Buena columna de Ignacio Torreblanca comparando la respuesta de las autoridades norteamericanas y europeas al engaño de Volkswagen a todo el mundo.
Volkswagen estará obligado a recomprar sus coches en Estados Unidos si los consumidores lo desean mientras que en Europa ni siquiera será obligatorio que los proprietarios los lleven a reparar.
La verdad es que la superioridad moral que suele exhibir el modelo social europeo, siempre hacienda gala de cuidar el interés público, queda claramente en entredicho.
El sistema norteamericano demuestra una vez más que, pese a sus numerosas miserias, en transparencia y rendición de cuentas a la ciudadanía y los consumidores no le gana nadie.
Europa demuestra también que, con una economía frágil y dominada por Alemania, es difícil esperar que el buque insignia de la industria germana sea tratado como se merece.
http://elpais.com/elpais/2016/04/22/opinion/1461335949_776616.html
¿Cómo son los americanos? ¿Son tan simples como dicen algunos? ¿Les conocemos tan bien como creemos gracias a las noticias y las películas? ¿En qué se diferencian de los españoles? En American Psique, César García responde a éstas y otras preguntas a través de un análisis pormenorizado de los elementos que conforman la psicología de los habitantes de los Estados Unidos en el siglo XXI.
Mostrando entradas con la etiqueta politica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta politica. Mostrar todas las entradas
sábado, 23 de abril de 2016
viernes, 23 de agosto de 2013
Manifestarse
Una de las cosas que más llama la atención de muchos
americanos que he conocido en España es la afición de los españoles por
manifestarse en la plaza pública. En efecto, quizás porque sabemos que no siempre
ha sido posible hacerlo, las manifestaciones forman parte del ethos español como la tortilla de patata
o El Corte Inglés.
En esta época que nos ha tocado vivir, donde las
grandes acumulaciones de gente en el espacio público se producen sobre todo en
países en vías de desarrollo, la ubicuidad de las manifestaciones en España es
una prueba de que no éramos lo modernos que creíamos ser. De que la sociedad
española no había llegado al fin de la historia y los conflictos eran latentes,
de que no nos habíamos descorporeizado como sucede en las sociedades llamadas
avanzadas. Por ejemplo, en Estados Unidos donde la gente dejo de caminar por
las calles cuando se inventó el automóvil, el shopping
tampoco ya es lo que era una vez que las tiendas han pasado a ser meros
escaparates antesala de la compra por Internet tras comparar precios en un smart phone.
Ni siquiera, como plegarias colectivas que lo mismo
sirven para protestar contra la corrupción de la clase política, la
privatización de la sanidad en la Comunidad de Madrid o manifestar dolor frente
a un crimen horrendo, puede considerarse que su papel sustitutivo de los ritos
religiosos sea muy moderno en un contexto mundial de relativismo cultural en el
que la fuerza de las religiones es la norma y no la excepción. Quizás, en estos
tiempos convulsos, recitar un Padre Nuestro en voz alta acaso podría ser
considerado mucho más moderno y multicultural que gritar consignas detrás de
una pancarta.
A veces las manifestaciones en España se asemejan a
sacar a la virgen en procesión para que llueva, a un acto de una fe imposible
por una causa que debería valer la pena, porque al igual que no tenemos
noticias de Dios tampoco las tenemos de aquello que antes se denominaba los
poderes públicos.
No deja de ser curioso que Estados Unidos, el país
de los derechos civiles, el país más religioso del orbe occidental (en realidad
el único) sea el menos aficionado a las manifestaciones. De hecho, las famosas manifestaciones
que hubo en Wall Street palidecen en cantidad y calidad ante cualquier manifestación
española de ciudad de provincias y no digamos ante las de la Puerta del Sol. Y
no, la razón no es que los americanos amen el capitalismo y el statu quo sobre
todas las cosas.
El activismo estadounidense contemporáneo ha quedado
prácticamente reducido a ciberactivismo. Es un activismo en cierto modo desagregado,
de individuos distantes, individualizado si ello no supone un oxímoron. Un
activismo que en la mayoría de los casos consiste en enviar una oleada de correos
electrónicos al legislador de turno argumentando el motivo de la protesta.
