Consejos American Psique

domingo, 26 de febrero de 2012

Dientes, sonrisas, comunicación

Los americanos tienen, por término medio, dentaduras maravillosas. Mi favorita es la de la cantante Sheryl Crow, que tiene unos dientes que enamoran, aunque hay otras muy buenas como la jefa de prensa de Mitt Romney, Andrea Saul, a la cual he visto bastante últimamente en distintos medios de comunicación. No en vano, existen estudios que demuestran que el estado de la dentadura de sus gentes es uno de los criterios con los que se puede medir el nivel de bienestar de un país. Incluso algunos americanos bromean acerca de que la mejor manera de distinguir un europeo de un americano a simple vista es el estado de los dientes. Y tiene una cierta lógica ya que durante bastante tiempo los americanos estuvieron mucho mejor alimentados que los europeos aunque ahora sea más bien al contrario. Lo cierto es que, aunque el país no disponga de un sistema socializado de salud, numerosas empresas ofrecen un seguro dental a sus empleados y que las revisiones que se consideran adecuadas para tener una dentadura sana son dos veces al año.






Tener una dentadura en mal estado es casi un delito en este país. No es ni mucho menos infrecuente que adultos de cincuenta años exhiban alambres en los dientes con esa convicción tan americana de que todo es posible en cualquier momento y lugar. Y no es para menos ya que la capacidad de hablar y comunicar en público es considerada uno de los rasgos esenciales para triunfar en prácticamente cualquier profesión y no solamente entre los directivos. Argüir que tal bonus está justificado por la capacidad de comunicación de fulano o mengano no resulta sospechoso en una cultura empresarial en la que la capacidad de comunicación a veces es tan relevante como la propia gestión.

Y, no nos engañemos, comunicar es en una mayoría de ocasiones saber sonreír. Y saber sonreír no es sólo enarcar los labios y abrir la boca sino que todo ello parezca genuino, auténtico, reflejo de una convicción interna que genere en los demás la convicción de que uno se encuentra a gusto, conforme, feliz de estar en la propia piel y en el mundo. Y todo ello sin que parezca que está actuando. Os invito a que echéis un vistazo a las fotos que los americanos despliegan de ellos mismos en Facebook, a las caras de los políticos o deportistas que son entrevistados en CNN, Fox o ESPN. Antes de hablar ya han hablado con una sonrisa sincera, de verdad, aunque a nosotros pueda parecernos impostada porque sabemos que la vida no es, después de todo, tan perfecta. Incluso, en muchos casos en la vida cotidiana la sonrisa sustituye al saludo que puede parecer demasiado económico, austero si no va acompañado de una sonrisa. Pero para que la sonrisa surta el efecto debido se espera que la dentadura sea perfecta, sin mácula, el producto quizás de una mentalidad eugenésica que aún pervive en la psique americana.

Al contrario de lo que algunos piensan, Estados Unidos es un país en el que la seriedad, y no digamos la timidez, son percibidos como defectos. A nadie le gusta que le definan con uno de esos atributos como si fuera un insulto. Uno de los escasos defectos que incluso sus adeptos sacan a Obama es que proyecta una imagen demasiado seria, cerebral que no llega con la eficacia debida al público estadounidense que lo encuentra demasiado distante, algo pretencioso. Tiene mucho mérito que hay llegado a presidente de los Estados Unidos sin sonreír mas.



Me consta que en las sesiones de formación de portavoces y en las clases de coaching a los directivos españoles se les lleva décadas enseñando telegenia y a sonreír. Muchos políticos y hombres de negocios españoles han aprendido a hacerlo pero a menudo se les critica, ¿de qué se ríen? se les pregunta de forma burlona. Quizás se debe a que no han aprendido a sonreír lo suficientemente bien, a que no somos americanos o a que su dentadura no es lo suficientemente perfecta.

