pasado por la cabeza a los jóvenes españoles de mi generación para las que los padres llegados de los pueblos en aluvión eran siempre la antítesis de lo cool y a aquello que trataban de evitar parecerse.

Lo más curioso es que para este joven estudiante su padre no tenga nada de cool precisamente porque lo sea demasiado.

Algo ha cambiado.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Pobres

¿Qué es ser pobre en América? Estadísticamente ser pobre es ganar menos de la mitad del salario medio, que para un hogar de cuatro personas se estima que ronda los 50.000 dólares anuales (unos 38.000 euros). Según los últimos datos arrojados por el censo norteamericano, que por primera vez tienen en cuenta los costes médicos y los gastos del trabajo, estaríamos hablando de unos 50 millones de personas consideradas oficialmente como pobres, un dato que en Europa siempre apetece escuchar.

Sin embargo, esta es una explicación que no debería dejarnos satisfechos ya que numerosas familias griegas, portuguesas e incluso españolas se consideraban de clase media (incluso en términos estadísticos) antes de la crisis con ingresos considerablemente más bajos. Aquí, no resulta en absoluto raro que personas que uno sabe reciben cupones del estado para comprar leche, latas de sopa Campbell y mantequilla de cacahuete viven en casas de 200 metros cuadrados, bien acondicionadas, con excelente calefacción y dos coches a la puerta que suelen ser un monovolumen y un 4 por 4. Justo como las familias pudientes de Las Rozas.



Digamos que para los americanos pobres, y para los que no lo son, ser pobre no es carecer de los bienes de consumo de nuestra época sino más bien, en el país de las oportunidades, carecer de la esperanza de poder progresar. Es tener un trabajo mal remunerado, generalmente en el sector servicios, y saber que no podrás jubilarte a los 65; es estar enfermo y saber que no vas a dejar patrimonio a tus hijos y dependerás de la beneficencia o del estado el resto de lo que te queda de vida; es crecer en una familia en un entorno rural con malas escuelas públicas; es haber cometido un delito grave y saber que no vas a tener una segunda oportunidad; es ser feo o gordo o tener los dientes mal y no tener recursos ni educación.

Ser feo o gordo es mucho peor que ser pobre, algo de lo que no se habla pero se percibe.

En Estados Unidos no hay realmente pobres, pero si perdedores. Esos son los pobres de verdad.

Y a pesar de todo, la mano del estado se nota. Un par de datos para los escépticos.

- Gracias a los pagos de la Seguridad Social, la tasa de pobreza es un 54,1 por ciento más baja entre la gente de 65 años o más mayor y un 24,4 por ciento entre el resto de los grupos.

- Sin el efecto redistributivo del impuesto sobre la renta, el promedio de pobreza infantil subiría del 18,1 por ciento al 24,4 por ciento.

Curiosamente, los cupones de comida apenas reducen la pobreza de un 17,6 a un 16 por ciento ya que en América lo que se dice pobres, pobres de solemnidad, hay muy pocos.

lunes, 1 de octubre de 2012

Lo latino o la falta de término medio

Casi desde que tengo uso de razón llevo oyendo aquello de que lo latino está de moda en los Estados Unidos. Pero la verdad es que tampoco resulta fácil definir que es lo latino desde el momento en que incluso en la propia España hemos importado la terminología norteamericana, lo cual lleva en muchas ocasiones a que los propios inmigrantes sudamericanos que viven en España a autodenominarse latinos para diferenciarse de los españoles. Sin embargo, lo cierto es que hasta hace un par de décadas, un latino era un italiano, un portugués y un brasileño, y de hecho esta forma de referirse a estas poblaciones no se han extinguido del todo en las conversaciones informales.

Entonces, ¿qué es lo latino para un norteamericano? Podríamos simplificar diciendo que es el término que se aplica a todo aquel y aquello que pertenece al mundo de habla española como derivación de su pertenencia a Latinoamérica. Sin duda, este es el concepto que de forma harto simplificadora y algo absurda adoptó el Departamento de Estado para clasificar a los distintos grupos étnicos del país, siendo los latinos o Hispanics el único grupo cuya pertenencia queda definida por la lengua mientras que los afroamericanos estarían definidos por la raza y los asiáticos por el origen geográfico. Ni que decir tiene que a estas categorías les quedan cuatro días sobre todo si tenemos en cuenta que cada vez abundan más los individuos multirraciales.




