Consejos American Psique: productividad
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lunes, 3 de agosto de 2015

Ese viejo país ineficiente (no es para tanto)


Por si a alguien le cabe alguna duda, lopeor de España no es la ineficacia sino, visto con perspectiva, probablemente sushorarios. Sobre todo esa idea diabólica de la jornada partida. Ese demonio que nunca desaparece, haya paro o pleno empleo, expansión económica o recesión. Simplemente abominable. Se que hay quien se enorgullece de ello así como de que el fútbol empiece a veces a las diez o de que las fiestas comiencen en las proximidades de la medianoche.
Distinguirse en asuntos tan primarios no deja de ser síntoma de brutalidad y estulticia. Renuncia al mérito y búsqueda de refugio en la costumbre, la tradición sin sentido, lo fácil.
No quiero ni pensar que la incapacidad ontológica que la sociedad española muestra para racionalizar los horarios se deba a no querer enfrentarse a problemas de más difícil solución. Que a la gente le de miedo tener más tiempo libre, no saber que hacer por las tardes con sus maridos, mujeres e hijos, sentir pavor a cultivar pasiones que no sean siempre las más bajas e incluso plantearse lo implanteable como aprender idiomas, dedicar algo de tiempo a la lectura o volver a la universidad aunque uno sea cincuentón. No, no quiero pensar que sea por eso.
Nada embrutece más que entrar a las 9 a un trabajo y salir a las siete y media u ocho, como pasa tanto en nuestras ciudades. Todos guardando cola a la misma hora en el supermercado, el gimnasio o los bares. Todos (los que todavía se lo pueden permitir) haciendo cola para tomar el menu del día. Todos tomando las vacaciones los mismos puentes o los meses de Julio y agosto. Todos yendo a los mismos barrios céntricos de Madrid o Barcelona a salir de copas porque en los barrios periféricos no hay donde ir.
Se que muchos estos días siguen buscando el Santo Grial de porque falla España, a que se debe el atraso relativo con los países con los que a los españoles les gusta compararse, a que se debe la crisis. Parecería, por la cantidad de informaciones que se publican al respecto aunque ninguna concluyente, que hay algo difuso en el ambiente que hace a los españoles peores, negados para construir una sociedad más avanzada.
Niego la mayor: que debido a causasculturales los españoles sean ineficientes. ¿Ineficientes en qué? ¿Quizás menos productivos debido a cuestiones de estructura económica, pero ineficientes?
Por poner como término de comparación la sociedad norteamericana, considerada (con poca razón por cierto) como la más eficiente del mundo, la verdad es que muchos servicios relativamente communes son igual o más eficientes en España.
Quizás los camareros o los cajeros de los bancos sean adustos o excesivamente broncos en la piel de toro (el ejemplo estelar serían los llamaods Vitorinos del fenecido Café Comercial), pero es fácil darse cuenta de que en general la gente que le atiende a uno en bancos o bares es bastante más experta que en América donde estas profesiones están dominadas por gente junior. Por no hablar del denostado funcionariado, que en España es de primera por mucho que se diga y en los Estados Unidos no siempre es así. Podemos seguir con el transporte público, los trenes, autobuses e incluso el personal del sistema médico de salud que en algunos aspectos funciona de manera mucho más fluida que el enrevesadísimo sistema norteamericano de seguros privados.
En España funciona mal la justicia (muy mal), la universidad, el sistema de partidos politicos, en fin, grandes pilares del sistema, pero nunca me ha sucedido que pongan a mi hija una vacuna por error que no le correspondía por un despiste. En Estados Unidos, sí. Anecdótico? Por supuesto, pero suficiente para probar que en todas partes cuecen habas.
Lo que hace falta se sabe sin sacar del armario los viejos fantasmas: iniciativa, empuje, ambición, menos conformismo, menos miedo a fracasar, más ilusión por triunfar y dejar de criticar a aquellos que sienten el trabajo como una pasión.
Y ni siquiera en esos males España es excepcional.


domingo, 26 de abril de 2015

Dime lo que pagas y te diré lo que cobras


Una conversación típica sobre salarios en España. ¿Y cuanto te pagan? 40.000 euros. No, pero digo al mes. ¿Bruto o neto? Lo que te llevas a casa. Unos 2.500. Si, pero se trabaja un huevo. Diez horas diarias. Ya, pero lo que se es que te metes en el buche 2.500 boniatos todos los meses.

Los españoles despreciamos el tiempo como si fueramos chavales. No solamente por los horarios absurdos o el desfase horario con el meridiano de Greenwich. Parece mentira, pero en un país tan hedonista como éste, en el que a la gente tanto le gusta vivir el presente, a los españoles siempre nos ha preocupado más el sueldo final que cuantas horas hay que meter para lograrlo. Siempre me ha chocado el contraste con la cultura americana en la que se suele poner el énfasis en el salario por hora que cobra uno o como mínimo en el salario bruto y no en el neto. En España parece que aceptamos el meter 9 o 10 horas todos los días y el pago de elevados impuestos como una circunstancia inevitable, tanto como la sequía o las inundaciones.

Lo que importa es lo que te llevas a casa y no tanto el tiempo que se le echa, cuando lo único imposible de estirar en este mundo, a diferencia del dinero mal que bien, son los minutos.

Mientras que en España solamente los economistas hablan de salario por hora trabajada, en Norteamérica lo hace todo el mundo. Es interesante que en los países, como Estados Unidos, en los que sus ciudadanos tienen más fama de vivir para trabajar, se tiene un respeto proverbial por el tiempo de las personas y por pagar a la gente las horas que trabajan. Alguna relación debe existir, digo yo, entre la conciencia del tiempo que uno pasa en el trabajo, la eficiencia y la productividad. Hablar de salarios por hora sirve para poner las cosas en su sitio y evitar el autoengaño.

Se ha dicho durante mucho tiempo que los americanos trabajaban más que en ningún país desarrollado, pero lo que se ha omitido es que ese trabajo extra era remunerado. A la gente le gusta trabajar más, porque gana más. En España trabajar más suele significar simplemente eso, una tarifa plana a partir de cierta hora por la cual el empleado continúa trabajando hasta que completa sus tareas por el mismo salario. Es un gesto puramente defensivo para que no les echen.

Pero a la cultura española del trabajar gratis, se da tanto por hecho que los empleados suelen poner poco empeño en completar sus tareas antes de la hora de salida sabedores de que tienen que quedarse en el curro un tiempo extra para hacer méritos de todas las maneras, se une, quizás como una respuesta revanchista, la de quererlo, no todo, pero si mucho gratis.

Así nadie paga por la música, ni por las películas, ni por leer el periódico, ni por las series, ni por las clases de yoga subvencionadas por el centro cultural del ayuntamiento, ni por el paquete office de Microsoft, ni tampoco demasiado por la universidad por mucho que se diga. No importa que nada sea, en realidad, gratis ni demasiado la calidad de lo que se ofrece siempre que no cueste al menos en un primer momento.

Jode pagar, lo mismo que jode trabajar gratis. Ambos parámetros son indicativos de una concepción determinada del tiempo y del trabajo.

Pero son caras de la misma moneda.