Es un activismo de teléfono, tableta u ordenador
portátil, ejecutado desde la soledad de una habitación o un café. No tiene
caras, héroes, intelectuales o “pavos reales” a la cabeza de la manifestación. Cuando
muchos estados recientemente subieron las tasas de las universidades públicas a
consecuencia de los recortes presupuestarios durante la recesión, las
manifestaciones estudiantiles fueron casi testimoniales ya que los estudiantes
americanos universitarios, que por cierto votaron a Obama en su mayoría,
consideran las manifestaciones una antigualla aunque no lo digan.
La practicidad de los americanos tiene en cuenta, y
mucho, que los correos electrónicos son siempre más fáciles de contar que las
caras o los cuerpos y evitan las interminables guerras de cifras que llenan los
periódicos el día después de la manifestación. Además no cortan el tráfico y
evitan los disturbios.
El problema de este ciberactivismo es que exige un
mínimo de confianza en los gobernantes, pensar que no van a silenciar la
existencia de miles de correos electrónicos.
Puede que sí, que una imagen siga valiendo más que
mil palabras.
Etiquetas:
democracia,
manifestaciones,
politica,
protesta
viernes, 15 de febrero de 2013
Makers and takers
(Traducción íntegra de carta publicada en el Daily Record el 14 de febrero de 2013)
Al
editor:
¿Por qué “ha llegado el momento” de dar la
ciudadanía a 11 millones de ilegales? Analicemos la palabra (ilegalmente).
¿Si han llegado ilegalmente no significa acaso que
han violado la ley? En consecuencia, si quieran ser ciudadanos americanos estoy
de acuerdo con los legisladores del senado que establecen los siguientes
requisitos: 1) Registrarse oficialmente. 2) Pasar una comprobación de que no
han cometido delitos contra la seguridad nacional. 3) Pagar las multas
correspondientes así como los impuestos retroactivamente. 4) Hacer un
seguimiento de la gente que tiene visados americanos. Decir que los ilegales se
han ganado el acceso a la ciudadanía es equivocado: Son los americanos los que
han puesto su sangre, sudor y lágrimas en nuestro país mientras que los
ilegales sólo quieren que les den cosas gratis. Consideremos la probabilidad de
que los millones de dólares al año fueran empleados en servicios sociales
pagados por los contribuyentes americanos, eliminación de salarios
americanos causada por los ilegales y
los millones de dólares al año gastados en programas del tipo de cupones de
comida, almuerzos gratuitos en la escuela y sanidad gratuita para inmigrantes
ilegales.
Y no digamos sobre los millones de dólares gastados
en la educación primaria y secundaria de niños que llegaron aquí ilegalmente y
que no saben hablar inglés.
¿Se dan cuenta? ¿Por qué deberían nuestros niños ser
forzados a aprender español en la escuela? Los inmigrantes ilegales deberían ser
forzados a aprender inglés.
Solo porque un niño nace en los Estados Unidos de
padres inmigrantes ilegales no significa que merezca una educación y
privilegios especiales.
Acabo de descubrir que tres presidentes de los
Estados Unidos hicieron algo que deberíamos estar haciendo hoy en día, ¿adivinan
de quienes se trata?
Los presidentes Hoover, Truman y Eisenhower tienen
algo en común.
Durante la Gran Depresión el Presidente Herbert
Hoover ordeno la deportación de todos los inmigrantes ilegales con el fin de
lograr que hubiera más empleos disponibles para los ciudadanos americanos que
necesitaban trabajar. El Presidente Truman deporto más de dos millones de
inmigrantes ilegales después de la Segunda Guerra Mundial para que los
veteranos de guerra encontraran trabajo. En 1954 el Presidente Dwight
Eisenhower deporto a 13 millones de mexicanos; el programa fue llamado “Operación
Espaldas Mojadas”. Les llevo dos años realizarla.
Si pudieron deportar ilegales entonces, no veo
porque no podría realizarse ahora.
¿No debería un gobierno que se supone es de la
gente, por la gente y para la gente estar más preocupado por sus propios
ciudadanos que por todos los inmigrantes ilegales que nada contribuyen?