Pero para que nos vamos a engañar. Una mayoría de norteamericanos, con todas las matizaciones y educación que se quiera, piensa que lo latino es todo aquello que viene de México, su comida, sus costumbres y su gente. No en vano los hispanos de origen mexicano constituyen más de un ochenta por ciento de la población latina en los Estados Unidos. Lo latino se asocia a la comida picante, la fiesta, la pasión, las personas de pelo negro y tez tostada, los colores chillones, los bigotes, la pereza, la informalidad, la pobreza, la crueldad, Eva Longoria, Penélope Cruz, César Millán y Ricky Martin. Por experiencia, puedo decir que no es el retrato que gusta a muchos españoles ni a muchos latinoamericanos. Sin embargo, en la era del turismo, la sensualidad y el tiempo libre, conviene no minusvalorar el poder fascinador de lo latino, de un dúplex en Zihuatanejo (México) con techumbre roja, muros enjalbegados de cal y con vistas al mar. La pasión es y siempre será cool así como las culturas asociadas a lo caliente que tienden a verse como lugares paradisiacos o la mismísima encarnación del infierno en la tierra. Siempre lo mismo. O Ciudad Juárez o Puerto Vallarta. O la exuberancia de Gaudí en el Paseo de Gracia o los individuos desdentados manifestándose que presenta el reportaje fotográfico publicado en The New York Times. Lo latino es y será siempre la falta de término medio.

domingo, 16 de septiembre de 2012

¿Living Eurovegas?


De partida entiendo las reticencias que puede despertar en muchos un proyecto mastodóntico como Eurovegas en pleno secarral manchego. Para empezar, el alma mater del proyecto, Sheldon Adelson que es el magnate de la empresa impulsora del proyecto, Las Vegas Sands, no suscita precisamente simpatía o confianza con esa pinta de sátrapa sin escrúpulos. Sin embargo, como español y madrileño la noticia me ha producido cierta satisfacción, y no tanto por esas siempre exageradas cifras, 260.000 puestos de trabajo, que aparentemente generará la iniciativa.

Creo que de una vez por todas va a poner a Madrid en el mapa de los norteamericanos, una ciudad que últimamente, en buena parte debido a su situación geográfica demasiado escorada y al sur y al buen trabajo realizado por la ciudad condal, siempre ha quedado relegada a una posición secundaria como pariente pobre de Barcelona en la psique americana. Y es que la combinación Euro y Vegas es infalible. El prefijo euro contiene en buena parte todo lo positivo que sigue haciendo Europa atractiva para los norteamericanos como es el saber vivir, comer, las tradiciones, los monumentos, los mercados, la vida ciudadana y ese tipo de cosas. Incluso aunque mucha gente joven emplea peyorativamente la palabra eurotrash para etiquetar la música disco europea como de excesivamente insulsa y mecanizada, el calificativo no está exento de admiración.









Y Las Vegas, que decir de lugar tan absurdo. Junto a Hawaii y Disneyworld completa la triada de lugares a los que todo buen americano debe ir al menos una vez en la vida. En la mente americana, Las Vegas es un rito de paso, un mito que otorga licencia al viajante para mostrarse chabacano, vulgar, vicioso y pecar en compañía de un grupo de antiguos amigos de la facultad o durante una despedida de soltero sin asomo de sentimiento de culpa. No importa que en realidad Las Vegas sea sobre todo un inmenso centro de congresos donde las compañías y las organizaciones celebran todo tipo de eventos y presentaciones (la comparación que se hace a menudo de Las Vegas o Eurovegas con un inmenso puticlub no puede ir mas desencaminada). No se me ocurre monumento, evento o story capaz de crear brand awareness de una ciudad como Madrid o la propia España que pueda superar a Eurovegas. Quizás Eurodisney pudo haberlo superado. Hay que ser realista, al americano medio más que los viejos museos o desgastados monumentos, de los que se  cansa a los dos o tres días,  sobre todo le fascina como se manifiesta la cultura popular en otras latitudes y pocas cosas son comparables a un remedo de Las Vegas en la planicie manchega. Si, quizás a todos nos gustaría que la región de Madrid fuera conocida por las mismas cosas que la Provenza o la Toscana, pero creedme en la dichosa era de la economía de la atención, en la que ésta se ha convertido en el bien más escaso para empresas, países, ciudades y personas, albergar un remedo europeo de Las Vegas es una jugada ganadora.

domingo, 2 de septiembre de 2012

¿Qué es lo atractivo de los Estados Unidos?

Haciendo zapping, me tope el otro día con un programa titulado Castellano-leoneses en el mundo, emitido, como no podía ser de otra forma, por Castilla y León Televisión. Ante tan seductora propuesta (el programa es una copia pura y dura, y no pretende disimularlo, de Españoles en el mundo de TVE pero con el valor añadido – que alguien tendrá que explicar algún día – de que los protagonistas sean de Palencia o Salamanca y no de Reus o Getafe), no pude sino permanecer colgado ya que aparecía una mujer de León que contaba acerca de su vida en el estado de Kentucky, donde había vivido nueve anos.

