Consejos American Psique: comercio
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miércoles, 16 de marzo de 2016

Donald Trump y los embutidos españoles

No voy a caer en el chiste fácil a pesar del título. Donald Trump no es un chorizo. Podrá ser maleducado, faltón, machista o xenófobo, quizás, pero no chorizo (aunque se le atribuyen vínculos con la mafia no demostrados). En realidad, no se puede llegar a presidente de Estados Unidos siendo un ladrón. Los mecanismos de escrutinio son demasiado buenos.

Pero la América que propone Donald Trump a sus votantes de clase trabajadora (más o menos el mismo sociotipo que en Francia se ha pasado del partido comunista al Frente Nacional) si tiene que ver con el mundo de las carnes curadas.

Es una América a contracorriente, no podía ser de otra manera, con la que defienden los demócratas y casi el resto de los republicanos. Trump propone una América a favor de los aranceles, las tasas a los productos importados y a favor de limitar la mano de obra extranjera. Una América en contra del libre mercado en la que el Made in China o el Hecho en Mexico lo tengan mucho más difícil. Esa es su fuerza y no es moco de pavo.

No tan diferente en el fondo a lo que hacen los franceses con su agricultura o teniendo un salario minimo el doble de alto que el español para que el inmigrante recien llegado no pueda competir por precio con el francés. Para evitar, al contrario de lo que sucede en España, que se creen puestos de trabajo de ínfima calidad a costa de los menos cualificados.

Y tiene mucha razón lo que dice García Dominguez al señalar que el proteccionismo tiene mucho que ver con la tradición americana ya que estuvo plenamente en vigor hasta 1915, justo cuando las potencias europeas decaen después de la Primera Guerra Mundial. Por aquellos tiempos, el sindicalismo norteamericano, el de la American Federation of Labor, también estuvo a favor de limitar los derechos laborales de los extranjeros y los inmigrantes. Nada nuevo bajo el sol.

La economía que propone Donald Trump ya existe en determinados sectores como por ejemplo el alimentario y, más concretamente, el de los embutidos. La prohibición de importer carne de porcino de numerosos paises sigue vigente en este país.

No es más que proteccionismo encubierto. La bastante deficiente agencia alimentaria norteamericana establece que la carne de porcino de numerosos países, entre ellos España, no se mata en las condiciones adecuadas y no cumple los estándares sanitarios de este país. Esa es razón por la que a los cada vez menos incautos españoles han requisado durante décadas en los aeropuertos americanos toneladas de chorizo y jamón.

Solo hay un matadero en España que cumple esas condiciones, el de Fermín en la Alberca (Salamanca). Los chorizos Palacios pueden exportarse porque se matan en un matadero en Dinamarca, que aunque no muchos lo sepan es un gran país exportador de carne de cerdo.

Dicen que en origen fue la mafia italoamericana la que presionó para que esta prohibición se llevara a cabo. Lo cierto es que la prohibición sigue estando ahí muchos años después. Mientras tanto, marcas como Columbus, Daniele y otras, muchas de ellas ubicadas en los alrededores de San Francisco, se forran vendiendo salami, prosciutto, jamon serrano y jamon York de ínfima calidad con larguísimas y sospechosas listas de ingredientes añadidos que incluyen los inquietantes y cancerígenos nitratos artificales (ya que este tipo de carne contiene nitratos naturales tambien).


No pocos americanos se sentirían satisfechos si este tipo de proteccionismo se extendiera a otros sectores productivos.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Cientos de librerías de Amazon por doquier

Amazon planea abrir cientos de librerías en los Estados Unidos mayormente en centros comerciales. Aparentemente serán pequeños quioscos, un poco como una especie de correlato bibliófilo de los ministarbucks, lugares relativamente elegantes, de paso y predecibles. Mejor que un Carrefour pero no llega al rango de librería.

Y es que en América las librerías cierran. En muchas universidades apenas venden más que libros de texto. En la capital, Washington D. C., no queda una sola gran cadena con el cierre del último Barnes & Noble.

Después de haberse cepillado a buen número de librerías tradicionales, parece que el modelo futuro está en los malls, al igual que ha sucedido con las pantallas de cine. Comprar un libro cinco estrellas en valoración del usuario después de haberse comprado una camisa en Zara y un paraguas en Macy's.

Internet quedará para los bibliófilos y el mundo físico para los bestsellers.

http://www.chicagotribune.com/business/ct-amazon-opening-hundreds-of-bookstores-20160203-story.html

jueves, 7 de enero de 2016

Una visita a la librería de Amazon en Seattle

Nos las prometíamos muy felices toda la familia yendo a visitar la nueva y única librería que Amazon tiene en todo el mundo. Situada en el distrito universitario de Seattle, la ciudad en la que la compañía tiene su sede. Casi como si se tratara de una atracción de feria.

Las expectativas acerca de todo lo que pone en marcha Amazon, aunque a veces los efectos colaterales sean indeseables, eran altas. De la misma forma que se piensa que la empresa de Bezos va a cambiar el modelo de negocio del periodismo tras la compra del Washington Post y la inversión masiva en tecnología, otros muchos han pensado que el hecho de que haya abierto una librería física podría marcar un antes y un después en el mundo de las librerías.

