Consejos American Psique: negocios
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sábado, 23 de abril de 2016

Las autoridades norteamericanas ponen firme a Volkswagen

Buena columna de Ignacio Torreblanca comparando la respuesta de las autoridades norteamericanas y europeas al engaño de Volkswagen a todo el mundo.

Volkswagen estará obligado a recomprar sus coches en Estados Unidos si los consumidores lo desean mientras que en Europa ni siquiera será obligatorio que los proprietarios los lleven a reparar.

La verdad es que la superioridad moral que suele exhibir el modelo social europeo, siempre hacienda gala de cuidar el interés público, queda claramente en entredicho.

El sistema norteamericano demuestra una vez más que, pese a sus numerosas miserias, en transparencia y rendición de  cuentas a la ciudadanía y los consumidores no le gana nadie.

Europa demuestra también que, con una economía frágil y dominada por Alemania, es difícil esperar que el buque insignia de la industria germana sea tratado como se merece.

http://elpais.com/elpais/2016/04/22/opinion/1461335949_776616.html


viernes, 11 de abril de 2014

Morir antes que vender


Los españoles preferimos que nos muelan a palos, limpiar las zurraspas, antes que ponernos a vender.

Preferimos quejarnos de que no nos compran nuestros productos, de que siempre los otros no entienden de lo que hablan, de que los empresarios son unos explotadores insaciables, el fijo del salario es siempre muy bajo y las comisiones demasiado altas.

Nos trae a cuenta estar en el paro antes que marcar el teléfono o conducir unos cuantos kilómetros a realizar una venta. Nos gusta el concepto de trabajar bajo pedido, que sea alguien quien se ponga previamente en contacto con nosotros. Como si eso siguiera pasando.

No sabemos vender nuestros productos, decimos, cuando vamos a cualquier supermercado en el extranjero y encontramos en las secciones de vinos treinta o cuarenta veces más referencias francesas o chilenas que españolas, en las secciones de quesos el triple o cuadruple de quesos italianos o franceses que españoles, el aceite de olive embotellado con nombre italiano aunque luego dice que las cosechas proceden de España, Tunez y Grecia, ni rastro de jamón ibérico…

Nos enerva, nos hiere el orgullo patrio, pero eso sí, que no nos digan a título personal que tenemos que ponernos a vender que eso tiene muy poca clase. Un español buen conocedor del mundo de las empresas españolas en la capital del imperio, me comentaba hace poco que con frecuencia, aquel al que envían las empresas españolas a vender es el inexperto, el tonto, el malo, aquel a quien se quiere dar un escarmiento. Así nos va.

A la gente que sabe vender, y que no vive del Boletín Oficial del Estado, particularmente los nacidos en la piel de toro, los vilipendiamos. Y eso que la lista de emprendedores de éxito no es tan larga: Amancio Ortega, Adolfo Domínguez, Juan Roig, Emilio Botín, Juan José Hidalgo.., y pocos más.

A un buen vendedor no le falta trabajo, siempre se ha dicho, pero sin embargo hay multitud de empresas que no los encuentran incluso en circunstancias difíciles.

Saber vender suena a demasiado norteamericano, fenicio, superficial, inauténtico o arriesgado. En España el vendedor tiene algo de cainita, de caradura. No vender transmite abolengo e hidalgía.

He conocido unos cuantos que han acabado reciclándose en las administraciones locales cobrando casi la mitad que en su anterior trabajo pero que “al menos no tenían que vender”.

Es curioso ese empecinamiento de los españoles por no vender, por no educarse en disciplinas empíricas o técnicas como las matemáticas o las ingenierías. El sistema educativo, desde la más tierna infancia, soporta esa mentalidad de que a la escuela no se va para eso, de que no somos mercaderes.  En muchas escuelas norteamericanas, los chicos desarrollan incipientes planes de marketing con 8 años y eso no les hace necesariamente más estúpidos.

En muchas universidades de Estados Unidos los profesores acuden a ferias de estudiantes a vender sus programas. No pocos de ellos han obtenido doctorados en universidades de prestigio, son respetadísimos en sus campos, han recibido premios, tienen numerosas publicaciones científicas y han escrito unos cuantos libros. Se sientan en un expositor, con folletos y explican a los visitantes el contenido de sus carreras que ellos enseñan. Lo hacen con orgullo gracias al entusiasmo que sienten por sus disciplinas pero también sabedores de que los estudiantes no son un maná caído del cielo por obra y gracia de la mano del estado.

Vender es parte de la vida como amar, comer, crear arte. Sin malditismos. Sin complejos.


sábado, 27 de abril de 2013

Pensar grande


La obsesión por el tamaño de los americanos es archisabida. Incluso el más acérrimo defensor del carácter norteamericano, entre los que me incluyo, tiene que reconocer que hay algo vulgar, inmaduro, infantil y a contracorriente del progreso de la humanidad en la búsqueda de lo grande porque sí. El tamaño de los vasos de los refrescos (siempre con una pajita y hasta los topes de hielo), las raciones de comida (siempre el doble de lo que uno realmente necesita), los coches concebidos como casas rodantes, incluso la ropa que con frecuencia le resulta a uno excesivamente holgada haciéndole parecer a uno que ha ganado unos kilos de más. Es cierto, no tiene demasiada defensa el gusto por lo grande porque sí.