La verdad es que, a tenor de lo visto en pantalla tras la correspondiente selección de la reportera y el productor del programa, no parecía que vivir en el Kentucky rural fuera jauja. El documental, quizás con alguna que otra década de retraso, insistía en todos los tópicos ya conocidos incluyendo la comida de acción de gracias (que se presentaba en su versión mas pesada y grasienta), la vida en el coche ejemplarizada en ver como se podían depositar cheques sin bajarse uno del vehículo, el paisaje semiurbano de los car dealers y una pequeña incursión en el black Friday que es el día de rebajas que sigue al de Acción de Gracias y en el que los bargain hunters (cazadores de gangas) forman colas a la puerta de los centros comerciales que abren durante toda la noche.



Viendo el reportaje, que hacía sentir cierta pena por la protagonista forzada en su vida diaria a consumir comida de poca calidad y a vivir en un lugar exento de distracciones, la verdad es que no parecía que hubiera demasiadas razones para vivir en los Estados Unidos más allá del tamaño de las casas o las sentimentales derivadas del azar que son las que siempre suelen argüirse. Sin embargo era muy obvio que esta mujer no quería regresar a León ni a tiros aunque decía echar mucho de menos a su familia y la cultura del tapeo. Y no era solo porque tuviera un trabajo aparentemente bueno en un college privado.

Lamentablemente en este tipo de reportajes se nos suelen hurtar esas razones, los intangibles del día a día que en muchos casos tienen su reverso negativo en la vida española. En el siglo XXI Estados Unidos sigue siendo el país del mundo donde más gente quiere vivir y no son solo ciudadanos provenientes de países en vías de desarrollo. ¿Por qué? Algún día me gustaría que se contara en este tipo de reportajes en los que lo más importante siempre parece omitirse.

domingo, 22 de abril de 2012

El resto del mundo

La palabra overseas suele aparecer mucho en las conversaciones cuando los americanos se refieren a experiencias o viajes que han realizado por otras partes del mundo. Literalmente, viene a significar ultramar, al otro lado de los mares. Sin embargo, yo he escuchado a gente utilizar este palabra incluso para aludir a países vecinos como México o Canadá. De alguna manera, emplear la palabra overseas pone al mismo nivel al resto del mundo. Da igual que se esté hablando de España, Irlanda, Indonesia o Mozambique, overseas es lo que no es Estados Unidos. Un mundo, en el imaginario norteamericano, menos desarrollado, más colectivista, en el que el individuo suele disponer de menores oportunidades y cualquier problema es más complicado de resolver.

Y es que, aunque han cambiado bastante las cosas en estos últimos años debido al 11-S y a la globalización, la relación mental que el estadounidense tiene con el resto del mundo no ha cambiado tanto y es, quizás, uno de los aspectos menos admirables de la psique americana. A pesar de que la actual crisis económica ha puesto de manifiesto la interdependencia inevitable entre las economías de todos los países, el norteamericano actual sigue habitando en un universo autorreferencial, los Estados Unidos de América, que a lo sumo puede constituir un vago sumario o síntesis de las gentes y las costumbres del resto del mundo. Esta percepción, no sin razón, irrita a muchos extranjeros dentro y fuera del país que perciben que el flujo de ideas y discusiones es siempre unidireccional. Mientras que a la gente que procede de overseas nos debe llamar la atención, por nuestro propio interés, la política o la cultura popular de los norteamericanos, éstos tienden a soslayar sin ambages todo lo que acontece en el resto del mundo que, desde aquí, siempre tiene un aura algo folklórico, de referencia breve, de curiosidad para dar en a la conversación una impresión de universalidad.