Violet Ferguson
Cle Elum
Nota
final: Desde sus comienzos los americanos han tendido a ver el mundo dividido
entre makers y takers. Fue esta idea la que llevo a los americanos que pagaban
impuestos (makers) a rebelarse contra
los ingleses (takers). A los
abolicionistas como Lincoln a rebelarse contra los esclavistas, vampiros
chupadores de sangre. Pero al igual que la naturaleza humana, las ideologías son
ambivalentes, y pueden generar tanto idealismo como degenerar en cotas de una
miseria infinita (véase la citada carta). El excepcionalismo americano a veces no
es después de todo tan excepcional.
Etiquetas:
ideologia,
inmigración,
politica,
xenofobia
sábado, 17 de noviembre de 2012
Pobres
¿Qué es ser pobre en América? Estadísticamente ser pobre es ganar menos de la mitad del salario medio, que para un hogar de cuatro personas se estima que ronda los 50.000 dólares anuales (unos 38.000 euros). Según los últimos datos arrojados por el censo norteamericano, que por primera vez tienen en cuenta los costes médicos y los gastos del trabajo, estaríamos hablando de unos 50 millones de personas consideradas oficialmente como pobres, un dato que en Europa siempre apetece escuchar.
Sin embargo, esta es una explicación que no debería dejarnos satisfechos ya que numerosas familias griegas, portuguesas e incluso españolas se consideraban de clase media (incluso en términos estadísticos) antes de la crisis con ingresos considerablemente más bajos. Aquí, no resulta en absoluto raro que personas que uno sabe reciben cupones del estado para comprar leche, latas de sopa Campbell y mantequilla de cacahuete viven en casas de 200 metros cuadrados, bien acondicionadas, con excelente calefacción y dos coches a la puerta que suelen ser un monovolumen y un 4 por 4. Justo como las familias pudientes de Las Rozas.
Digamos que para los americanos pobres, y para los que no lo son, ser pobre no es carecer de los bienes de consumo de nuestra época sino más bien, en el país de las oportunidades, carecer de la esperanza de poder progresar. Es tener un trabajo mal remunerado, generalmente en el sector servicios, y saber que no podrás jubilarte a los 65; es estar enfermo y saber que no vas a dejar patrimonio a tus hijos y dependerás de la beneficencia o del estado el resto de lo que te queda de vida; es crecer en una familia en un entorno rural con malas escuelas públicas; es haber cometido un delito grave y saber que no vas a tener una segunda oportunidad; es ser feo o gordo o tener los dientes mal y no tener recursos ni educación.
Ser feo o gordo es mucho peor que ser pobre, algo de lo que no se habla pero se percibe.
En Estados Unidos no hay realmente pobres, pero si perdedores. Esos son los pobres de verdad.
Y a pesar de todo, la mano del estado se nota. Un par de datos para los escépticos.
- Gracias a los pagos de la Seguridad Social, la tasa de pobreza es un 54,1 por ciento más baja entre la gente de 65 años o más mayor y un 24,4 por ciento entre el resto de los grupos.
- Sin el efecto redistributivo del impuesto sobre la renta, el promedio de pobreza infantil subiría del 18,1 por ciento al 24,4 por ciento.
Curiosamente, los cupones de comida apenas reducen la pobreza de un 17,6 a un 16 por ciento ya que en América lo que se dice pobres, pobres de solemnidad, hay muy pocos.
Sin embargo, esta es una explicación que no debería dejarnos satisfechos ya que numerosas familias griegas, portuguesas e incluso españolas se consideraban de clase media (incluso en términos estadísticos) antes de la crisis con ingresos considerablemente más bajos. Aquí, no resulta en absoluto raro que personas que uno sabe reciben cupones del estado para comprar leche, latas de sopa Campbell y mantequilla de cacahuete viven en casas de 200 metros cuadrados, bien acondicionadas, con excelente calefacción y dos coches a la puerta que suelen ser un monovolumen y un 4 por 4. Justo como las familias pudientes de Las Rozas.