lunes, 20 de febrero de 2012

Capitalismo y valores

Hace dos semanas Microsoft, Starbucks, Nike, Goldman Sachs, Apple, Google, Amazon y un buen número de empresas relevantes ubicadas en el noroeste de los Estados Unidos se manifestaron públicamente a favor del matrimonio homosexual en el estado de Washington, el séptimo estado del país que reconoce este tipo de uniones. Kalen Holmes, Vicepresidente de Starbucks, declaró que la equiparación del matrimonio tradicional con el de personas de distinto sexo “se alinea con las prácticas de negocio de Starbucks” y es “consustancial con lo que somos y nuestros valores como corporación”. A su vez Microsoft, en una declaración pública, afirmó que “esta posición es consecuente con nuestra historia de apoyo a políticas públicas y corporativas que promueven la inclusión y la igualdad”. Microsoft trató de dotar a su argumentación de una cierta funcionalidad refiriéndose a la desventaja competitiva que en términos de atraer talento podría encontrarse el estado de Washington frente a otros estados que ya adoptaron esta legislación. La nueva ley fue finalmente aprobada y se espera que en unos meses se celebre un referéndum para ratificarla o rechazarla en un estado claramente dividido entre la parte oeste, con Seattle a la cabeza, mayoritariamente progresista y secularizada (que no laica), y la parte este, mucho mas rural, cristiana y tradicional.

Independientemente de que se esté o no de acuerdo con el espíritu de la ley o sobre la conveniencia de que una corporación se manifieste públicamente sobre ello, en un contexto español lo sorprendente es lo en serio que los americanos se toman todo relacionado con los valores. En España el cinismo abunda en todo lo que no aluda directamente a la economía y aquello que decía Groucho Marx de “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros” es moneda común. Siguiendo la campaña de las primarias republicanas uno se da cuenta de que para una buena parte de los potenciales votantes lo importante no es tanto la economía como contar con un candidato auténticamente conservador a quien realmente le preocupen cuestiones como oponerse al aborto, el matrimonio homosexual o el tipo de educación moral que los chicos reciben en las escuelas.








El hecho de que las empresas top de la nueva economía – ya no tan nueva, la verdad –se tomen tan en serio estas cuestiones como para manifestarse públicamente no obedece, como algunos críticos han dicho, necesariamente a razones de conveniencia de mercado. No pienso que Microsoft o Starbucks vayan a aumentar sus ventas o contratos por decir este tipo de cosas. Más bien al contrario, les podría costar algunos clientes ya que no pocos grupos cristianos han incitado al boicot de sus productos, lo cual en Estados Unidos no es una broma. Lógicamente, tratándose de dos compañías con una reputación y unos productos tan asentados, tampoco da la impresión de que puedan verse demasiado afectadas ya que si algo caracteriza al consumidor norteamericano es su lealtad a las marcas (no en vano en las conversaciones cotidianas muchas veces se sustituye el término que se refiere al producto genérico por el de una marca determinada, por ejemplo Xerox de utiliza como verbo en lugar de fotocopiar).

La simple verdad es que la importancia de los valores es tan importante en la psique americana que impregna a muchas de sus corporaciones. Hace ya algunos años que las empresas españolas empezaron a incorporar a sus idearios conceptos como la misión, la visión y los valores. Aquello, sin embargo, nunca ha dejado de ser mas que un brindis al sol ya que apenas conozco una sola empresa española que haga gala de sus valores mas allá de apoyar al gobierno de turno (nacional o regional) como práctica normal de clientelismo ya que para muchas de ellas las buenas relaciones con la administración son capitales para sostener el negocio. ¿Os acordáis del apoyo de las empresas radicadas en Cataluña al estatut? Un ejemplo de como se puede anteponer el interés de agradar a los políticos locales por encima de ser consecuente con unas ideas o con la mayoría de sus públicos que estaban, y siguen estando, en el resto de España. ¿Habéis escuchado a Botín alguna vez criticar la política económica de algún gobierno? En la última reunión que tuvo Rodríguez Zapatero con los dirigentes de las principales empresas españolas solamente uno, por lo visto Francisco González de BBVA, se atrevió a llevarle algo la contraria. Unos ejemplos que contrastan con, por ejemplo, las críticas que Obama recibió de Steve Jobs, quien por cierto apoyó la elección de Obama, acerca de su política económica cuando el presidente se reunió con los lideres de las grandes empresas de tecnología. Después de tantos años de misión, visión y valores, yo sigo sin conocer las ideas que las grandes empresas españolas tienen de asuntos como la inmigración, el matrimonio homosexual, el modelo de estado o la diversidad más allá de vagas declaraciones genéricas que de vez en cuando aparecen en los informes anuales.