Las razones de esta asimetría son históricas, ya que efectivamente Estados Unidos ha sido hasta hace poco, y en muchos sentidos todavía lo es, autosuficiente en muchos aspectos empezando porque cuenta con un autentico mercado interior (no como el europeo que suele ser un simulacro), de 300 millones de personas, y culturales, ya que la mayoría de los inmigrantes que han llegado a este país han tendido a olvidarse rápidamente de sus países de origen. No es escaso en absoluto, el número de americanos de primera generación o incluso nacidos en otro país que no vuelven a sus lugares de origen en toda su vida. La situación no tiene visos de cambiar y, al contrario de lo que se dice, no se resuelve porque los norteamericanos viajen más. El nacionalismo, si es que se le puede llamar así, no se cura viajando. El contacto directo con otra cultura durante un periodo limitado de tiempo lo único que hace es poner más de manifiesto las diferencias entre la cultura de uno y el resto. He conocido numerosos norteamericanos que han viajado pero eso no significa que su interés por el resto del mundo haya aumentado sustancialmente. La inmensa mayoría siguen siendo monolingües y, en su mayor parte, ignoran aspectos muy básicos de otros países. Este es el quid de la cuestión en mi opinión. El día que el norteamericano aprenda segundos idiomas de verdad, cambiará su percepción del resto del mundo. Tener unas nociones de una segunda lengua no es suficiente como sucede hasta ahora. De hecho numerosos americanos que he conocido (en lo cual se diferencian de los españoles menos de lo que creemos) son muy poco rigurosos cuando declaran saber un segundo idioma, lo que suele querer significar que tienen nociones sólidas pero nada más. Aunque claro, si el resto de sus compatriotas no habla idiomas, eso, en comparación, parece mucho.

El otro cambio que tendría que suceder, y no bromeo en absoluto, seria que el soccer (futbol) triunfara algún día en los Estados Unidos como espectáculo de masas. El día que los principales deportes americanos, el béisbol y el futbol americano, dejen de ser autóctonos habrán cambiado muchas cosas. He observado en numerosos ocasiones como los estudiantes extranjeros, da lo mismo si son japoneses o de Arabia Saudí, construyen buena parte de su identidad en los campus americanos alrededor del fútbol. El futbol es, para ellos, lo que no es América y tienen en común sus países. En un ámbito europeo, es innegable que en muchos sentidos el fútbol ha reforzado más la identidad del viejo continente que las instituciones de Bruselas. Hablar con un británico, por muy antieuropeo que sea, de fútbol es sentir cercanía y familiaridad. Por eso, todos aquellos que deseamos que los americanos cambien uno de los aspectos de su psique menos atractivos, queremos que su selección de soccer haga algo importante en la próxima copa del mundo.

lunes, 9 de enero de 2012

El mito de Italia

Los mitos son indestructibles, inmortales y siempre tienen razón. Por algo son mitos. En cuestión de culturas, Italia, junto a Francia, es un gran mito en Norteamérica. Da lo mismo que haya tenido a Berlusconi (del que por cierto el americano de a pie apenas se ha enterado de que existió), de que ahora tengo un gobierno de tecnócratas o de que su economía se esté yendo a pique. Italia es siempre Italia para el americano. La existencia del mito no tiene tanto que ver con un hecho turístico si bien es cierto que el doble de americanos (2 millones al año) visitan el país transalpino en comparación con España (un millón), siendo España un receptor global mayor de turistas.

Si cuesta encontrar huellas españolas en la vida cotidiana de los americanos, la presencia de lo italiano es constante. Una presencia apabullante que a primera vista comienza con la aplastante presencia de restaurantes italianos, pizzerías, cafeterías y heladerías (nunca he escuchado tanto la palabra gelato como aquí) o recetas de inspiración italiana o con ingredientes considerados italianos en las revistas y programas de televisión. El español no familiarizado con esta adoración de lo italiano puede acabar algo traumatizado y con cierto sentimiento de inferioridad ya que muchas de las señas de identidad españolas en lo culinario han sido literalmente taken over por los italianos. En líneas generales, por citar sólo unos cuantos ejemplos, para un americano medio el jamón serrano es prosciutto, la paella un tipo de risotto, la tortilla puede pasar por una fritatta y el chorizo puede confundirse perfectamente por un tipo más de salami. El perejil (Italian Parsley), las ciruelas (Italian plums), el brócoli, las judías blancas (canellini beans), los calabacines (zucchini), todo lleva el sello de Italia, el país de los grandes ingredientes. La imposición del lenguaje transforman al español en una especie de italiano sin el encanto del mismo, una especie de quiero y no puedo, quizás un mero wannabe con pocas señas de identidad que no sean el idioma por la fuerza de los números, el sol y las casas enjalbegadas de cal y de tejas rojas. El flamenco y los toros quedarían casi para un público semi-especializado. El auge de la nueva cocina española, los Adrià y compañía estarían reservados a una élite.

El mito de Italia también lo encontramos perenne en el mundo del lujo, de la publicidad de las revistas femeninas y lifestyle, un mundo, a pesar de la informalidad americana en el vestir, altamente reverenciado. Zara y Mango pueden ser más importantes que Armani y Prada desde un punto de vista numérico, pero no dejan de ser pret-a-porter y además tienen un nombre que suena más italiano que español.