Digamos que para los americanos pobres, y para los que no lo son, ser pobre no es carecer de los bienes de consumo de nuestra época sino más bien, en el país de las oportunidades, carecer de la esperanza de poder progresar. Es tener un trabajo mal remunerado, generalmente en el sector servicios, y saber que no podrás jubilarte a los 65; es estar enfermo y saber que no vas a dejar patrimonio a tus hijos y dependerás de la beneficencia o del estado el resto de lo que te queda de vida; es crecer en una familia en un entorno rural con malas escuelas públicas; es haber cometido un delito grave y saber que no vas a tener una segunda oportunidad; es ser feo o gordo o tener los dientes mal y no tener recursos ni educación.
Ser feo o gordo es mucho peor que ser pobre, algo de lo que no se habla pero se percibe.
En Estados Unidos no hay realmente pobres, pero si perdedores. Esos son los pobres de verdad.
Y a pesar de todo, la mano del estado se nota. Un par de datos para los escépticos.
- Gracias a los pagos de la Seguridad Social, la tasa de pobreza es un 54,1 por ciento más baja entre la gente de 65 años o más mayor y un 24,4 por ciento entre el resto de los grupos.
- Sin el efecto redistributivo del impuesto sobre la renta, el promedio de pobreza infantil subiría del 18,1 por ciento al 24,4 por ciento.
Curiosamente, los cupones de comida apenas reducen la pobreza de un 17,6 a un 16 por ciento ya que en América lo que se dice pobres, pobres de solemnidad, hay muy pocos.
lunes, 8 de octubre de 2012
Pensar mal
Todos los pueblos manipulan la interpretación de los hechos a su antojo. Sin embargo, resulta especialmente intrigante la capacidad de los americanos para alterar el marco interpretativo que da sentido a su realidad. Un caso palmario lo constituyen los incendios forestales que durante todo el verano y hasta la fecha vienen asolando el noroeste de los Estados Unidos. Solo en este mes de septiembre han calcinado alrededor de 100 kilómetros cuadrados en el centro del estado de Washington y se anticipa que no serán completamente extinguidos hasta que lleguen las primeras nieves.
La prensa local informa diariamente del estado de forma del fuego: el número de efectivos del cuerpo de bomberos, las condiciones climatológicas que afectan la expansión de las llamas, el número de viviendas que han sido evacuadas o que podrían serlo en el futuro o la calidad del estado del aire en las distintas poblaciones. No se dice ni una palabra de más acerca de las causa del incendio, que sin atisbo de duda se atribuye a una serie de tormentas eléctricas que tuvieron lugar a inicios de septiembre. Ni remotamente se menciona, por acción u omisión, el factor humano, la existencia de pirómanos, de intereses ocultos a los que podría beneficiar que la tierra se calcine para recalificar terrenos, no se pone en duda la acción de los bomberos, la ausencia de suficientes medidas preventivas, la ineficaz acción de los políticos, la insuficiencia de medios humanos y materiales. En una cultura que sobre todo valora hacer cosas y tener iniciativas del tipo que sea (aunque muchas de ellas a los europeos nos resulten estúpidas, fútiles o incluso carentes de gracia), en el caso de las catástrofes naturales los americanos se muestran estoicos (que no fatalistas). Ateos y creyentes aceptan pasivamente los designios de un Dios de naturaleza panteísta que en el fondo decide ocultamente el destino de las personas. Pensar mal (second guessing) no solo es visto negativamente sino que se considera estúpido, fuera de lugar, inapropiado. Las comparaciones entre lo que sucedió el 11-S y el 11-M son odiosas pero también las que acontecen cada verano con respecto a los incendios forestales.
Desde una perspectiva española, latina, mediterránea, en este tipo de situaciones el americano muestra su cara más ingenua, dócil, acomodaticia, se deja llevar, manipular. Se conforma con acercarse al puesto de acampada de los bomberos y llevarles pies, una sopa de chile o una lasaña. ¿Para que pensar en lo que pudo haber sido y nunca fue? ¿Que estaríamos haciendo nosotros? ¿Manifestándonos? Seguro.
