Consejos American Psique: Religión
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martes, 1 de enero de 2013

La vida es puro teatro

Hace pocos días asistí a una misa de navidad en la parroquia de una escuela católica de San Francisco. Antes de que comenzara el servicio un miembro del coro presentó con nombres y apellidos al elenco de personas que participaría en la ceremonia de aquel día: el resto de los miembros del coro, los niños que escenificarían la escena del nacimiento de Cristo, los instrumentistas, los responsables de recolectar las ofrendas, los monaguillos y al propio cura. Fue sorprendente ya que me dio la impresión de que allí se conocía todo el mundo.

Era el equivalente a incluir los títulos de crédito antes del comienzo de una película que se ha visto muchas veces o una serie de la que se han visto muchos episodios. En algunas parroquias me consta que proporcionan un libreto antes de las misas para que la gente sepa cómo se llama cada cual. Es un rasgo que dice mucho de una cultura en la que importa sobremanera dar las gracias cuantas veces sea necesario y valora sin igual el arte de la representación.

En América nadie se engaña acerca de que la vida en cualquiera de sus manifestaciones es show, teatro, performance. La autenticidad personal y la capacidad de representar no solo no son antagónicas sino que más bien al contrario. Por eso los libros para aprender a hablar y comportarse en público son inagotables y no es raro que en las universidades los estudiantes de cualquier disciplina tomen dos y tres cursos como media sobre esta materia. La autoestima, el éxito personal y, en última instancia, la felicidad dependen de ello.

Y eso también incluye la relación con el ser superior.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Pequeña antología de las navidades americanas

Como todo el mundo sabe, las navidades empezaron oficialmente en los Estados Unidos con la iluminación del árbol de navidad que la cadena de grandes almacenes Macy’s realizó en todos sus centros el uno de Noviembre.

Aunque parezca mentira, ya nos encontramos en la recta final. Con mucho, la parte más importante de la navidad es la pre navidad y para cuando llega la navidad de verdad, los americanos empiezan a mostrar síntomas de agotamiento.

Muchas de las experiencias y rituales navideños genuinamente americanos ya tuvieron lugar (os dejo que descubráis vosotros solos sus contradicciones):

La sobredosis de Santa Claus; ir a ver el ballet del Cascanueces de Chaikowsky; escuchar la expresión happy holidays; las guerras culturales por televisión acerca de si debe o no celebrarse la navidad en un país multicultural; asistir a la fiesta de navidad en los colegios rurales en los que siempre se canta alguna canción judía para festejar Januca y el Feliz Navidad de Boney M. en español para hacerlas más inclusivas; las madres que regalan a sus hijas muñecas que se parecen físicamente a ellas compradas en unas tiendas llamadas American Girl donde pueden encontrarse ejemplares de todas las razas y colores y en la que la ropa para vestir a las muñecas cuesta lo mismo que la de vestir a una niña de verdad con ropa de marca (o sea 30 dólares por una camisita); hacer un regalo a algún niño sin recursos al que no se conozca; donar latas de comida para alguna causa benéfica a cambio de participar en algún sorteo; el reparto del periódico en el jardín incluso el día de navidad o de año nuevo; el número especial de la revista Times con los 100 personajes más influyentes del mundo; los partidos de la NBA la tarde del día de Nochevieja; gente haciendo jogging a cualquier hora del día o de la noche; Macy’s, siempre Macy’s; la música de piano de Nordstrom; el amigo ciego de los regalos; esperar colas para devolver regalos al día siguiente de la mañana de navidad; no saber qué hacer con el tiempo los días que nadie trabaja y surfear en el iPad; planear las comidas y las listas de la compra con una anticipación de 7 días; ir al cine del barrio en una sesión matinal; buscar la forma más eficiente de reciclar el empaquetado de los regalos en un trabajo que puede llevar horas; Walt Disney en sus múltiples e infinitas encarnaciones;



Lego, naturalmente; no comerse al día siguiente las sobras de la cena que acabarán finalmente en la basura; ir a un acuario o a un Children Museum cuando uno está desesperado y no sabe qué hacer con los niños; lavar montañas de platos; las cenas que las iglesias o las ONG’s organizan para los desamparados el día de nochebuena y de las que los periódicos se hacen eco al día siguiente; los bancos de comida que trabajan a tope; los días clave en los que el tráfico de e-mails para de repente excepto en el caso de las tiendas que te recuerdan que no has usado sus cupones; las iglesias en las que una vez al año aparecen sopranos maravillosas que cantan Hark! The Herald Angels Sing aunque el papa haya reconocido que no había ángeles cantando en el establo; el olor a nuevo de las cosas…

Y, por último, aunque se que me dejo muchas cosas, a primeros de enero los centros comerciales y los encartes dominicales de los periódicos recordándonos que San Valentín ya está a la vuelta de la esquina.

