Consejos American Psique: pensamiento positivo
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domingo, 18 de octubre de 2015

¿Qué es lo que más envidian los europeos de los americanos?

Hace poco charlaba con un conocido músico español después de un concierto. Tomando una copa de vino, me preguntaba con inters (aunque el es un communicator excelente) por qué los americanos eran tan buenos hablando y presentándose en público. Por supuesto, les dije que era porque la educación les prepara para ello desde la más tierna infancia, exponiéndoles a performances de diverso tipo en clase y fuera de la clase.

Imitaciones, actuaciones, obras de teatro, conciertos de navidad y un sinfín de momentos en que hay que dar la cara. En la universidad los cursos de public speaking son obligatorios en muchos grados. Pero, sobre todo, si uno no quiere verse condenado al ostracismo, a un cierto nivel de marginalidad, tiene que saber hacerlo o al menos intentarlo. Resultado: que un elevado número de norteamericanos son buenos story-tellers, saben contarte una historia independientemente de su nivel de conocimiento y preparación. Por supuesto, ayudan muchas otras cosas como que el optimismo es la norma y que el sistema educativo está concebido no tanto para adquirir conocimientos como confianza.




Por ejemplo, a uno siempre le sorprenden lo indulgentes que los americanos son con el conocimiento de lenguas extranjeras. Aunque apenas conozcan los rudimentos de un idioma, muchos creen que eso equivale a hablarlo un poquito. Si son capaces de entender unas cuantas frases e hilar mínimamente una conversación, hay bastantes que dicen que hablan ese idioma de forma fluida.
Exceso de confianza o quizás que un país en el que el unilinguismo es la norma incluso entre las élites intelectuales y hasta cierto punto se sigue considerando un rasgo positivo, un conocimiento rudimentario de otra lengua se considera una conquista.

Pero a lo que iba, los norteamericanos no se avergüenzan de que la forma sea la sustancia. Algo que tienen muy claro en los procesos de selección, a la hora de determinar quien deber ser el líder de lo que sea. En cierto sentido, aunque es cierto que es una sociedad mucho más intransigente con la mentira y menos cínica que las europeas (sirva como botón de muestra el caso Volkswagen) lo que se dice o como se dicen las cosas tiene igual o más importancia que la realidad objetiva. Crear un paquete y colocarle un lacito a una minucia o poner en un papel cosas que a los europeos les resultarían obvias forman parte del ethos norteamericano.

Los europeos se ríen de ello, lo consideran un rasgo de superficialidad, de inautenticidad e incluso de falta de inteligencia.

Sin embargo, secretamente les envidian y matarían por saber presentarse como lo hacen ellos.



domingo, 20 de septiembre de 2015

El dislike de Facebook como síntoma

En su excelente y ya algo olvidado libro a pesar de ser relativamente reciente, Sonríe o muere. La trampa delpensamiento positivo (2009), la autora norteamericana Barbara Ehrenreich ajustaba cuentas con su propia cultura.

No era un empeño fácil, ya que el libro cuestionaba la que quizás sea la señal de identidad más fuerte de la cultura americana contemporánea y que, gracias a los libros de autoayuda, se ha convertido en tendencia planetaria: la necesidad de ser positivos siempre como forma de hacer sentir al individuo que está en control de su destino por adverso que sea.

No en vano, se habla poco de la carga eufemística del idioma inglés actual en el que casi siempre las dificultades insalvables se denominan retos (challenges), la muerte de un familiar o sufrir una enfermedad incurable equivale a tener algunos problemas personales (personal problems), un trabajo catastrófico puede mejorarse (needs improvement) y un plato de sabor espantoso, sobre todo si es de una cultura culinaria desconocida, es simplemente diferente (different).

Ehrenreich viene a decir que esta idea es peligrosa y crea el efecto contrario que pretende producir en la gente, es decir, mayor dosis de infelicidad. Que la vida también tiene un componente de azar y parcelas en las que controlarlo todo no es posible. Que si uno no es rico o no encuentra trabajo no es porque no se haya esforzado lo suficiente o no tenga la personalidad adecuada; que uno puede tener cáncer aun teniendo una dieta rica en verdura, frutas, fibra y andando 10 kilómetros todos los días o que un padre puede tener un hijo drogadicto habiendo hecho sus deberes.

Según la autora, la optimista idea de que somos los capitanes de nuestro barco en todo momento estaría causando más daño que beneficio poniendo en muchos individuos una carga mental innecesaria causa de un estado de ansiedad permanente.

Por eso sabía que cuando se anunció la noticia de que Facebook tienepensado implantar un botón para expresar desagrado por algo (dislike que es una palabra que se usa bastante poco ya que cuando algo no gusta simplemente se silencia sin más), la sangre no iba a llegar al río. Básicamente, lo que Facebook está estudiando es la posibilidad de que los usuarios puedan expresar su desagrado ante una mala noticia o una situación injusta, pongamos la noticia de una hambruna o un asesinato en masa en una escuela. Hasta ahora las únicas opciones para los usuarios de Facebook más participativos era pulsar el botón de like lo cual era ciertamente equívoco. Facebook no pretende alterar ni un ápice aquello que ha sido el secreto de su éxito, o sea, el buen rollo y la capacidad de la gente de contagiar energía positiva y metamorfosearse para mejor.

Y, sin embargo, no se hasta que punto Facebook llega tarde en lo del dislike. Los millenial ven ya Facebook como una anticualla, un reducto de viejos pedos (sus padres) y se están pasando masivamente a Twitter  donde los trending topic son muchas veces polémicas, discusiones cuerpo a cuerpo, una declaración altisonante.


Acaso tanto optimismo y energía positiva esté acabando por aburrir al personal.