Consejos American Psique: Navidad
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sábado, 15 de diciembre de 2012

Pequeña antología de las navidades americanas

Como todo el mundo sabe, las navidades empezaron oficialmente en los Estados Unidos con la iluminación del árbol de navidad que la cadena de grandes almacenes Macy’s realizó en todos sus centros el uno de Noviembre.

Aunque parezca mentira, ya nos encontramos en la recta final. Con mucho, la parte más importante de la navidad es la pre navidad y para cuando llega la navidad de verdad, los americanos empiezan a mostrar síntomas de agotamiento.

Muchas de las experiencias y rituales navideños genuinamente americanos ya tuvieron lugar (os dejo que descubráis vosotros solos sus contradicciones):

La sobredosis de Santa Claus; ir a ver el ballet del Cascanueces de Chaikowsky; escuchar la expresión happy holidays; las guerras culturales por televisión acerca de si debe o no celebrarse la navidad en un país multicultural; asistir a la fiesta de navidad en los colegios rurales en los que siempre se canta alguna canción judía para festejar Januca y el Feliz Navidad de Boney M. en español para hacerlas más inclusivas; las madres que regalan a sus hijas muñecas que se parecen físicamente a ellas compradas en unas tiendas llamadas American Girl donde pueden encontrarse ejemplares de todas las razas y colores y en la que la ropa para vestir a las muñecas cuesta lo mismo que la de vestir a una niña de verdad con ropa de marca (o sea 30 dólares por una camisita); hacer un regalo a algún niño sin recursos al que no se conozca; donar latas de comida para alguna causa benéfica a cambio de participar en algún sorteo; el reparto del periódico en el jardín incluso el día de navidad o de año nuevo; el número especial de la revista Times con los 100 personajes más influyentes del mundo; los partidos de la NBA la tarde del día de Nochevieja; gente haciendo jogging a cualquier hora del día o de la noche; Macy’s, siempre Macy’s; la música de piano de Nordstrom; el amigo ciego de los regalos; esperar colas para devolver regalos al día siguiente de la mañana de navidad; no saber qué hacer con el tiempo los días que nadie trabaja y surfear en el iPad; planear las comidas y las listas de la compra con una anticipación de 7 días; ir al cine del barrio en una sesión matinal; buscar la forma más eficiente de reciclar el empaquetado de los regalos en un trabajo que puede llevar horas; Walt Disney en sus múltiples e infinitas encarnaciones;



Lego, naturalmente; no comerse al día siguiente las sobras de la cena que acabarán finalmente en la basura; ir a un acuario o a un Children Museum cuando uno está desesperado y no sabe qué hacer con los niños; lavar montañas de platos; las cenas que las iglesias o las ONG’s organizan para los desamparados el día de nochebuena y de las que los periódicos se hacen eco al día siguiente; los bancos de comida que trabajan a tope; los días clave en los que el tráfico de e-mails para de repente excepto en el caso de las tiendas que te recuerdan que no has usado sus cupones; las iglesias en las que una vez al año aparecen sopranos maravillosas que cantan Hark! The Herald Angels Sing aunque el papa haya reconocido que no había ángeles cantando en el establo; el olor a nuevo de las cosas…

Y, por último, aunque se que me dejo muchas cosas, a primeros de enero los centros comerciales y los encartes dominicales de los periódicos recordándonos que San Valentín ya está a la vuelta de la esquina.

Feliz navidad a todos

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Religiones paródicas


Como no podía ser de otra manera, el país más religioso de occidente es el país en el que la religión y el estado aparecen más separados y el que da lugar con frecuencia a las reacciones más paródicas hacia la religión.

Una de las más novedosas en los últimos años es el fenómeno de las religiones paródicas que suelen tener bastante éxito armando ruido sobre todo en navidad. Uno de los casos más conocido es el de la religión de El monstruo de los espaghettis voladores (Flying Spaghetti Monster) cuyos adeptos son conocidos como pastafarianistas. Su fe se basa en que el creador guardaba un parecido físico con los espaghettis y las albóndigas (una combinación gastronómica típica en los Estados Unidos). Sus líderes, enemigos de la enseñanza del diseño inteligente y el creacionismo en las escuelas, se dedican a poner en aprietos a los legisladores locales que consienten en exhibir públicamente durante la navidad símbolos cristianos (nacimiento), judíos (menorah de Januca) o anclados en la tradición (árbol de navidad o Santa Claus).



El último incidente ha sucedido en Chester County en el estado de Pensylvannia. Tracy McPherson, líder de los pastafarianistas, arguyó que “nuestra parroquia tiene más de 10.000 miembros, muchos de ellos locales; nuestra iglesia en su totalidad tiene millones. Significaría mucho para nuestra congregación ver nuestra fe reconocida en el espacio público de los juzgados de Chester County de la misma forma que son reconocidas la fe Cristiana y judía.”