El capitalismo americano, con los bobos (bourgois and bohemian) a la cabeza pero también con muchas otras empresas que se sitúan en la parte opuesta del espectro ideológico como por ejemplo Domino’s Pizza cuyo apoyo a la iglesia evangélica es conocido o la marca de ropa Land's End que se niega a utilizar la expresión happy holidays en navidades, lo tiene clarísimo y esta dispuesto a dar la batalla también en lo que se refiere a valores.

domingo, 12 de febrero de 2012

El mundo será de los nerds o no será

La semana pasada el diario El Mundo quiso recabar mi opinión acerca de la existencia o no de un paralelismo en la cultura norteamericana de la figura del empollón celtibérico. Lo primero que me vino a la cabeza fue la imagen del nerd, es decir, del chico adolescente con problemas de acné que obtiene buenos resultados académicos pero que es un inadaptado social. Todo un clásico de la mitología popular norteamericana y del cine teenager. Sin embargo, a decir verdad, equiparar empollón a nerd hace un flaco favor a este último concepto que se antoja bastante más complejo y definitorio del concepto de excelencia que tienen los americanos.




No sería tan tonto como para afirmar que ser un nerd a secas sea el modelo a seguir por los universitarios americanos. La cultura hedonista del capitalismo de consumo es la misma en todo el mundo y, por tanto, en América, como en el resto del mundo, el valor mas preciado es con mucho el de convertirse en objeto de deseo sexual a través del atractivo físico o del éxito profesional que suele ir ligado a un alto poder de compra (un psicólogo de Northwestern University estima que, en una ciudad como Nueva York, compensar un centímetro de estatura en términos de atractivo físico requiere 40.000 dólares mas renta)

Mas allá de lo anecdótico, lo cierto es que la existencia de películas como The revenge of the nerds (1984) demostró la existencia de un orgullo nerd y de que, de alguna manera, ser nerd podía ser algo cool como de alguna forma lo habían demostrado los gays (otro colectivo marginado en el pasado) anteriormente. De hecho, una diferencia importante de la cultura norteamericana con respecto a la española es que ser nerd forma parte de lo que se entiende como buena vida mientras que en España ser nerd es poco menos que un pringado sin mucho talento que se ha pasado demasiadas horas metiendo codos a cambio de vagas promesas.

En América el nerd puede ser parodiado en ocasiones pero es sobre todo reconocido. Los sistemas de premios abundan en las escuelas y las universidades. No me refiero solamente a becas monetarias, en España el criterio principal para acceder a ellas ha sido la renta, sino sobre todo al premio del reconocimiento, al cual en España parecemos no darle ningún o poco valor. Mi hijo va a segundo curso, no son esas edades para grandes hazañas académicas, sin embargo en su escuela pública todos los meses se concede un premio al mejor estudiante del mes a partir de primer curso. La mención y el galardón se realiza en una convocatoria matinal que tiene lugar a las 8 y media de la mañana y a la que todos los niños acuden. No hay regalo en especie, la mera mención pública es suficiente para estimular al niño y enorgullecer a los padres.

Tal y como decía en la entrevista, a mi me parece que la denigración del nerd en la cultura española tiene que ver con factores culturales antropológicos y también, digamos, de la cultura política. Respecto a los primeros, yo diría que es propia de una cultura que no valora el riesgo y no confiamos los unos en los otros. Tratar de ser excelente, ser un nerd, supone la incertidumbre de que el esfuerzo que estamos poniendo en ser excelentes se vea recompensado algún día. Un americano no tiene dudas de que será así pero los españoles somos mucho más fatalistas al respecto. De la misma forma, es difícil que valoremos el reconocimiento por los méritos cuando el nivel de confianza de las personas en las organizaciones es bajo, siempre pensamos que los premios se otorgan por razones ajenas al mérito o por intereses personales aunque no sea así siempre.