Feliz navidad a todos

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Religiones paródicas


Como no podía ser de otra manera, el país más religioso de occidente es el país en el que la religión y el estado aparecen más separados y el que da lugar con frecuencia a las reacciones más paródicas hacia la religión.

Una de las más novedosas en los últimos años es el fenómeno de las religiones paródicas que suelen tener bastante éxito armando ruido sobre todo en navidad. Uno de los casos más conocido es el de la religión de El monstruo de los espaghettis voladores (Flying Spaghetti Monster) cuyos adeptos son conocidos como pastafarianistas. Su fe se basa en que el creador guardaba un parecido físico con los espaghettis y las albóndigas (una combinación gastronómica típica en los Estados Unidos). Sus líderes, enemigos de la enseñanza del diseño inteligente y el creacionismo en las escuelas, se dedican a poner en aprietos a los legisladores locales que consienten en exhibir públicamente durante la navidad símbolos cristianos (nacimiento), judíos (menorah de Januca) o anclados en la tradición (árbol de navidad o Santa Claus).



El último incidente ha sucedido en Chester County en el estado de Pensylvannia. Tracy McPherson, líder de los pastafarianistas, arguyó que “nuestra parroquia tiene más de 10.000 miembros, muchos de ellos locales; nuestra iglesia en su totalidad tiene millones. Significaría mucho para nuestra congregación ver nuestra fe reconocida en el espacio público de los juzgados de Chester County de la misma forma que son reconocidas la fe Cristiana y judía.”

Ni que decir tiene que la propuesta (ver foto de los símbolos pastafarianistas) tiene todos los visos de no prosperar, pero la tendencia es a un incremento de las relaciones paródicas cuya lista empieza a ser numerosa: la iglesia de las 24 horas de Elvis, el culto del Mac, el eventualismo, el unicornia rosa invisible, el último juevesismo y un sinfín de organizaciones de parecidas características.

Sospecho que, en un entorno americano posmoderno, la parodia puede ser un instrumento más efectivo para erosionar el pensamiento religioso que el pensamiento ateos que se toman las religiones más en serio que muchos de los devotos.

domingo, 5 de agosto de 2012

Kevin Costner también reza


Hace poco leí en Parade, un suplemento periodístico que se adjunta todos los fines de semana con la prensa local y regional norteamericana, una entrevista con Kevin Costner que me resultó curiosa. La razón principal era que en esta entrevista el actor mencionaba como si cualquier cosa sus firmes creencias religiosas y que necesitaba rezar todos los días para vivir. No en vano hace unos meses Costner había rendido un sentido homenaje a su amiga Whitney Houston en el funeral celebrado en una iglesia baptista, que era la fe que ambos se profesaban.

Poco tiempo después, ya en España, me doy de sopetón con una entrevista de Julia Otero a Alejandro Sanz. La locutora menciona que el cantante se casará proximamente por la iglesia, a lo cual Sanz responde, casi avergonzado, escudándose en la belleza de las bodas católicas para justificar su decisión pero distanciándose prudentemente del actual papa y de una concepción tradicional de la iglesia. Sin embargo, se contradice al mostrar su admiración por Juan Pablo II, uno de los papa más tradicionalistas de los últimos tiempos, del que dice admirar su bonhomía, observación que la locutora, probablemente por desconocimiento, es incapaz de poner en duda.






Pocos días después hablo con dos mujeres españolas con vínculos con los Estados Unidos. Una de ellas, que vive allí, cuando se refiere a un conocido común, un profesor universitario norteamericano, menciona para justificar su supuesta rareza que "es muy religioso". La otra mujer, que tiene un familiar directo viviendo en este país con ganas de volver, trata de ofrecerme datos que justifiquen su postura citándome que donde vive hay gente que le pregunta a que religión pertenece y si va a alguna iglesia.