La visita se quedó en algo ramplón, decepcionante, y no anticipa un futuro muy halagador al concepto de librería.

Para empezar, aunque en el distrito universitario de Seattle, la verdad es que la librería donde de verdad está ubicada es en un mall al aire libre, una especie de Las Rozas Village. El ambiente era de centro comercial, de alguien que se compra un libro de cocina después de haberse comprado unos calzoncillos o unas bragas en Banana Republic y después se va a tomar un café al Starbucks de al lado.

El local es convencional, tirando a pequeño y con una selección escueta de libros que en su mayoría no se exponen de canto sino en horizontal. Bien es cierto que sigue teniendo el rango de librería seria ya que mantiene más o menos las secciones tradicionales (sociología, filosofía, etc.) y buenos títulos a pesar de todo. Predomina, sin embargo, la novedad y siempre dando protagonismo a los libros que más  éxito tienen de ventas y de crítica en Amazon.com. Todos ellos vienen acompañados de sus correspondientes valoraciones de los lectores no bajando ninguno de ellos de las cuatro estrellas. La tienda da un gran protagonismo, no obstante, a toda la gama de lectores y tabletas electrónicas de Amazon que están por todas partes.




¿Qué cosas la distinguen de una librería convencional? Pocas, la verdad. Quizás que no se puede pagar en metálico y que los precios son algo más bajos que lo que marcan las carátulas. Pero todo lo demás resulta familiar: espacio más que estrecho para tratarse de una librería de gran compañía americana,y sobre todo que el gran protagonista es Amazon.com y no la librería en sí que se antoja un mero y limitado recordatorio del universo ilimitado de la marca que te despacha unas cuchillas de afeitar o una serie de televisión inglesa. Se echan mucho de menos los sofas y el espacio para leer que uno encontraba en la fenecida cadena de librerías Borders.

La librería, sin embargo, estaba llena y no precisamente de universitarios sino de gente que portaba grandes bolsas de cartón de cadenas de ropa. Familias con niños pequeños, adolescentes, jóvenes. Desde luego, sospecho que la mayoría no tenía mayores razones para estar allí más allá de eso que los marketinianos llaman “vivir la marca”.

Queda la duda de saber si la idea de poner una librería de Amazon es más un ejemplo de Responsibilidad Social Corporativa motivado por el sentimiento de culpa de haber decapitado unas cuantas librerías o un ejemplo de la necesidad que tienen las empresas virtuales, por muy exitosas que éstas sean, de corporeizarse para demostrarnos que hay un mundo más allá de los algoritmos y los teleoperadores robotizados.

Veremos.





viernes, 20 de noviembre de 2015

América sigue molando

Digamos lo que digamos. Aunque nos encontremos en una era de transición en la que lo antiguo no ha terminado de desaparecer y lo nuevo no ha terminado de consolidar su hegemonía, hay cosas que no cambian.

América sigue molando a la gente.

En la piel de toro, las tradiciones religiosas o incluso las celebraciones del patriotismo constitucional se transforman en puentes infinitos y son reemplazadas por festividades surgidas del imaginario cinematográfico cuando no del más obvio consumismo pasados los años del consumo irónico.

Halloween se muestra claramente bastante más sólido, y por supuesto más divertido, que la festividad de todos los santos para la gente menor de treinta e incluso cuarenta años.

Thanksgiving siempre ha gustado. Quién no recuerda con delectación a Michael Caine trinchando el pavo en esa casa de Manhattan acogedora y bien caldeada en la película Hanna y sus hermanas. Viéndola casi se paladeaba el pavo aunque en la realidad su carne sea bastante insulsa y se enfríe con facilidad.

Mientras las fiestas navideñas se secularizan y no dejan de ser poco más que una ocasión para meterse una comilona pagada por la empresa entre pecho y espalda, irse a esquiar o tomarse unas vacaciones en Cabo de Gata, a los Americanos el Día de acción de gracias que todavía sigue siendo una festividad seria.

En España, en general se imitan los modos de vida y costumbres norteamericanas con bastante impudicia. En un país en el que la venta por catálogo fue siempre considerada algo exótico, hoy día SEUR se forra mandando sobres a las casas con mercancías. Se pasó en un periquete de que la ropa interior oliera a humo después de una noche de farra en cualquier local de Malasaña, a ver a los fumadores casi como enfermos.

La campaña comercial con motivo del Black Friday, el viernes posterior al jueves de acción de gracias, supera todos los precedentes. No solo Amazon sino el comercio español al completo se ha puesto de acuerdo en montar un día de rebajas el día 27 de noviembre. Aunque en España sea un día laborable, aunque la gente haya dormido bien, aunque no haya resaca y aunque no haga tanto frío y uno salga a la calle y, a diferencia de la mayoría de los pueblos y pequeñas ciudades norteamericanas, tenga gente con la que reunirse y cosas que hacer.


América sigue molando, reconozcámoslo.