Un factor añadido es el del igualitarismo propio del pensamiento socialista español que ha terminado por impregnar a todas las ideologías, incluido al PP aunque diga lo contrario. Ha hecho creer a la gente que la igualdad es un fin en si mismo y no un punto de partida para que las personas, las cuales no son iguales ni mucho menos, cultiven y desarrollen sus capacidades y, si es preciso, marquen diferencias. La reverencia del norteamericano al poder del individuo siempre les ha protegido de ello.

lunes, 6 de febrero de 2012

El tenis y la psique americana

Después de leer Rafa, my story de John Carlin y seguir bastante de cerca el desarrollo del Open de Australia de tenis cada vez estoy más convencido de que el tenis está hecho a la medida de la psique norteamericana. Aunque el tenis americano ahora este en horas bajas, lo cierto es que ningún otro país ha cosechado en el pasado tantos éxitos en este deporte como los Estados Unidos. Y el hecho de que los españoles han dominado este deporte durante la última década me hace concebir esperanzas de que no hay nada escrito acerca del carácter inalterable de los pueblos.

Para empezar el tenis es probablemente el deporte más individualista que existe, en el que el que se experimenta una mayor soledad que pone a prueba al deportista durante un largo periodo de tiempo expuesto a una multitud. Por algo no resulta difícil ver a los jugadores hablar, hacer comentarios, enfadarse y reírse solos en medio de la pista en los transcursos de los partidos. El tenis provoca unas sensaciones muy distintas al deportista que, por ejemplo, el fútbol en el que el espíritu cooperativo que debe imperar hace que, en muchos casos, se diluyan las responsabilidades. Unas sensaciones no muy distintas a las que se han asociado históricamente con la figura del cowboy, único responsable de su destino, que discurre durante meses por las vastas extensiones del oeste americano o con el mas actual personaje del entrepreneur (empresario) que – a lo Bill Gates o Steve Jobs – da la impresión de ser capaz de poner en marcha el sólo proyectos megalómanos. No en vano, según el antropólogo holandés Geert Hofstede que en los años 90 entrevistó a mas de 100.000 empleados de IBM en todo el mundo con el objetivo de entender mejor como difieren las distintas culturas entre sí, Estados Unidos lidera la clasificación de los países mas individualistas del mundo. Y para botón de muestra, no por accidente el inglés es el idioma en el que la primera persona (I) se escribe con mayúscula (tampoco por accidente los siguientes países en esta clasificación de los más individualistas son anglosajones: Australia, Canada y Gran Bretaña).



Leyendo Rafa, libro sobre tenis pero, junto a Winning ugly de Brad Gilbert, sobre todo de mental warfare (dureza mental), uno se da cuenta rápidamente de que el tenis es sobre todo un deporte del olvido, donde el jugador para tener éxito debe aprender a dejar atrás en la memoria constantemente las pifias que acaba de hacer en el punto anterior y a concentrarse en el siguiente punto, es decir, en el futuro. Los mejores jugadores, como Nadal y ahora Djokovic, son los que consiguen puntos espectaculares después de fallar pelotas inverosímiles o que pueden costarles el partido. Esta mirada hacia el futuro también se refleja en que, cuando las cosas les van medio o incluso muy bien, son capaces de transformar y hacer evolucionar su juego a medida que sus rivales hacen lo mismo. Nadal ha tenido que aprender a hacer su juego mas ofensivo y acortar los puntos si desea tener una carrera mas larga y tener alguna posibilidad en los torneos largos contra jugadores como Djokovic que sabía (y sigue sabiendo) como neutralizar su juego defensivo de largos peloteos abriendo ángulos con su revés a dos manos. Djokovic ya trabajó, entre otros muchos aspectos, la dureza mental que hace que ya no se descomponga, blasfeme y rompa raquetas cuando comete fallos. Por eso ganó a Nadal en el Open de Australia. En suma, los jugadores de tenis se reinventan constantemente y tratan de superar el pasado, justo lo que muchos norteamericanos que cambian de ciudad, trabajo y mujer todos los años (hasta la crisis aproximadamente un 20 por ciento de ellos se mudaban de estado cada 12 meses) solían hacer.

