Consejos American Psique: Periodismo
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lunes, 4 de julio de 2016

Por favor, un poco de excelencia en la retransmisión de partidos de fútbol

Siempre se ha dicho que una de las diferencias entre el periodismo de los países latinos y el de los países anglosajones recae en el tipo de relación que se da entre los hechos y la opinión.

Mientras que la escuela norteamericana estaría obsesionada con una separación exquisita entre hechos y opinión, los periodistas y las audiencias de los países del norte del Mediterráneo y de Sudamérica piensan que lo que añade la sal y pimienta es la mezcla de ambas.

Según los manuales académicos de comunicación internacional el periodismo latino sería opinativo, emocional, algo manipulador y carente de rigor en algunos aspectos. A cambio, los lectores de estos países disfrutarían de un modelo más pluralista y vibrante en el que cada uno encuentra un medio con el que compartir una ideología o visión del mundo.

La verdad es que la fuerza de los muy opinativos canales de noticias Fox News y MSNBC indica que al menos parte de la información que reciben los norteamericanos se ha “latinizado”.

Por eso me sigue sorprendiendo tanto que la calidad de los comentarios en las retransmisiones deportivas televisivas sigan siendo tan pobre en España y se trate al espectador como si fuera un mero hincha sin juicio critico. Para algo bueno y distintivo que tiene nuestro periodismo, usémoslo.

En el país de la opinión, del comentario, de la observación, resulta que en un partido de fútbol, los comentaristas apenas comentan más para contarnos lo que ya vemos y animar al equipo español de turno que si pierde siempre será porque el rival ha sido excepcional y no porque los jugadores hayan rendido poco, estado desacertados o el planteamiento táctico haya sido pobre.

La retransmisión del último Italia-España en Telecinco fue un perfecto ejemplo. Ni una crítica al técnico que dio la sensación de no haber preparado el partido, ni un solo comentario mínimamente alusivo al bajo rendimiento de muchos jugadores. Todo eran loas para el equipo italiano cuyas principales estrellas eran el portero y tres defensas.

En un mundo en el que todos los ciclos se acortan y el presente lo es todo, al entrenador español se le seguían dando las gracias cuatro años después de ganar el último título y después de fracasar en los últimos dos grandes torneos en las primeras rondas.

La apologia del “ser de los nuestros” como sucede en la política y tantos ámbitos de la sociedad. El desprecio a la rendición de cuentas para no sacrificar una relación personal.

Y todo ello pasa en uno de los pocos ámbitos en el que los españoles exigen excelencia como es el mundo del fútbol. Un mundo darwinista a más no poder en el que el que vale, vale y el juicio critico de los técnicos de los equipos y los aficionados es afilado.

Los dos mejores jugadores del mundo, Messi y Ronaldo, no parece que sean las mejores personas pero prima su rendimiento en el campo.

Otro gallo cantaría a este país si, como dice Pérez-Reverte, en otros ámbitos de la sociedad hubiera tanto afán de excelencia como en el deporte.

MIentras tanto, llama la atención que quizás el país con un fútbol profesional más potente, sigue teniendo unas retransmisiones televisivas bastante peores que, por ejemplo, ESPN en los Estados Unidos.


Por favor, traten al espectador de fútbol como un adulto, que esto es importante, no como la política.

