Consejos American Psique

jueves, 17 de octubre de 2013

¿Es América darwinista?


Identificamos darwinismo, la idea por la cual la evolución de las especies se produce por selección natural de los individuos y se perpetúa con la herencia, más con las sociedades anglosajonas. Y hay una cierta parte de razón, ya que es en estas sociedades en las que se pone más énfasis en la responsabilidad individual y se distingue menos entre los que pueden o no salir adelante con sus propios recursos.

Las sociedades más socialdemócratas, o las que aspiran a serlo como la nuestra, se vanaglorian de que el estado protector les salvaguarda de la ley del más fuerte que suele identificarse como el libre mercado puro y duro. A mayor regulación, mayor protección, sería la consigna.

La realidad es, sin embargo, un poco más poliédrica cuando uno se topa con la realidad del mundo de trabajo. A pocos de los que han trabajado en mercados foráneos del mundo desarrollado se les escapa la dureza del mundo del trabajo en España. Y no me refiero sólo a los aspectos más obvios como precariedad contractual, bajos salarios, jornadas interminables, horarios infames de jornada partida o la escasez de trabajo de calidad. Me refiero a las relaciones humanas, las condiciones en que se desarrolla el trabajo del día a día donde se ponen de manifiesto las diferencias sociales y de estatus.

Estoy hablando de las oficinas en las que los empleados senior bajan a comerse el menú del día con sus ticket restaurant mientras que los becarios y los junior, que suelen ser la mayoría, se quedan en la oficina comiendo de tupper. Estoy pensando en aquellas que no dejan asistir a las reuniones importantes al trabajador en prácticas que se ha estado comiendo el marrón durante semanas y ha hecho todo el trabajo de carpintería. A esas incontables empresas en que becarios que trabajan por la voluntad, a los que se les obliga a vestir de traje y corbata aunque apenas les paguen, se hacinan en cubículos y sacan adelante múltiples tareas mientras que los jefes se refugian en sus peceras donde disponen de ordenadores más rápidos y mejores, sillas con respaldos más altos y mesas más grandes. Estoy recordando esas corporaciones en las que los empleados de menos rango se quedan dos horas diarias trabajando gratis sin tener la certeza de que su contrato será renovado. De esos entrañables lugares en los que a las tres de la tarde se escucha el ruido ensordecedor de las bolsas de papel reciclado de Calvin Klein, Purificación García y Tommy Hilfiger, lugares por donde sus jefes, algunos de los cuáles todavía dicen estar a la izquierda del Partido Comunista, se han dejado caer a la hora de la siesta.

En España, el estatuto de los trabajadores, las negociaciones colectivas y la protección social son la prueba más palpable de que el papel lo aguanta todo. El mejor modo de proteger al trabajador no es la ley si esta es papel mojado, sino otro sitio a donde escapar, otro trabajo a donde largarse.

Contra lo que suele decirse, en España se respeta, se adora el trabajo (o quizás sea mejor decir el puesto de trabajo). Los españoles mostramos una actitud timorata, cobarde en el puesto de trabajo, ante la dificultad de ganarlo y el miedo de perderlo. Una mirada, un comentario de un superior jerárquico para el mundo de muchos. Hay muchas más palabras en castellano que en inglés para designar al chupatintas, al pelota, al lameculos, al que se agarra al sueldo y al puesto como una lapa.

Convendría repensar que se entiende por sociedades darwinistas.  

martes, 15 de octubre de 2013

Activismo "nerdy"

Un video impresionante sobre la también impresionante desigualdad en distribución de la riqueza en los Estados Unidos:

http://www.upworthy.com/9-out-of-10-americans-are-completely-wrong-about-this-mind-blowing-fact-2?g=6

El vídeo, y esto es algo que apreciamos particularmente los que no somos americanos, es un ejemplo de activismo educado, de buen gusto, bien documentado, sofisticado, nerdy, algo que no siempre se da en otros sitios.


jueves, 3 de octubre de 2013

Carta abierta a Benja Serra

Mi último post en El Huffington Post invita a emigrar sin complejos a los jóvenes titulados y a no creer en cantos de sirena. El destinatario de la carta no es ficticio, es un hombre llamado Benja Serra cuyo twit desesperanzado ha recorrido España entera. A mí personalmente me conmovió porque have bastantes años estuve en circunstancias parecidas.

Estados Unidos es un destino mucho mejor que Londres o Gran Bretaña, salvo por una desventaja importante que es el permiso de trabajo.

La solución es realizar estudios de postgrado en este país, lo cual te da derecho a trabajar durante un año después a su finalización y quizás la posibilidad de obtener un visado de trabajo. Algo, desafortunadamente, no al alcance de todo el mundo por la inversión que conlleva.

http://www.huffingtonpost.es/cesar-garcia/carta-abierta-a-benja-ser_b_4013637.html

domingo, 29 de septiembre de 2013

¿Qué hace de los Estados Unidos la mejor democracia del mundo?


Ultimamente, me he topado con esta pregunta en dos escenas, una de una serie y otra de una película. En el primer episodio de The Newsroom una estudiante universitaria se la pregunta con todo descaro a la megaestrella del noticiario encarnada por Jeff Daniels. En Thank you for smoking (que supongo que se traduciría en España como Gracias por fumar) se la pregunta su hijo de 12 años a su padre, el lobista de la industria tabaquera interpretado por Aaron Eckhart.