Estudiando las taxonomías culturales de Hofstede uno aprende que los Estados Unidos son un país de valores profundamente masculinos en los que no ha lugar a las medias tintas con respecto al lugar que uno ocupa en el mundo. El sentimiento de autoafirmación, la comprensión de que uno tiene éxito o fracaso (aunque naturalmente la mayoría se muevan en amplias zonas grises) permean a toda la sociedad por igual a pesar del contrapeso que teóricamente debería ejercer el colectivismo del pensamiento cristiano. Un sentimiento que se da por igual en el deporte de la raqueta, pura suma cero, en el que el éxito del contrario es mi derrota y viceversa. Aunque a los americanos se les enseña a valorar y a trabajar en equipo en la escuela y la universidad, sus metas son siempre individuales y el reconocimiento, a través de multitud de premios, tiene siempre un rostro con nombre y apellidos. No por casualidad el uso de términos como winner y loser es habitual en este país mientras que sus equivalentes en español, ganador y perdedor, nos suenan algo artificiosos.

Por ultimo, siguiendo el guión marcado por Hofstede, el americano ha sido educado para copar con lo inesperado, lo no escrito en el guión, concepto que el antropólogo holandés identifica como la predisposición para exponerse a circunstancias inesperadas. Al igual que el jugador de tenis es consciente y debe estar preparado para sufrir bastantes lesiones durante su carrera, parar de jugar si se pone a llover durante el partido y tener que suspenderlo antes de que amaine, quedarse esperando en el caso de que el jugador contrario puede necesitar los cuidados del masajista o, como en el partido entre Nadal y Federer en Australia, aceptar que puede empezar una traca de fuegos artificiales de diez minutos con motivo de la fiesta nacional que haga detenerse el match, asimismo el americano no le teme a los riesgos derivados de los vaivenes de la vida. Por eso a muchos de ellos no les preocupa en absoluto que el sistema de salud sea el único privado de todos los países industrializados, una situación que pone en clara desventaja a aquellas personas nacidas con una salud regular, se meten en lo que a muchos españoles les parece el farragoso y estresante mundo de crear una empresa, o han invertido y siguen invirtiendo en bolsa como la mejor manera de cuidar de sus ahorros. Aunque a los españoles les gusta presumir de saber improvisar, lo cierto es que nos asusta lo inesperado y por eso nos gusta vivir en una sociedad en la que hay un exceso de reglas y códigos para todo, tanto en el mundo laboral como en las relaciones personales.

Y si ahora somos buenos en el tenis – se habla y con razón de una escuela española de jugar (Courier, el capitán norteamericano de Copa Davis tras la ultima derrota de su equipo frente al español la definió como de “un tenis cerebral”) no hay que perder la esperanza de que podamos transformar nuestra mentalidad en muchos otros aspectos.

domingo, 29 de enero de 2012

Portland o América como les gusta a los españoles

Para muchos españoles con los que he hablado hay una América buena y otra mala. La campaña de las primarias republicanas se encarga permanentemente de recordarnos cual es la mala. La de las grandes fortunas, las corporaciones inmisericordes, la comida rápida, la gente ignorante que vive en small town America, lleva armas de fuego, va a misa, para la cual ser socialista es un insulto, se opone a la inmigración y a la sanidad publica a pesar de necesitarla mas que nadie y para colmo es racista.

En el otro extremo nos encontraríamos la buena América. La que representa New York y el grupo de 12 o 14 areas metropolitanas donde se acumularía lo que el sociólogo Richard Florida dio en llamar the creative class, una combinación humana difícil de definir en la que se incluirían ingenieros de software (sobre todo) y de cualquier otra clase, diseñadores, artistas, cocineros, profesores universitarios, emprendedores y cualquier otra profesión que requiera de algún tipo de inventiva. Una clase que otros han denominado bobos (bourgeois and bohemians o burgueses y bohemios), un concepto inventado por el escritor David Brooks en su libro Bobos in paradise hace una década que sirve para definir a este grupo de personas relajadas en las formas y los horarios pero de una disciplina militar en el trabajo, o sea tipo Steve Jobs y similares. Una América si no laica (un concepto ajeno para el americano que ni siquiera encuentra una buena traducción al ingles) si entregada a las religiones orientales, favorable a la inmigración de ingenieros indios y chinos, cultivada y que apoya a Obama sin condiciones. La América que representan ciudades como San Francisco, Seattle o Portland, todas ellas ciudades a la que viajo con cierta frecuencia para visitar a la familia de mi mujer.

