El 7 de Julio está a la vuelta de esquina. Invariablemente son los Sanfermines, junto a la tomatina de Buñol probablemente, los escasos momentos en que España tiene algún tipo de protagonismo en los periódicos e informativos televisivos norteamericanos. Es casi un ritual. Si ambos eventos hubieran sido concebidos por una oficina de relaciones públicas no habrían salido mejor. De hecho su notoriedad fue obra de Hemingway, que en muchos aspectos pudo considerarse un publicista. Tienen todo aquello que concita la atención de los norteamericanos: derroche físico, apariencia de autenticidad, el favor cuantitativo de las masas y plasticidad en las imágenes. Lo de menos es que sean tradiciones de relativo cuño realzadas por la pluma de un escritor. Santa Claus no sería lo mismo sin el impulso de Coca-Cola del mismo modo que el bacon en el desayuno no sería considerado clásico sin la perspicacia del mejor publicista de todos los tiempos, Edward Bernays.
Mientras tanto, los españoles, conscientes de que en la era de la economía de la atención estas imágenes y titulares tienen un valor incalculable, cultivamos de forma entusiasta la imagen que los productores y editores norteamericanos nos han asignado. Nos convertimos en el espejo de su deseo aunque sólo sea por un par de días al año.
¿Cómo son los americanos? ¿Son tan simples como dicen algunos? ¿Les conocemos tan bien como creemos gracias a las noticias y las películas? ¿En qué se diferencian de los españoles? En American Psique, César García responde a éstas y otras preguntas a través de un análisis pormenorizado de los elementos que conforman la psicología de los habitantes de los Estados Unidos en el siglo XXI.
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martes, 5 de julio de 2011
jueves, 16 de junio de 2011
Invitación presentación American Psique
Queridos amigos, aquí os dejamos una invitación para la presentación de American Psique que tendrá lugar el próximo miércoles 22 de junio, a las 11:00 horas, en la FNAC de Callao (Preciados 28, Madrid).
Durante la presentación, El autor, el autor madrileño César García, profesor de la Universidad Estatal de Washington, dialogará con el norteamericano Paul Vita, profesor de Saint Louis University en Madrid, y analizarán la psique de los ciudadanos de ambas culturas. Esperamos poder saludaros en este acto.
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martes, 10 de mayo de 2011
Eventos
El otro día vino a mi oficina un colega para pedirme que firmara una tarjeta de felicitación y aportara la voluntad para regalar algo a Crystal, la secretaria del departamento. Al preguntar si se trataba de su cumpleaños, este colega me dijo que no, que el motivo era que era el día de las secretarias. A mi eso del día de las secretarias me sonó a cachondeo pero él, muy serio, me dijo que si, que era verdad. Así que firmé, ya que después de todo Crystal es una chica estupenda, y continué con mi trabajo. Yo seguía con la duda de si habría sucedido algún incidente y la acción era una forma de levantarle la moral. Al poco vi desde la ventana de mi oficina al jefe de departamento con un ramo de flores salir de su coche. La anécdota me hizo pensar acerca del por qué de mi sorpresa y poco después empecé a encajar las piezas.
Pensé en el significado de la palabra evento, que en inglés tiene unas cuantas acepciones más que en español pero en cuyo uso habitual domina aquella que lo define como un acontecimiento especial o señalado. Esta definición también se ha impuesto en el uso común del español que originalmente entendía evento como un algo que acontece más o menos imprevisto. Pues bien, me recordó la importancia que los eventos tienen en la psique de los americanos. Los americanos construyen grandes eventos de sucesos que para nosotros evocan burocracia, rutina, un incordio, cuando no un hecho predecible, y a veces desagradable, que hay que pasar.
Algunos ejemplos que se me ocurren son las ceremonias de graduación (no solo comunes en las universidades sino también en la enseñanza primaria y secundaria); los cumpleaños, cuya organización no solo implica unos cuantos correos electrónicos o llamadas telefónicas sino toda una parafernalia de invitaciones por correo y tarjetas de agradecimiento posteriores a cada uno de los asistentes por venir y por los regalos; las baby showers o reuniones que las amigas de aquellas que van a dar a luz organizan previamente al parto también con un enorme despliegue logístico de regalos, fotos y atracciones; o los entierros o celebraciones en los que los familiares mas allegados dedican un homenaje público al protagonista que, con frecuencia, es un discurso muy bien preparado. Los americanos nunca pierden la oportunidad de enaltecer un acontecimiento o tomar una buena instantánea. El día de la policía, el día de la tierra o el día del agua se toman muy en serio y no solo por gente que trabaja en oficinas de relaciones públicas. Al americano más que a nadie le gusta sentir que le esta tocando vivir algo especial. Y no veo que puede tener de malo.
Pensé en el significado de la palabra evento, que en inglés tiene unas cuantas acepciones más que en español pero en cuyo uso habitual domina aquella que lo define como un acontecimiento especial o señalado. Esta definición también se ha impuesto en el uso común del español que originalmente entendía evento como un algo que acontece más o menos imprevisto. Pues bien, me recordó la importancia que los eventos tienen en la psique de los americanos. Los americanos construyen grandes eventos de sucesos que para nosotros evocan burocracia, rutina, un incordio, cuando no un hecho predecible, y a veces desagradable, que hay que pasar.
Algunos ejemplos que se me ocurren son las ceremonias de graduación (no solo comunes en las universidades sino también en la enseñanza primaria y secundaria); los cumpleaños, cuya organización no solo implica unos cuantos correos electrónicos o llamadas telefónicas sino toda una parafernalia de invitaciones por correo y tarjetas de agradecimiento posteriores a cada uno de los asistentes por venir y por los regalos; las baby showers o reuniones que las amigas de aquellas que van a dar a luz organizan previamente al parto también con un enorme despliegue logístico de regalos, fotos y atracciones; o los entierros o celebraciones en los que los familiares mas allegados dedican un homenaje público al protagonista que, con frecuencia, es un discurso muy bien preparado. Los americanos nunca pierden la oportunidad de enaltecer un acontecimiento o tomar una buena instantánea. El día de la policía, el día de la tierra o el día del agua se toman muy en serio y no solo por gente que trabaja en oficinas de relaciones públicas. Al americano más que a nadie le gusta sentir que le esta tocando vivir algo especial. Y no veo que puede tener de malo.
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