viernes, 6 de junio de 2014

Ultimas noticias sobre el periodismo ciudadano


Cada vez estoy más convencido de que una de las cosas que distinguen a los anglosajones es su capacidad para analizar críticamente la realidad y al mismo tiempo mantener una alta dosis de optimismo. Muy optimistas. Incluso en lo que se refiere a la situación actual del periodismo.
Esta reflexión viene al caso después de asistir al último congreso de la Asociación Internacional de la Comunicación (ICA) en Seattle. Tuve la fortuna de ser invitado como ponente a una mesa redonda en la que debatíamos la vigencia del pensamiento de Walter Lippmann, considerado uno de los clásicos del periodismo y la comunicación norteamericana entre otras cosas por haber sido el primero en cuestionar el papel de la prensa y la ciudadanía para dirimir los asuntos públicos en su libro Opinión pública (1922) y por su labor como columnista durante 30 años en elHerald Tribune.
A mi lado se encontraba Michael Schudson, profesor de periodismo en Columbia University y una celebridad en el mundo académico estadounidense por lo que lógicamente concitaba toda la atención.
Lo que más me sorprendió de la conversación fue, cuando uno oye más que hablar de EREs y precariedad en la prensa española, el relativo tono esperanzador de la reunión compuesta principalmente de una audiencia de profesores de ciencias de la información de todo el mundo.
Un dato interesante aportado por Schudson, y que no todo el mundo conoce, es que aunque el número de periodistas ha disminuido en Estados Unidos de 67.000 en 1992 a 59.000 en 2002 hasta llegar a los 40.000 actuales, lo cierto es que en 1971 la cifra de periodistas era prácticamente la misma, exactamente 39.000. Y ello teniendo en cuenta que, gracias a los ordenadores, las páginas web, los agregadores, Wikipedia y YouTube, Google y los propios artículos de los periódicos que circulan online, los actuales periodistas son mucho más eficientes a la hora de investigar de lo que solían serlo en el pasado. Es cierto que 20.000 puestos de trabajo se han ido por el desagüe desde 2002 pero también es verdad que podrían haber sido muchos más simplemente para mantener la calidad que las redacciones ofrecían entonces.
Una de las reflexiones de Schudson fue que hasta que no seamos capaces de medir la productividad del periodismo de calidad, y no únicamente el número de artículos o de palabras generados por periodista, será difícil determinar si hay muchos o pocos periodistas.
La audiencia también estaba ávida por conocer cual era la opinion de Schudson acerca del periodismo ciudadano cuyo paradigma está representado por el Huffington Post, que en Estados Unidos está claramente más consolidado que en España.
En su respuesta, Schudson hizo referencia a la diferencia que Lippmann estableció entre insiders y outsiders para describir la perspectiva que, en una sociedad cada vez más compleja, tiene el ciudadano que sabe cada vez menos de la mayoría de los asuntos y solamente puede considerarse un experto o medio experto en unos pocos de ellos. En otras palabras, la mayoría de nosotros somos outsiders en casi todo einsiders en nuestra profesión o alguna afición que tengamos si acaso. Las redacciones convencionales jamás dispusieron o dispondrán de expertos suficientes.
Schudson y varias personas en la audiencia se mostraron de acuerdo en que el periodismo ciudadano cubrirá un vacío que se irá haciendo cada vez más amplio ya que la sociedad seguirá haciéndose, por razones demográficas, tecnológicas y de todo tipo, irremediablemente cada vez más compleja.
Otra cuestión, y aquí me falta un poco de ese optimismo anglosajón, es si el mero altruismo o el reconocimiento social seguirán siendo motivación suficiente en el futuro para estos ciudadanos que ejercen de reporteros en su tiempo libre.

lunes, 20 de enero de 2014

Tomarse en serio el periodismo


Es indudable que la profesión periodística ha perdido parte del aura que tenía en el pasado. Al menos en Estados Unidos, las aulas de periodismo se vacían poco a poco y los programas cada vez más precisan de respiración asistida. Les empieza a pasar un poco como a las actividades culturales, que en una mayoría de los casos son deficitarias por antonomasia.
Los futuros periodistas del pasado se pasan en masa a las relaciones públicas, la comunicación corporativa o a lo que eufemísticamente se llama creación de contenidos que igual sirve para designar a quien escribe sobre hoteles en la página web de Expedia que a quien se dedica a escribir tuits bajo el nombre de algún famoso.
Y es que leer el periódico de papel comienza a generar problemas de imagen a algunos. Conozco profesores de periodismo que se cuidan muy mucho de que sus alumnos, que en general consumen poca información que no tenga que ver con el deporte o la industria del entretenimiento, les vean leer un periódico de papel, para no parecer dinosaurios.
Incluso los que le denuestan por cómo Amazon se está adueñando de la industria editorial, miran a Jeff Bezos con esperanza, o al menos con curiosidad para cambiar este estado de cosas. Me cuentan que el editor de The Washington Post, después mantener algunos encuentros con él, manifiesta algunas discrepancias, por decirlo suavemente. No es el caso de los que trabajan en el área tecnológica del periódico en el cual Bezos está realizando ingentes inversiones con la intención de vender servicios a otras empresas informativas. Algo importante se está cociendo.
Lo que sí parece claro es que el modelo de consumo informativo, todavía vigente en plataformas digitales y diarios impresos, de tener que pagar una cantidad fija por una información o entretenimiento que no se consume, va a periclitar. O así lo espero. Yo mismo me doy de alta y de baja varias veces durante la temporada del servicio de televisión por cable que me obliga a pagar 70 dólares al mes por decenas de canales que ni veo ni me interesan.
Sin embargo, nadie puede negar que el periodismo debe seguir siendo una de las piezas angulares tanto de la sociedad (la famosa frase de Jefferson de "prefiero unos periódicos sin gobierno a un Gobierno sin periódicos" sigue más vigente que nunca) de intereses cada vez más fragmentados por mucha red social que valga.
La sociedad civil actual es probablemente más poderosa que nunca en la historia pero se trata de un poder tan diluido que hace difícil el que los cambios se materialicen como de alguna manera atestigua el llamado movimiento 15-M. La gente se siente cada vez menos representada por los partidos percibidos como oligarquías, lo que se dice en Internet tiene importancia y puede servir para arrejuntarse en la plaza pública pero hay una excesiva atomización de las fuentes que impide articular alternativas concretas.
En España, los medios de comunicación siempre han estado demasiado polarizados como para desempeñar el papel de watchdog (perros guardianes) de los desmanes del poder con la credibilidad de la sociedad en su conjunto como sucede en los países anglosajones. Sin embargo, sí son eficaces a la hora de surtir de argumentos a las redes sociales y mantener vivo el sentimiento de ciudadanía, de interés por el bien común. La SER durante el 11-M o la COPE en lo relativo a la negociación del Gobierno con ETA contribuyeron a despertar a una adormecida ciudadanía aunque a costa, eso sí, de una fuerte subida de la tensión social.
Sin embargo, lo cierto es que las empresas informativas cada vez hacen más méritos para que se les tome menos en serio. Sería interesante que algún estudiante de doctorado de alguna facultad de ciencias de la información española realizará algún estudio cuantitativo acerca del incremento del número de noticias, blogs y reportajes fotográficos en las webs de los diarios antaño denominado serios que tienen como eje noticioso determinados argumentos como por ejemplo el denominado lookism o valoración de las personas en función de su aspecto físico, las confidencias sexuales, los álbumes de fotos de famosos, el sibaritismo gastronómico o la apología de determinado estilo de vida basado en la adquisición de productos para forjar una determinada identidad.
También habría que hablar algún día de cómo se concilia la defensa del interés público y, en teoría, de los intereses de los más necesitados y al mismo tiempo la promoción a marchamartillo, no necesariamente en las páginas de publicidad, de hoteles rurales de 300 euros la noche o de eau de colognes a 90 euros.
Hay evidencias de que incluso antes de internet, el mundo del periodismo ya no se estaba tomando demasiado en serio el periodismo.