Desde una perspectiva española, latina, mediterránea, en este tipo de situaciones el americano muestra su cara más ingenua, dócil, acomodaticia, se deja llevar, manipular. Se conforma con acercarse al puesto de acampada de los bomberos y llevarles pies, una sopa de chile o una lasaña. ¿Para que pensar en lo que pudo haber sido y nunca fue? ¿Que estaríamos haciendo nosotros? ¿Manifestándonos? Seguro.
Etiquetas:
american psique,
catastrofes,
cultura,
mentalidad,
politica,
psique americana,
realidad
domingo, 19 de agosto de 2012
El tupper y la libertad
Con el argumento de que las familias puedan disponer de más opciones de ahorro en tiempos de crisis severa, varias comunidades autónomas españolas permiten, o están estudiando de hacerlo, a los estudiantes de la enseñanza pública la posibilidad de llevarse su propia comida a la escuela en lugar de pagar por la comida del comedor como hasta ahora. Para algunos españoles, como el Secretario General de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, una medida semejante supone una regresión a tiempos predemocráticos.
Lo cierto es que esta es una práctica habitual en las escuelas norteamericanas. En la inmensa mayoría de ellas, los centros educativos no disponen de cocina propia y la comida es suministrada por empresas de catering. Suele ser una comida de ínfima calidad por distintas razones. En primer lugar por su bajo coste, suele oscilar entre los 3 y los 3,5 dólares por menú, que es en muchos casos inferior al de los reclusos. En segundo lugar, porque al ser preparada por empresas que se encuentran a bastantes kilómetros, la comida llega en malas condiciones de frescura y los menús son muy limitados. Por último, la cultura culinaria imperante, basada en una elevada ingestión de grasas y carbohidratos y cuya pretensión principal es únicamente que los chicos coman y se diviertan, suele priorizar las preparaciones que se comen con las manos, como la pizza, los nuggets de pollo, hamburguesas y otras lindezas por el estilo. Se da, por tanto, la circunstancia de que el menú diario servido en las escuelas públicas norteamericanas es como el de las líneas aéreas pero mucho peor, si cabe.
En este sistema, optar a becas de comedor se antoja difícil a no ser que la familia pueda justificar una situación de pobreza bastante severa, por lo que se da la curiosa circunstancia de que los que comen en el comedor todos los días suelen ser los más pobres, los más necesitados y arrastran una cierto estigma social. El resto de los chicos, amparados en la extrema flexibilidad que ofrecen las escuelas de elegir que días quiere uno comer en función del menú que ha sido anunciado a principios de mes, eligen comer de menú en días aislados y prefieren, en muchos casos, un sandwich traído de casa o comidas frías ya que las escuelas no disponen de microondas para utilización del alumnado. La razón principal es la baja calidad de la comida ofrecida por las escuelas y también el derecho a que cada uno haga con su dinero lo que le da la gana.
En un país de la tradición democrática de los Estados Unidos, eso es la democracia y, por tanto, la libertad de la que Gómez parece saber tan poco. El derecho a comer mal, a comer frío, a ahorrarse unos dólares al mes, a equivocarse.
domingo, 22 de abril de 2012
El resto del mundo
La palabra overseas suele aparecer mucho en las conversaciones cuando los americanos se refieren a experiencias o viajes que han realizado por otras partes del mundo. Literalmente, viene a significar ultramar, al otro lado de los mares. Sin embargo, yo he escuchado a gente utilizar este palabra incluso para aludir a países vecinos como México o Canadá. De alguna manera, emplear la palabra overseas pone al mismo nivel al resto del mundo. Da igual que se esté hablando de España, Irlanda, Indonesia o Mozambique, overseas es lo que no es Estados Unidos. Un mundo, en el imaginario norteamericano, menos desarrollado, más colectivista, en el que el individuo suele disponer de menores oportunidades y cualquier problema es más complicado de resolver.