El español contemporáneo ha encontrado la manera de no tener que interrogarse acerca del sentido de la vida que es fundamentalmente no hacerse preguntas. Dar la cuestión por zanjada con la falsa seguridad de un adolescente. Porque tras esta ocultación del rol de la religión en la vida de las personas no hay nada, no hay razones, no hay argumentos, hay una mera omisión sustentada, si acaso, en razones estéticas (sentirse más europeos), de presión social o de adoctrinamiento. Que no se me entienda mal, hay grandes pensadores que son materialistas, nihilistas o ateos. No tiene nada de malo. Si lo tiene la irracionalidad cuando se hace gala de lo contrario y cuando se dice valorar la libertad. Mientras tanto, la Fundación BBVA ha sacado a la luz un estudio en el que pone de manifiesto la deficiente formación de los españoles en cuestiones científicas (junto a polacos e italianos, los peores de Europa). Una ignorancia que se compagina perfectamente con ser los europeos que mayor fe tienen en la ciencia para la resolución de distintos problemas, según el mismo estudio. La fe del converso, diría yo.

El americano es humilde porque reconoce que hay muchos fenómenos que el hombre no puede explicar o controlar. Ama la ciencia como nadie (el dato, la encuesta, los estudios científicos, los rankings basados en datos empíricos) pero cree en Dios porque sabe que hay últimas preguntas que no tienen respuesta. También ama la libertad de decirlo en público, sin tener que avergonzarse o someterse a la censura social. Kevin Costner es sólo uno más de ellos.

domingo, 8 de abril de 2012

Dios en la empresa

Uno de los malentendidos más frecuentes que gusta cultivar a los críticos de los Estados Unidos es el de que se trata de una especie de teocracia ubicada en el mundo occidental. Para justificar esta afirmación suelen citar el hecho de que hay algunas escuelas que nieguen la teoría de la evolución o el de que los presidentes finalicen sus alocuciones con un “God bless America” y frases por el estilo. Sin embargo, la verdad es que si por algo se ha caracterizado la historia de este país desde el principio, a diferencia de los europeos, es por la estricta observancia de la separación entre estado y religión. Un rasgo fácil de percibir en la ausencia de festividades que aludan a hechos religiosos o la inexistencia de subvenciones económicas a ninguna de las confesiones que coexisten en este país por numerosa que sea. Gracias a esta inquebrantable separación se explica que hoy día Estados Unidos sea el país occidental más religioso con diferencia.

Sin embargo, un asunto que se suele soslayar con frecuencia es la imbricación y admiración mutua que se profesan el mundo de la empresa y las organizaciones religiosas en este país. En su libro titulado en España “Sonríe o muere: Trampa del pensamiento positivo”, Barbara Ehrenreich habla de como numerosos pastores, sobre todo de las denominadas megaiglesias, han recurrido a la ayuda de consultores de management y gurús para potenciar sus iglesias con una perspectiva muy similar a la que tienen las corporaciones que piensan en términos de nicho de negocio y clientes. Incluso las confesiones más recatadas con este tipo de enfoques, como puede ser la iglesia católica, se permite, en el caso de las parroquias relativamente numerosas, disponer de personal dedicado a las relaciones públicas y al fundraising responsable de pensar y gestionar eventos de interés para los fieles que permitan incrementar la capacidad recaudatoria de la organización. Fruto de esta profesionalización es que existe un importante nicho de profesionales muy calificados dedicados a la comunicación de carácter religioso al igual que existe para la medioambiental, de temas de salud o a las relaciones con los inversores. En los procesos de selección de profesorado que he realizado, no es infrecuente que algunos de los postulantes hayan realizado este tipo de trabajo. Esta identificación también tiene una plasmación externa: los lideres de las megaiglesias disponen de un cuidado argumentario con mensajes motivadores que llegan a los fieles a través de ceremonias televisadas, bestsellers y entrevistas. Muchos de ellos cuidan la imagen, suelen llevar trajes de excelente corte, igual o más que un Consejero Delegado de una gran empresa.

Pero, como he dicho, este es un camino de dos direcciones porque las empresas americanas también han hallado en las iglesias una fuente de inspiración. Tal y como señalaba un artículo publicado en The Economist sobre este tema hace tiempo, los gurús del management reconocen que las iglesias son ejemplares en la manera que tienen de motivar a los empleados y al voluntariado como una manera de mantener los costes bajos y lograr la sostenibilidad mediante el sucesivo reclutamiento por parte de los propios fieles siempre dispuestos a realizar el apostolado. Algunos de sus líderes, como Rick Warren, son invitados a Davos o por el propio presidente Obama a participar en los actos el día de la toma de posesión como presidente.