Hay, sin embargo, una excepción. La afición de pensar a lo grande, thinking big. Incluso el americano menos cultivado, con una experiencia vital menos rica, es consciente de la importancia de tener sueños, de no conformarse con cualquier cosa. Un afán que de alguna forma contribuye al auge de la religión en este país donde pocos se conforman, como en Europa, con ver la vida como un conjunto de reacciones químicas y azarosas, adecuadamente gestionadas por un estado antaño protector, que se extingue en un tiempo relativamente corto de tiempo. Soñar es, por tanto, parte del ethos americano tanto como el apple pie.

Es cierto que hay ejemplos de empresas exitosas e innovadoras en unos cuantos países, pero pocas de ellas se basan en la idea de pensar a lo grande, de soñar. No son solo las economías de escala lo que explica que haya una empresa llamada Netflix que ofrece prácticamente disponer de toda la historia del cine (35.000 peliculas) a sus abonador por 15 euros al mes; u otra, más conocida fuera de los Estados Unidos, llamada Apple que desarrollo un dispositivo de tamaño inferior a la palma de una mano que fue el primero que permitía hablar por teléfono, comunicarse a través de Internet, tomar fotos, ver películas, escuchar cualquier emisora de radio del mundo y realizar cualquier transacción comercial; u otra  como Amazon.com que prácticamente permite adquirir cualquier mercancía existente en el mundo desde la casa de uno y a precios competitivos.

Yo a eso lo llamo pensar grande. Zara, el Banco de Santander, Volkswagen y Louis Vuitton son empresas eficientes pero no son el producto de sonadores. Apple o Amazon.com sí.

A un nivel micro, existen millones de americanos que suenan y que innovan con pequeños o grandes negocios. Lo de menos es que estén mejor o peor educados, una cualidad que para soñar a veces está hasta de sobra.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Gracias

Después de quince años de conocimiento, una de las cosas que más sigue llamando la atención de mis padres acerca de Jennifer, mi mujer, es la cantidad de veces que dice la palabra gracias en la mesa. Por rellenarle la copa de vino, por echarle mas verdura en el plato, por cocinar tal o cual cosa. Aunque desde el principio mis padres se lo tomaron con cierta retranca, lo cierto es que ella no ha variado ni un ápice su costumbre de dar las gracias por cosas que aquí consideramos nimias.

Y es que tantas gracias o “excuse me” a los españoles nos resulta, por regla general, cuando menos cursi, empalagoso o innecesario. Sin embargo, la idea de crear un sentimiento de buena voluntad en nuestro acompañante o interlocutor está permanentemente presente en la vida americana. Resulta, por ejemplo, muy frecuente que la gente te desee que tengas un buen día cuando se despide de ti o que te manden un e-mail simplemente para darte las gracias por enviar un documento u ofrecer una información, algo que raramente me sucede cuando mi destinatario es español. No es ciertamente casualidad que el unico sitio en España donde escucho el “que tengas un buen dia”, que después de todo suena tan poco natural en nuestro idioma, sea cuando voy a Starbucks fruto con toda seguridad de una imposición de las politicas de servicio al cliente tan estandarizadas en Norteamérica.

Los españoles estamos ciertamente habituados a cierta rudeza en las relaciones personales, no en vano es una de las pocas lenguas donde al ser amado no se le dice te amo, sino un te quiero que en cierto modo evoca una relación de pertenencia. Sigo, no obstante, pensando que no dar tanto las gracias o pedir perdón tiene sus ventajas ya que el uso abundante de determinadas palabras acaba inevitablemente por borrar o erosionar su significado. Algo con lo que por supuesto no estaría demasiado de acuerdo Gary Vaynerchuk, fundador de winelibrary.com, que es el site de venta de vinos en internet más importante de Estados Unidos. En su libro The thank you economy, Vaynerchuk expone como uno de los secretos para tener éxito personal o profesional hoy día es la energía y el tiempo que invirtamos en dar las gracias a nuestros clientes, proveedores, empleados o amigos. Segun él, las compañías de éxito en el futuro serán aquellas percibidas por sus públicos como aquellas que más se hayan esforzado en hacer favores a sus clientes y en agradecerles su confianza. Para Vaynerchuk, el uso de internet y sobre todo de las redes sociales se antoja decisivo por su capacidad para desarrollar relaciones personales que en cierto modo retrotraen a como eran las relaciones que tenían las pequeñas tiendas de ciudad pequeña o barrio con sus clientes hasta más o menos los años 40. Otra forma de ver lo que dice Vaynerchuk, mas crítica, es que todos deberemos transformarnos en unos pelotas interesados para tener éxito, lo cual después de todo lleva siendo cierto en alguna medida desde que el mundo es mundo. Pero los americanos no lo ven así, ellos de verdad si que creen que good things happen to good people.