domingo, 20 de enero de 2013

La revancha de los becarios


Charlie Rose es una institución en la televisión pública norteamericana. Por el estudio de su programa pasa todos los días la flor y nata del tema que se trate. Si se habla de cocina entrevista a Ferrán Adrià, si se habla de economía a Roubini y si se habla de tecnología a Bill Gates.

Lleva haciendo entrevistas sin concesiones ni cortes publicitarios a muchos de los cráneos más privilegiados del mundo durante alguna que otra década. Goza de prestigio incluso entre los que nunca han visto su programa y el TIVO trabaja más que nunca a la hora en que se emite su programa en muchos hogares cultos norteamericanos. Es una de las escasas pruebas vivientes de que la televisión puede ser otra cosa. Cuando uno asiste a sus entrevistas, tiene la sensación de ser un individuo más completo.




Charlie Rose ha perdido recientemente un juicio contra uno de sus becarios que le acusaba de no haberle pagado ninguna remuneración cuando en realidad estaba realizando un trabajo que correspondía a un profesional hecho y derecho. En realidad, La productora de Charlie Rose ha tenido que pagar 1.000 dólares a cada uno de los 189 becarios que ha tenido en el programa desde sus comienzos. En total, un cuarto de millón de dólares.

Todo el mundo se ha enterado ya que la noticia ha sido divulgada en el New York Times y en otros medios líderes. A Charlie Rose no se le ha caído la cara de vergüenza y su vida personal y profesional ha seguido poco más o menos como estaba. Pero al menos se ha hecho pública la infamia y sus compañeros de profesión, muchos de los cuales probablemente cometen pecados parecidos, no le han tapado.

En el país del capitalismo salvaje, donde más se pisotean los derechos de los trabajadores, en el que se permiten las peores desigualdades según algunos, sigue habiendo un sentido del decoro, de respeto por el trabajo, de sentido de la justicia y afán por ejercerla que permite a un becario enfrentarse a Charlie Rose, ganar y que se haga público por los mismos compañeros de profesión de la parte perdedora. Debería hablarse más a menudo de eso.

domingo, 15 de abril de 2012

La conspiración de la prensa anglosajona

Desde al menos la generación del 98, el español se caracteriza por una inseguridad enfermiza acerca de las opiniones y comentarios surgidos fuera de España sobre la consideración externa que merecen sus usos y costumbres. Una de las secciones no oficiales de los periódicos y medios de comunicación españoles es aquella que se refiere a lo que sale publicado en la prensa extranjera sobre España, y muy especialmente en la llamada anglosajona. Por eso, cada vez que un periódico norteamericano, lo que equivale a decir que ha salido algo publicado en The New York Times (NYT) o The Wall Street Journal (WSJ), publica una noticia negativa sobre España nos rasgamos las vestiduras. Chateros y tertulianos hablan rápidamente de una conspiración de la prensa anglosajona para desprestigiar a España. Y vaya por adelantado que los norteamericanos no se ven como anglosajones, aunque hablen inglés, un término bastante ausente de la vida americana y que solo utilizan los extranjeros cuando quieren meter en el mismo saco a británicos y norteamericanos.