Sin embargo, como se encarga de recordarnos Ehrenreich, hay una diferencia importante entre las megaiglesias y las corporaciones. Las megaiglesias no despiden a nadie ni echan broncas aunque uno no se presente a los servicios o falle a sus promesas. Siempre hay una segunda, tercera, cuarta, quinta, y así sucesivamente, oportunidad. Su fachada puede parecer la de una empresa – de modo ilustrativo muchas de ellas tienen las sedes en rascacielos – pero por dentro, con todas las matizaciones que uno quiera, reinan el amor y el perdón.

Quizás eso sea la verdadera Responsabilidad Social Corporativa y todo lo demás malos sucedáneos, algo que no está al alcance de Microsoft, de Apple, de Google, de Coca-Cola y de ningún otro employer of choice.

martes, 2 de agosto de 2011

Cristiano (II)

La comunicación de las distintas iglesias cristianas es sumamente sofisticada. Las distintas parroquias poseen bases de datos detalladas con las cualificaciones y disponibilidad de cada feligrés, tienen su web propia, editan su propia revista o newsletter y suelen contratar a profesionales del fundraising (captación de fondos para entidades no lucrativas) con un compromiso por la causa. No sólo las iglesias mayoritarias sino también las paraiglesias (habitualmente fundadas por un único líder carismático) poseen sus propios canales de televisión y emisoras de radio.

En algunas megaiglesias, consideradas aquellas capaces de albergar más de dos mil parroquianos en un sólo templo y con parkings similares a los de los centros comerciales, existen Starbucks y pantallas de televisión para seguir las misas en el caso de que falte sitio dentro de la iglesia.

Mientras tanto, hay que decir que las vocaciones religiosas cada vez son menores. No es infrecuente que cada vez más padres o pastores provengan de países en vías de desarrollo que se están constituyendo en una auténtica reserva espiritual. Esta situación crea a veces una curiosa inversión de las jerarquías. Por ejemplo, entre una audiencia blanca y acomodada que aparca sus 4 x 4 las mañanas de los domingos y un pastor de tez oscura (que puede provenir de México, Filipinas o algún país africano) que pronuncia la misa con un fuerte acento.

viernes, 29 de julio de 2011

Cristiano (I)

Algunos apuntes más sobre la religión, un ámbito clave en la psique americana, antes de seguir con otros temas.

En América la palabra cristiano tiene un matiz especial y suele escucharse con frecuencia. Cuando alguien dice “I am a Christian” probablemente está diciendo que pertenece a una de las muchas confesiones cristianas que existen en el país pero no a la católica (los católicos se dicen católicos y basta). La palabra cristiano implica un mayor grado de compromiso, un papel de la religión en la vida y visión del mundo de estas personas al que estamos acostumbrados aquí. Implica quizás bendecir la mesa antes de cada comida, realizar donaciones significativas a una iglesia, escuchar rock cristiano o asistir a grupos de estudio bíblicos en la parroquia. Una serie de acciones que también el catolicismo americano tiene más en común con el resto de los cristianos en este país que con los católicos europeos.

También hay excepciones, naturalmente. A veces la palabra cristiano puede tener un matiz denigratorio en el caso de aquellos que se consideran más progresistas y que ven en los cristianos una suerte de fanáticos reaccionarios que se oponen al aborto o al matrimonio homosexual. En todo caso en América este tipo de consideraciones peyorativas suelen generalmente realizarse en privado y nunca desde la tribuna de un partido politico o un medio de comunicación mainstream.

martes, 26 de julio de 2011

Iglesias

Sigamos con Dios y la religión. Unas palabras sobre la iglesia, cuyos caminos en Norteamérica no conducen necesariamente a Roma y son más bien plurales. Los templos cristianos norteamericanos, a pesar de su arquitectura casi siempre tradicionalista aunque sean de nuevo cuño, no tienen la connotación un tanto arcaizante que han adquirido en la vida española. En realidad son los centros neurálgicos de muchas pequeñas y medianas ciudades aunque de una manera muy diferente a la España de hace 50 o 60 años.
Si muchos españoles de una generación determinada creyeron y dejaron de creer sin apenas preguntarse por qué, una mayoría de los americanos creyentes (que son el 90 por ciento) tiene bastante claro que una buena gestión estatal es incapaz de dar respuesta a sus necesidades espirituales. Hay un elemento de pragmatismo en esta perspectiva, sin duda, como corresponde a la psique americana. Un elemento que, sin embargo, puede transformar a estas organizaciones en eficaces focos de activismo y solidaridad sin parangón en las sociedades modernas.
Un ejemplo que viví de cerca recientemente. Hace poco la policía de inmigración efectuó en Ellensburg una redada en la que detuvo a varios inmigrantes mexicanos sin documentación acusados de traficar con drogas y pasaportes falsos. En numerosos casos, ello supuso que muchos de los padres fueran deportados y niños menores abandonados a su suerte. La respuesta más contundente corrió exclusivamente a cargo de las parroquias católica y metodista del pueblo en las que se celebraron reuniones bastante multitudinarias de los habitantes del pueblo sólo unas horas después de la operación policial. En esas reuniones se acordó diligentemente quién se hacía cargo de qué y de quienes. Me pareció una lección ejemplar de eficacia y espiritualidad.