Ni que decir tiene que la propuesta (ver foto de los símbolos pastafarianistas) tiene todos los visos de no prosperar, pero la tendencia es a un incremento de las relaciones paródicas cuya lista empieza a ser numerosa: la iglesia de las 24 horas de Elvis, el culto del Mac, el eventualismo, el unicornia rosa invisible, el último juevesismo y un sinfín de organizaciones de parecidas características.

Sospecho que, en un entorno americano posmoderno, la parodia puede ser un instrumento más efectivo para erosionar el pensamiento religioso que el pensamiento ateos que se toman las religiones más en serio que muchos de los devotos.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Santa Claus y las happy holidays

No deja de resultarme sorprendente que en la única sociedad occidental en la que el cristianismo sigue teniendo vigor, solo para hacernos una idea alrededor del 45 por ciento de los norteamericanos acuden a misa semanalmente frente a un 12-15 por ciento de españoles, la palabra navidad cada vez se utilice menos por estas fechas. La expresión happy holidays surgió de forma alternativa en los años 70 como una forma explícita de reconocer la neutralidad del estado en material de religión al mismo tiempo que la emergencia de una sociedad cada vez más diversa y multicultural. Desde entonces el término se ha ido imponiendo no sólo en la esfera pública (tanto las instituciones del gobierno como numerosas corporaciones han eliminado la expresión merry Christmas para dirigirse a sus distintas audiencias y la han sustituido por el más aséptico felices vacaciones) sino también en la privada. Sin ir más lejos una mayoría de mis estudiantes, bastantes de ellos de arraigadas convicciones religiosas, se despide de mi deseándome happy holidays el ultimo día de clase o al terminar sus correos electrónicos. Del mismo modo una aplastante cantidad de las tarjetas de felicitación y fotografías que recibimos en casa (una costumbre que se mantiene viva por estos lares) incluyen esta expresión u otras similares como season greetings. En un país donde al menos un 90 por ciento de sus habitantes dicen creer en Dios y de ellos un 95 por ciento se denominan cristianos no deja de sorprenderme este acatamiento de la ley y/o de lo políticamente correcto.

Mientras tanto, en España, país denominado por la propia jerarquía católica como tierra de misión por su elevada indiferencia cuando no directa hostilidad hacia cualquier tentativa de pensamiento cristiano y yo diría que metafísico en general, la expresión feliz navidad apenas ha sufrido erosión en estos últimos años.

Se me ocurre que la definitiva entronización de la figura de Santa Claus como icono de la navidad que tuvo lugar en la campaña publicitaria de Coca-Cola en los periódicos y revistas americanos en 1931 marcó un antes y un después en la consideración de la navidad como un periodo de ocio más que una fiesta religiosa y supuso un antecedente de lo que vendría después en Estados Unidos. A partir del concepto creado por el artista Haddon Sundblom, Santa Claus, que tenía como lejano y vago referente la figura de San Nicolás de Bari, paso a ser un anciano vestido de rojo y blanco (los colores de la corporación), alto (hasta entonces en numerosas interpretaciones se aparecía como un enano o elfo), gordo y bonachón. Santa Claus se transformó rápidamente en un icono global y hoy puede disfrutarse de su presencia por estas fechas en puntos terráqueos tan distantes como Japón, Argentina y Sudáfrica (a quien le interese la historia complete de la invención de este icono le recomiendo visitar la web de Coca-Cola). Santa Claus no venía solo y popularizó rápidamente toda una iconografía navideña de raíces nórdicas como el abeto, las velas, el reno y el copo de nieve que de alguna forma ponían la navidad al alcance de todos los bolsillos, incluso aquellos que no eran cristianos. Soy de la opinión que el concepto moderno de Santa Claus abonó el terreno al pensamiento políticamente correcto estadounidense sobre esta materia al hacer aceptable por todo el mundo que la navidad se entendiera como un periodo de legítimo hedonismo, consumo y disfrute del tiempo libre.

A mi particularmente me enorgullece que España sea uno de los países que conozco donde Santa Claus tiene menos fuerza, aunque para mi gusto (y no soy ningún casticista) empiezan a abundar un poco más de la cuenta en los balcones de las casas españolas los muñequitos del citado personaje. Siempre he pensado, y no creo que sea una mera cuestión de tradición o recuerdos infantiles, que el halo de misterio, sabiduría y universalidad que emanan los tres magos de oriente, los cuales después de todo solo aparecen en un pasaje breve del evangelio de San Mateo, son incomparablemente más interesantes que la figura algo bobalicona de Santa Claus.

Y valga esta reflexión navideña para desearos una feliz navidad o, para el que lo prefiera, happy holidays.