Consejos American Psique: responsabilidad social corporativa
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viernes, 6 de noviembre de 2015

Amazon ha entendido el momento

Amazon recibe palos por todos los sitios a pesar de que cada vez tiene más fieles. O quizás por eso. Se le acusa de prácticas laborales seudoesclavistas, de no pagar impuestos y  de haber pulverizado las librerías, entre otras lindezas.

Su líder, Jeff Bezos, tampoco concita las simpatías que otros como Bill Gates. Aparece como excesivamente frío, cerebral y se le acusa de falta de generosidad a diferencia de otros multimillonarios filántropos.

Sin embargo, la mayoría de los que critican a Amazon por todas estas razones son los mismos que compran en Amazon hasta maquinillas de afeitar y no aportan ni un euro de más ni un minuta extra de su tiempo a que esas librerías que tanto dicen adorar puedan sobrevivir.

En cierto modo, la relación con Amazon es un termómetro de la hipocresía para mucha gente.

Su ultimo movimiento estratégico, la apertura de una megalibrería en Seattle, no contribuye a aclarar las cosas. ¿Qué pretende Amazon con ello? ¿Un revival de los años 80 y 90? ¿De esos años en que los Borders y los Barnes and Noble, unos extinguidos y los otros en extinción, florecían como setas con sus flamantes cafés y confortables sillones?

Parece poco probable que vea un nicho de negocio en ello. Más bien parece un gesto de cariño (interesado quizás pero cariño al fin y al cabo) a su ciudad natal o quizás una acción más de responsabilidad social corporativa producto del remordimiento por haberse cargado un buen número de librerías en un país en el que el precio fijo del libro no existe.

Atlantic Monthly la denominaba “catedral laica”, un título que en una de las ciudades menos religiosas de Estados Unidos y donde la idea de la plaza pública es inexistente, empieza a ostentar cualquier lugar en el que la gente se reuna por espacio de una hora o más.

La nueva librería ha sido, en cualquier caso, bien recibida por todo el mundo y a nadie se le ha ocurrido acusar a Amazon de ser el asesino que tiene la gentileza de pagar los gastos del entierro. Más bien los artículos se han centrado en resaltar la iniciativa como un esfuerzo de la empresa por construir comunidad (building community), uno de los bienes más preciados en un país en el que la gente apenas se reune de forma casual o comparte el espacio público para algo que no tenga que ver con el deporte o la restauración.

En una sociedad opulenta hasta cierto punto saturada de empresas y fundaciones centradas en el respeto y cuidado del medio ambiente o en la promoción de estilos de vida saludables, no quedan tantos propósitos relevantes hoy día para que las compañías puedan destacar.

Sólo el principal y la verdadera gasolina de la existencia. Hacer que los individuos pasen más tiempo con otros de su propia especie. Un fenómeno en extinción en esta parte del mundo.

Hasta este extremo hemos llegado pero Bezos y Amazon lo han entendido.


martes, 1 de julio de 2014

Café a 3 euros para pagar la universidad


Starbucks tiene el dudoso mérito de haber convencido a bastante gente que es lícito pagar 3 euros por un café servido en vaso de papel y por el que tienes aguardar una cola para recogerlo. Hay que decirlo todo, claro. En su haber, también hay que decir que el café es siempre correcto y los establecimientos están limpios, son cómodos, la música es decente y puedes estar el tiempo que quieras sin que ningún camarero te de la brasa cada cinco minutos para que consumas más.

Quizás hay que aguantar algunas americanadas de los baristas como eso de “que tengas un buen día” que suena tan raro dicho en español pero no parece un detalle tan importante.

Pero ante el anuncio que acaba de realizar en Estados Unidos de que pagará los estudios universitarios a todos aquellos de sus 135.000 empleados que lo deseen, sólo cabe quitarse el sombrero. Es verdad que tiene algo de truco, ya que los estudios tienen que ser realizados online y en Arizona State University (ASU), que, sin embargo, es una buena universidad. En todo caso, la empresa se compromete a pagar íntegramente los dos últimos años de licenciatura (que cuestan 10.000 dólares cada uno) y los dos primeros en alrededor de un 60 por ciento a través de becas y préstamos concedidos por Starbucks y la propia universidad.

Todo empleado que trabaje más de 20 horas con la compañía es apto para recibir las ayudas y sólo se requiere que mantenga su empleo durante el tiempo que duren sus estudios sin ningún compromiso posterior.

No es nada extraño que las compañías paguen los estudios de sus empleados en Estados Unidos pero suele tratarse empleos cualificados. La novedad es que es la primera vez que una iniciativa de este tipo afecta a la franja de empleos considerados de baja cualificación. No hay que olvidar que Starbucks es la cadena de hostelería con más establecimientos del mundo (si, más que McDonalds) y que en Estados Unidos sus empleados ganan el salario mínimo aunque tienen algunos beneficios más que en otras cadenas de comida rápida.

La iniciativa ha sido destacada en toda la prensa americana, tiene que ver con asociarse con uno de los valores supremos para el progreso, la educación, y la claudicación que la mayoría de los estados americanos han realizado en lo que se refiere a la educación superior donde han reducido sustancialmente la aportación pública que ha caído en algunos estados a un testimonial 15 por ciento del coste total de la matrícula.

Se que en España, donde la desconfianza (muchas veces con razón) hacia las empresas es secular, esta iniciativa se verá con mucho más cinismo (somos más cínicos en general, para que vamos a engañarnos) que en la sociedad americana donde los ciudadanos no se avergüenzan de mostrar aprecio a las corporaciones que lo hacen bien. Convendría, sin embargo, tenerla en cuenta sobre todo porque el vaciamiento de las responsabilidades del estado se está produciendo en numerosos ámbitos y alguien tendrá que cubrirlo.

Nike ha promovido el patriotismo español sin sentir vergüenza, Burger King hizo lo mismo con los valores familiares, ¿se atreverá alguien con la educación y la universidad en plan masivo y no a través de los consabidos planes de becas que siempre son para cuatro como hacen la Caixa o el Banco de Santander?