Una
de las consecuencias inmediatas de la llegada de la primavera en los Estados
Unidos es que los jardines y parques de todo el país, especialmente en zonas
semidesérticas o en las que sopla mucho el viento, se llenan de maleza y muy
concretamente de la que se conoce como diente de león.
Hay
siempre un fin de semana de mayo caluroso en el que el periodo de hibernación
invernal se da por terminado definitivamente y uno empieza a ver a la gente en
sus jardines con sprays y cavando agujeros para eliminar las malas hierbas de
raíz. Los supermercados de repente se llenan de sacos polvorientos y arenosos
de fertilizante y herbicidas y el aire se torna amenazantemente alérgico.
La
maleza es una de las plagas a las que más temen los americanos y que más ponen
en cuestión sus principios de libertad e individualismo. Los vecinos que
invierten tiempo y dinero en controlarla miran con sospecha y desdén a aquellos
que no lo hacen. Les mandan cartas y correos electrónicos con recomendaciones de
productos y proveedores. Nada como el interés individual para promover el
espíritu comunitario.
La
maleza es el equivalente floral en América a la grasa corporal, a los actos
inmorales, a la pereza, a la desidia, a la mentira e incluso a la pobreza, que
todavía arrastra algún estigma en estos lares como plasmación material de las
carencias espirituales. Algo que hay que erradicar de raíz en el sentido más
literal del término y para lo que no hay excusas físicas, económicas o
geográficas en el caso de que tu jardín se halle en una intersección o en
primera línea.
Si
tienes maleza, los vecinos por primera vez se involucrarán en tu vida y
cuestionarán tus hábitos, tu personalidad y moralidad.
He
conocido personas que por sus creencias o desconfianza en el sistema, no
vacunan a sus hijos y no sufren el mismo rechazo que aquellos que dejan la
maleza crecer en su propiedad. En el siglo XXI, contagiar la maleza se
considera un mal peor que la tuberculosis, la difteria o incluso la obesidad
por las que nadie te critica.
De
todas las guerras que libran los norteamericanos en el mundo, la peor y la que
afecta más la vida de las gentes pasa dentro de casa. Es la guerra contra la
mala hierba, más en el sentido literal que figurado.