Y es que, aunque han cambiado bastante las cosas en estos últimos años debido al 11-S y a la globalización, la relación mental que el estadounidense tiene con el resto del mundo no ha cambiado tanto y es, quizás, uno de los aspectos menos admirables de la psique americana. A pesar de que la actual crisis económica ha puesto de manifiesto la interdependencia inevitable entre las economías de todos los países, el norteamericano actual sigue habitando en un universo autorreferencial, los Estados Unidos de América, que a lo sumo puede constituir un vago sumario o síntesis de las gentes y las costumbres del resto del mundo. Esta percepción, no sin razón, irrita a muchos extranjeros dentro y fuera del país que perciben que el flujo de ideas y discusiones es siempre unidireccional. Mientras que a la gente que procede de overseas nos debe llamar la atención, por nuestro propio interés, la política o la cultura popular de los norteamericanos, éstos tienden a soslayar sin ambages todo lo que acontece en el resto del mundo que, desde aquí, siempre tiene un aura algo folklórico, de referencia breve, de curiosidad para dar en a la conversación una impresión de universalidad.
Y es que, aunque han cambiado bastante las cosas en estos últimos años debido al 11-S y a la globalización, la relación mental que el estadounidense tiene con el resto del mundo no ha cambiado tanto y es, quizás, uno de los aspectos menos admirables de la psique americana. A pesar de que la actual crisis económica ha puesto de manifiesto la interdependencia inevitable entre las economías de todos los países, el norteamericano actual sigue habitando en un universo autorreferencial, los Estados Unidos de América, que a lo sumo puede constituir un vago sumario o síntesis de las gentes y las costumbres del resto del mundo. Esta percepción, no sin razón, irrita a muchos extranjeros dentro y fuera del país que perciben que el flujo de ideas y discusiones es siempre unidireccional. Mientras que a la gente que procede de overseas nos debe llamar la atención, por nuestro propio interés, la política o la cultura popular de los norteamericanos, éstos tienden a soslayar sin ambages todo lo que acontece en el resto del mundo que, desde aquí, siempre tiene un aura algo folklórico, de referencia breve, de curiosidad para dar en a la conversación una impresión de universalidad.

El otro cambio que tendría que suceder, y no bromeo en absoluto, seria que el soccer (futbol) triunfara algún día en los Estados Unidos como espectáculo de masas. El día que los principales deportes americanos, el béisbol y el futbol americano, dejen de ser autóctonos habrán cambiado muchas cosas. He observado en numerosos ocasiones como los estudiantes extranjeros, da lo mismo si son japoneses o de Arabia Saudí, construyen buena parte de su identidad en los campus americanos alrededor del fútbol. El futbol es, para ellos, lo que no es América y tienen en común sus países. En un ámbito europeo, es innegable que en muchos sentidos el fútbol ha reforzado más la identidad del viejo continente que las instituciones de Bruselas. Hablar con un británico, por muy antieuropeo que sea, de fútbol es sentir cercanía y familiaridad. Por eso, todos aquellos que deseamos que los americanos cambien uno de los aspectos de su psique menos atractivos, queremos que su selección de soccer haga algo importante en la próxima copa del mundo.
Etiquetas:
american psique,
mentalidad,
percepciones,
politica,
psique americana
lunes, 5 de diciembre de 2011
El valor de una cara
Estados Unidos es un país de caras. No, no en el sentido español que nos es tan familiar. Sea por los motivos que sea, la gente está obligada a revelar su aspecto para lograr sus metas personales o profesionales. Me explico, en una sociedad en la que la confianza y la transparencia son valores tan preciados, las personas no suelen ocultar su rostro tras una página web o un reclamo publicitario. Siempre me ha llamado la atención esta actitud de desparpajo frente al hermetismo habitual que se da en la sociedad española con respecto a mostrar el rostro. De hecho, no existe una expresión equivalente a “dar la cara” en la jerga norteamericana, supongo que porque no se intuye que haya gente que pueda permitirse no darla. Bueno, hay una excepción, la de los anuncios de ofertas de trabajo. Hace mucho que no hojeo estas depauperadas secciones en los periódicos o webs españolas, pero supongo que seguirá siendo habitual que muchas personas soliciten una fotografía del candidato, algo terminantemente prohibido por la legislación norteamericana y de la mayoría de países civilizados. No me imagino que en este país hubiera podido darse un caso como el de Amancio Ortega, del cual únicamente supimos, por imperativo legal de la CNMV, que aspecto tenía cuando decidió que Inditex empezase a cotizar en bolsa hace unos años.