jueves, 21 de julio de 2011

Dios

Hace poco, pasando el fin de semana en la Sierra de Gredos, mi amigo Juan me hablaba del caso de una lectora de su blog de crítica de libros (http://www.desdelaperplejidad.com) que le había confesado, no sin cierto pudor, que la razón por la que le interesaba un nuevo libro del filósofo alemán Jurgen Habermas sobre religión es que era catequista. Una verguenza y un estigma muy comunes en España donde el racionalismo agnóstico, nueva seña de europeidad en las últimas tres décadas, se presupone en cualquier persona con dos dedos de frente.

En contraste, la psique americana es la única psique del mundo occidental capaz de reconciliar dos imposibles: la creencia en Dios y la modernidad. No deja de resultar paradójico que sea el país de la ciencia y la tecnología aquel más religioso del mundo occidental. En Ellensburg forma parte de la vida cotidiana que los cristianos baptistas rezen en público en cualquier de los parques de la ciudad, que al entrar en el comedor de Central Washington University en algunas mesas ocupadas por jóvenes estudiantes se bendiga la mesa e incluso encontrarse full professors de ciencia económica o literatura inglesa asistiendo a un servicio dominical con toda su familia. Todo ello a poco más de una hora en coche de Seattle, sede de Microsoft y Amazon.com, y una de las ciudades más high-tech del mundo.

miércoles, 20 de abril de 2011

Amigos irreconciliables

Planned parenthood es una organización no lucrativa bien implantada en todo Estados Unidos que se autodefine en su versión española de la web como “un proveedor confiable de atención de la salud, un educador informado, un defensor apasionado y un socio internacional que ayuda a organizaciones similares de todo el mundo”. Aunque esta autodescripción pueda parecernos convencional en el sector de la salud, su actividad encierra un debate apasionado. Sus defensores y usuarios consideran que esta organización es un paliativo a la deficiente cobertura de los seguros médicos que a día de hoy deja a la intemperie aproximadamente a 40 millones de norteamericanos. Sus detractores consideran que, bajo el argumento de prestar servicios de salud a los más desfavorecidos, la actividad principal de Planned Parenthood es la realización de abortos y la distribución y asesoramiento acerca de métodos anticonceptivos.

Ellensburg cuenta con uno de los 800 centros de que Planned Parenthood dispone en todo el país. Hace poco inauguró sus nuevas instalaciones. La calle en la que están situadas, apartada del centro urbano, es todos los martes una de las más concurridas de esta ciudad en la que fuera de los confines del campus universitario la gente camina poco. Dos grupos de personas se apostan junto a su nuevo y moderno edificio desde las 10 de la mañana hasta que aproximadamente finaliza la jornada laboral. Uno de ellos sostiene pancartas en contra del aborto legal y considera que la vida humana comienza en el momento de la concepción. El otro reivindica que sin la existencia de Planned Parenthood muchas personas de ingresos bajos carecerían de los recursos para realizarse pruebas para la detección temprana de cáncer, test de SIDA o pruebas de embarazo.

En su aspecto externo ambos grupos no se diferencian demasiado. Leí en el periódico local que el grupo pro-vida proviene mayoritariamente de la parroquia católica local mientras que el grupo de aquellos que apoyan Planned Parenthood está compuesto por no creyentes y algunos miembros de las iglesias Metodista y Universalista. Por lo demás, la indumentaria y la edad de los mismos es bastante similar. La mayor parte del tiempo ambos grupos están en silencio sosteniendo sus pancartas o hablan entre ellos en voz baja. De vez en cuando comparten, además del frío intenso, chocolate, café y galletas. Pero quizás lo que más les una sea la creencia en el derecho a expresar públicamente sus convicciones y una idea profunda de lo que significa la palabra respeto.