Una de las últimas reacciones de indignación la ha producido un artículo aparecido en el NYT acerca del auge de la prostitución en España. Para ello, la periodista se ha desplazado a un burdel situado en la provincia de Girona en la frontera con Francia al que también acuden habitualmente numerosos clientes franceses. Una de las novedades informativas del artículo es apuntar la existencia de una nueva tendencia en la juventud española a sustituir la tradicional salida a la discoteca por las relaciones sexuales de pago. No es necesariamente el tipo de enfoque habitual cuando se habla del tema referido a países del tercer mundo en el que sus habitantes, como el caso de las jineteras cubanas, se ven obligados a prostituirse con extranjeros por carecer de otras alternativas de vida. Curiosamente, aunque España es uno de los grandes focos de la crisis económica mundial estos días, el artículo se preocupa de aclarar que prácticamente, a diferencia de hace 20 o 30 años, ya no quedan prostitutas españolas. El artículo destaca la impunidad con que la actividad de la prostitución se desarrolla en España gracias a la vista gorda de las autoridades amparadas en que lo ilegal no es la prostitución en si, sino el proxenetismo lo cual favorece las mafias. Si algo, la información tiene un marchamo moral (también se incluye el dato de que el 39 por ciento de los hombres españoles afirma haber estado con prostitutas que es el porcentaje más alto de toda Europa), el de una sociedad y un estado sin valores que no tiene ningún problema en considerar a las personas como mercancía. De hecho, la conclusión que cualquier lector “anglosajón” no necesariamente familiarizado con nuestro país sacaría es que la piel de toro se ha convertido en una especie de Las Vegas o Tijuana a lo grande. Y esta es una afirmación que duele a muchos españoles que, como último refugio tranquilizador, siguen pensando que sociedades como la española tienen una superioridad moral inherente sobre la norteamericana que, para muchos de ellos, sigue representando conceptos tan obsoletos como el del capitalismo salvaje.

Pero, a mi entender, también hay otro problema importante de pedagogía, de no entender cómo funciona el periodismo en el caso de las corresponsalías porque si lo hiciéramos no lo sobrevaloraríamos tanto. Cuando vivía en Madrid conocí a varios corresponsales que escribían para estos medios. Aunque algunos de ellos tenían un retainer fee, es decir, un salario fijo que suplementaban con otro variable en función de lo que escribían, también abundaban los colaboradores y los parachute journalists (literalmente periodistas paracaidistas), o sea los corresponsales de estos medios en París y Londres que aterrizaban en Madrid para hacer un reportaje y se piraban acto seguido. En general había dos tipos de perfiles de periodistas. En algunos casos estas personas estaban casadas con españoles y conocían hasta cierto punto bien nuestro país pero, a veces, aunque estuvieran en desacuerdo, se veían obligadas a escribir sobre determinados temas adoptando un enfoque determinado que el editor de New York consideraba que tenía más garra para el lector norteamericano que, como todo lector cuando se trata de temas extranjeros que no domina, le gusta recurrir a lo conocido. Y era debido a ello que, proporcionalmente, de la cantidad de reportajes que se hacían sobre España seguía habiendo una elevada proporción que tenían que ver con los toros (las mujeres toreras es un tema que les fascinaba), el flamenco y la desaparición de la siesta. O ahora la prostitución como si en realidad fuera algo nuevo. En otros casos, sobre todo en el de muchos de los colaboradores y los parachute journalists, directamente no se trata de escritores que sepan demasiado sobre España y tienden a buscar confirmaciones de aquellos puntos de vista que ya tienen en la cabeza. Por ejemplo, si el tema es el nacionalismo en el País Vasco o Cataluña tenderán a recordar los sempiternos 40 años de franquismo y a adoptar una postura de comprensión con estos movimientos sin hurgar mucho más de lo necesario en las circunstancias actuales. ¿Complot anglosajón? Para nada porque España no deja de ser un país de segunda fila que genera relativamente poca información aunque sea verdad que existen demasiados prejuicios que es difícil extirpar de la psique americana incluso de los más cultivados.

Para terminar dos recomendaciones. La primera es que si queremos saber lo que pasa en España, leamos la prensa española que está mucho mejor informada a pesar de los partidismos y demos el crédito justo a los corresponsales de medios extranjeros que a menudo son los últimos en enterarse. Nos ahorraremos berrinches y derroches de estulticia. La segunda, ya más referida a la información del NYT, es que no nos vendría mal examinarnos en la cuestión de los valores. La autoestima nacional ha bajado en picado con la recesión pero casi siempre se critican cuestiones relacionadas con la eficiencia pero no relacionadas con los pensamientos y las creencias. Y sé que estas dos recomendaciones entrañan una cierta contradicción.