La alta cultura italiana, empezando por el renacimiento, forma indiscutiblemente del canon americano (y yo diría occidental) mucho más que la española. Michelangelo siempre será más conocido que Velazquez, Leonardo que Goya, Boticelli que el Greco, Picasso con las dos eses pasará fácilmente por italiano o francés.

Podría seguir y no parar. Hace años, cuando aún vivía en Madrid, conocí a un profesor de historia español que había enseñado en Estados Unidos casado con una bostoniana. Le había solicitado su voluminosa tesis doctoral para utilizarla como referencia bibliográfica en la mía propia. Había vivido y aún pasaba temporadas en los Estados Unidos. Me empezó a hablar de cómo los italianos habían usurpado la presencia española en este país logrando que Colón en inglés se dijera Columbus en base al hipotético origen italiano del almirante, logrando que el día del descubrimiento de América se celebraran desfiles de ítaloamericanos y lo de la hispanidad les sonara casi a chino (aquí todavía se denomina Columbus Day). Este profesor-doctor era, y espero que lo siga siendo ya que tenía una salud delicada, un noble de buena planta y yo creo que con una hidalguía muy española me confesó que odiaba la pasta, cuya popularidad se debía al instinto comercial de los italianos. A mí entonces, ajeno a este tipo de preocupaciones, me chocaron sus comentarios pero sospecho que albergaba algo de razón.

Como dice mi amigo Antonio Núñez en su libro¡Será mejor que lo cuentes!, el mito no es verdad ni mentira, es simplemente ejemplar. Los mitos narran falsedades para revelarnos grandes verdades. Nos guste más o menos, de lo que no cabe duda es de que Italia es un mito en todo el mundo pero en el caso de los americanos si cabe más.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Public diplomacy

Hace algunos meses asistí a la presentación que la responsable del Centro para Estudios en Español, un organismo dependiente de la embajada de España en Estados Unidos, realizó a un grupo de estudiantes universitarios norteamericanos de mi universidad para explicarles las actividades del centro en la promoción del español. Cuando, en un momento determinado de la charla, la presentadora -sin duda una persona eficiente, simpática y preparada- se vió en la tesitura de explicar como era la vida en España con el fin de motivar a los estudiantes para alistarse como profesores de inglés en escuelas españolas, no dudó en recurrir a una retórica que cuando menos resulta discutible en boca de un diplomático. Por ejemplo, para ilustrar la buena calidad de la vida diaria en España se refirió a la todavía extendida costumbre de la siesta a mediodía después del trabajo, a la existencia de múltiples puentes en el calendario o a la costumbre del aperitivo (alcohol incluido) antes de comer. Sin ánimo de sermonear, falta de ética del trabajo e indolencia no parecen necesariamente las mejores cualidades que proyectar para un país que se pretende moderno en un entorno universitario. Esta experiencia me recordó lo mal que los españoles explicamos España a las audiencias extranjeras y que particularmente en Estados Unidos tenemos un problema serio de imagen.

Quizás valga la pena fijarse en lo que están haciendo los propios norteamericanos para mejorar su imagen en el exterior, un asunto particularmente importante en este país particularmente después del 11-S. Por razones obvias, en Estados Unidos no existe la necesidad de campañas para potenciar la imagen de sus empresas en el exterior como si existe en España. Sin embargo, si existe el concepto de public diplomacy en lo que se refiere a la proyección exterior de la imagen de los Estados Unidos. Este se basa en la creencia de que los norteamericanos de cualquier tipo y condición necesitan explicar al resto de los países cual es su visión del mundo y sus valores, acerca de los cuáles existe una clara unanimidad de que son la democracia, el individualismo y la libertad.

Puede discutirse si la diplomacia pública norteamericana, principalmente centrada en la acción del Departamento de Estado, ha fracasado durante los últimos años en explicar la realidad norteamericana al resto del mundo. Existen indicios de que ha sido así. Lo que no todo el mundo sabe es que se llevan años tomando las medidas correctoras para que ello no sea así en un futuro. La idea de que las empresas y los individuos norteamericanos tienen el deber y el privilegio de ser embajadores de su país lleva tiempo cobrando fuerza no sólo en círculos universitarios sino en la sociedad en su conjunto. El hecho de que la percepción que el resto del mundo tiene de Estados Unidos no debe forjarse únicamente desde las altas esferas de la diplomacia sino como un lobby ciudadano en el que todo individuo es un potencial portavoz de los valores que representa su país. A ello se refirió también el presidente Obama en su último viaje a Europa cuando dijo que America estaba cambiando.

Pero, en lo que se refiere a España, ¿tenemos los españoles un mensaje que transmitir? ¿Sabemos cuáles son nuestros valores?