En ambos casos, las respuestas de ambos personajes niegan la mayor, es decir, que Estados Unidos sea el mejor país o la mejor democracia del mundo pero tampoco dicen que país ostenta ese privilegio. Hay algo de cinismo en la forma que ambos personajes responden a la pregunta, particularmente en el lobista que cuestiona que se pueda responder a un asunto así en dos folios como había pedido la profesora de su hijo, pero en todo caso uno no tiene la sensación de que a ambos personajes la pregunta les resulte del todo estúpida o carente de sentido.

La idea de que Estados Unidos ha sido o es el mejor país del mundo sigue presente en la psique americana, entre los más progres y también los más conservadores. A los periodistas españoles les gusta mucho entrevistar a estrellas de Hollywood o escritores que llevan la etiqueta de izquierdistas o contestatarios con preguntas relativas al conservadurismo, la religiosidad, la desigualdad de clases, la cultura de las armas, o el poco arte de los americanos para vivir la vida entre otros temas buscando el titular que halague los prejuicios de muchos lectores en España. A veces lo consiguen, a veces no. Pero lo que no van a conseguir es que George Clooney, Richard Ford o Sean Penn, por citar algunos de ellos, es que digan que los Estados Unidos son un fracaso humano, un lugar invivible o una sociedad enferma.

Todos ellos piensan, en su fuero interno, que la pregunta de por qué los Estados Unidos son el mejor país del mundo no carece del todo de sentido.

Aunque por pudor no lo digan.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Comida socialdemócrata

Mi nueva entrada en el Huffington Post acerca de por qué los Estados Unidos siempre acaban perdiendo en las comparaciones en cuestiones de comida.

http://www.huffingtonpost.es/cesar-garcia/comida-socialdemocrata_1_b_3957496.html

martes, 17 de septiembre de 2013

Un país raro

Mi última entrada en el Huffington Post sobre las impresiones que deja el proceso para adquirir la ciudadanía estadounidense:

http://www.huffingtonpost.es/cesar-garcia/un-pais-rare_b_3926291.html?utm_hp_ref=spain

jueves, 12 de septiembre de 2013

Relaciones cínicas con el estado


Parece que no ha sorprendido ni preocupado demasiado la reciente información, proveniente de un estudio del BBVA, de que los españoles son los europeos que mas esperan del estado. Yo me atrevería a afirmar que incluso hay un cierto orgullo en ello, al fin y al cabo el orgullo en un estado justiciero constituye un síntoma de europeidad, aunque todos sepamos que nuestro estado del bienestar, que no el estado en su totalidad, es relativamente raquítico en comparación con otros países de nuestro entorno quedando únicamente la educación gratuita y la sanidad universal como ultimas líneas rojas.

Curiosamente tienden a ser los países del sur de Europa mas estatistas que los del norte, en los que el estado ofrece más prestaciones sociales pero tiene un menor intervencionismo en la vida pública.  No en vano los regímenes fascistas arraigaron durante más tiempo en estos países con toda la carga simbólica de los estados autárquicos. En realidad, hay algo de resquicio fascista y teocrático en esta creencia casi ciega en las cosas que el estado es capaz de resolver.

Sin embargo, la relación de los españoles con el estado es mucho mas compleja de lo que parece. En este sentido, siempre me ha sorprendido la hipocresía de los españoles, a los que por un lado les gusta que el estado mande (en el estudio del BBVA había mucha gente que decía que el estado debía controlar los precios), pero por otro demuestran un considerable afán por batir al sistema declarando menos de lo que ganan u olvidándose de hacer facturas. Y eso no sólo ahora, sino también en los años de las vacas gordas.

Este afán por no pagar impuestos no se debe tanto, en contra de lo que se dice, a que la presión fiscal sea excesiva sino sobre todo a la desconfianza antropológica del español con respecto al uso que los gobernantes hacen del estado. No puede olvidarse que en España el estado moderno, y no, no me refiero al estado-nación sino a la institución como autoridad imparcial, surge desde sus comienzos desprovisto de legitimidad. La concepción que los españoles tienen del estado es la de un ente irracional siempre al servicio de intereses privados (ya sea partidos políticos, empresas, sindicatos o cualquier tipo de oligarquía). Por lo cual se da la paradoja de que por un lado el estado tendría una vertiente justiciera de apoyar al débil pero por otro se percibe como un instrumento de abuso de poder por parte de quienes lo detentan. El resultado es que como ciudadanos sentimos que el estado nos protege pero como contribuyentes vemos al estado como poco menos que un ladrón.

Y es que en el fondo los descreídos americanos en el rol del estado creen más en su naturaleza justiciera que nosotros. Un estado quizás más pequeño, menos entrometido en la vida privada de los ciudadanos y, por ello mismo, dotado de una mayor legitimidad.  Un ejemplo claro de esta actitud lo encontramos a la hora de pagar impuestos. No descubro nada si digo que los americanos sienten aversión por esta palabra. Pues bien, a pesar de ello, el americano de a pie paga sus impuestos escrupulosamente. No recuerdo una única vez que un vendedor o un proveedor no me haya dado una factura o me haya preguntado si quiere que pague una parte en A y otra en B. Nadie lo hace porque la duda ofende y dejaría a uno en evidencia.

Con el estado pasa un poco como con las religiones, que crecen, se desarrollan y fortalecen cuando no se imponen y se deja a la gente a su libre albedrio. Quizás por eso los países donde los estados son mas pequeños, que no necesariamente menos fuertes ya que la sombra del gobierno federal norteamericano es alargada, también son más respetados.