Para la psique americana es importante acostumbrarse a “dar la cara” desde temprana edad. En las clases de las escuelas infantiles es habitual que aparezcan los nombres de los chicos junto a su retrato a la entrada de las clases, en los supermercados siempre figuran las fotos de quienes trabajan en las diferentes secciones, no hay un sólo anuncio de una agencia inmobiliaria en el que no aparezca la imagen del agente inmobiliario en cuestión con su nombre y apellidos, los chicos que van a hacer la primera comunión aparecen retratados en los tablones de las parroquias, los dentistas y los doctores se anuncian en la prensa con su familia, los estudiantes que optan a liderar las diversas asociaciones universitarias ponen fotos suyas en los tablones, y, como no, los profesores de universidad suelen incluir retratos en las webs de los departamentos (algo que, dicho sea de paso, yo no hago) e incluso en la puerta de su despacho en situaciones informales.
Una de las ventajas de no vivir en España es que uno no tiene que tragarse las aburridísimas campañas electorales. Perdonadme si, ahora que ya se les estará pasando a muchos la resaca electoral, me refiero brevemente al valor indispensable que tiene “dar la cara” en la política norteamericana. Todos las semanas en el farmer’s market, un mercadillo que frutas y verduras que se pone los sábados en el centro del pueblo, soy asaltado varias veces por los diferentes candidatos locales que quieren darse a conocer y discutir personalmente con la gente sus ideas para el pueblo o el condado. En otras ocasiones, estos candidatos a alcalde o como representantes del condado en la capital del estado, Olympia, han tocado el timbre de mi casa. Las discusiones, por una mera economía del tiempo, suelen ser relativamente superficiales pero sirven para transmitir una impresión general del candidato y “quedarnos con sus caras”. Para la psique americana resulta inconcebible incluir una papeleta con nombres en una urna si se trata de alguien a quien no se le ha visto la cara, por eso, entre otras cosas, existe un sistema de listas abiertas. Me pregunto cuantas caras reconoceríais de los candidatos que figuraban en vuestra papeleta de voto.
Para la psique americana es importante acostumbrarse a “dar la cara” desde temprana edad. En las clases de las escuelas infantiles es habitual que aparezcan los nombres de los chicos junto a su retrato a la entrada de las clases, en los supermercados siempre figuran las fotos de quienes trabajan en las diferentes secciones, no hay un sólo anuncio de una agencia inmobiliaria en el que no aparezca la imagen del agente inmobiliario en cuestión con su nombre y apellidos, los chicos que van a hacer la primera comunión aparecen retratados en los tablones de las parroquias, los dentistas y los doctores se anuncian en la prensa con su familia, los estudiantes que optan a liderar las diversas asociaciones universitarias ponen fotos suyas en los tablones, y, como no, los profesores de universidad suelen incluir retratos en las webs de los departamentos (algo que, dicho sea de paso, yo no hago) e incluso en la puerta de su despacho en situaciones informales.
Una de las ventajas de no vivir en España es que uno no tiene que tragarse las aburridísimas campañas electorales. Perdonadme si, ahora que ya se les estará pasando a muchos la resaca electoral, me refiero brevemente al valor indispensable que tiene “dar la cara” en la política norteamericana. Todos las semanas en el farmer’s market, un mercadillo que frutas y verduras que se pone los sábados en el centro del pueblo, soy asaltado varias veces por los diferentes candidatos locales que quieren darse a conocer y discutir personalmente con la gente sus ideas para el pueblo o el condado. En otras ocasiones, estos candidatos a alcalde o como representantes del condado en la capital del estado, Olympia, han tocado el timbre de mi casa. Las discusiones, por una mera economía del tiempo, suelen ser relativamente superficiales pero sirven para transmitir una impresión general del candidato y “quedarnos con sus caras”. Para la psique americana resulta inconcebible incluir una papeleta con nombres en una urna si se trata de alguien a quien no se le ha visto la cara, por eso, entre otras cosas, existe un sistema de listas abiertas. Me pregunto cuantas caras reconoceríais de los candidatos que figuraban en vuestra papeleta de voto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