Pero yo quería hablaros de Portland que es la mas terrenal de las tres ya que las otras dos, sobre todo San Francisco, se ha convertido en un refugio habitado solamente por millonarios o gente muy, muy pudiente. Portland, probablemente solo conocida por muchos españoles por ser la sede de los Portland Trail Blazers, el equipo de baloncesto en el que jugaron Fernando Martin, Rudy Fernández y Sergio Rodríguez, pasa hoy por ser el refugio de los bobos que no pueden permitirse vivir en ciudades mas caras o con mejor clima. Portland es la tercera o cuarta ciudad en número de doctorados per cápita de los Estados Unidos, después de San Francisco y Seattle por supuesto, que es un dato que aquí se tiene mucho en cuenta. Tiene una población joven (apenas hay cementerios o se lee sobre defunciones en The oregonian), una mezcla atractiva de familias y solteros de todas las tendencias, la gente va en bicicleta, amplias secciones de comida orgánica en los supermercados y una importante cantidad de foodies que salen a restaurantes dos o tres veces por semana y están dispuestos a desembolsar importantes cantidades en arsenal de cocina. En Portland hay escuelas públicas con itinerarios alternativos para niños con vocación creadora, mujeres en la treintena que estudian masters online en chamanismo y un sistema de transporte público que es gratuito en el centro de la ciudad. Los únicos peros que le ponen sus followers son la lluvia y que quizás hay demasiada gente blanca por las calles.




Portland, y el estado de Oregon al que pertenece, llaman la atención al español por otras razones. Se pagan en general pocos impuestos, por ejemplo no existe el IVA en las compras con lo que los precios son de un 8 a un 10 por ciento menores que en la mayoría de los Estados Unidos. Este factor hace que la mayoría de los empleos públicos estén relativamente mal pagados en este estado. Este hecho tiene reflejo en otras áreas como la cultura en la que las subvenciones apenas existen. Hace poco fui al Museo de Arte Contemporáneo de esta ciudad a ver una retrospectiva de Shoah, un documental de 10 horas producido hace 25 anos sobre la vida en los campos de concentración por el que había que abonar 10 dólares por visionar cada una de las partes, lo cual resultaba lógico si tenemos en cuenta que no había mas de 10 o 12 personas en la sala en cada sesión. Los bobos, como el resto de los americanos, son además tremendamente respetuosos con el espacio público y con el aspecto exterior de sus casas que están primorosamente cuidadas, lo cual a su forma de ver no esta reñido con la bohemia o la libertad. Tampoco con el respeto, una de las atracciones de la ciudad es un santuario católico levantado por vietnamitas llamado the gratto abierto al público en el que nunca he observado no un graffiti sino algo que se asemeje a una mancha. Asimismo, las mujeres están de vuelta de estar de vuelta. Muchas de ellas, con doctorados o buenas carreras profesionales, han renunciado a ellas, viven del sueldo de sus maridos y pasan el día llevando a sus hijos de una clase de piano a otra de soccer con un vaso de Starbucks en la mano. No tengo dudas de que a muchos españoles entusiasmaría este panorama pero si las tengo respecto a la posibilidad de que florezca una autentica sociedad de bobos en nuestro país en el caso de que sea lo deseable. ¿Diferencia de creencias o valores? Si, claro, empezando porque los bobos norteamericanos piensan que levantarse todos los dias por la mañana tiene sus riesgos y no tienen ningún problema ni con la economía de mercado ni con un estado pequeño.

domingo, 22 de enero de 2012

La muerte

Los americanos no tienen relaciones con la muerte. Me explico, a pesar de su religiosidad – vuelvo a recordar que más del 90 por ciento de la población se declara creyente en algún tipo de deidad, que es un dato sin igual en occidente – la muerte es un tema tabú a evitar siempre que se puede. Una circunstancia que demuestra que no tenía del todo razón el científico Stephen Hawking cuando afirmó recientemente que “el cielo es un cuento de hadas para los que tienen miedo a la muerte”, y si la tenía, las religiones habrían fracasado rotundamente ya que los americanos esquivan cualquier alusión a la parca en el devenir cotidiano.

Puede que la industria televisiva norteamericana haya dado a luz series como “Dos metros bajo tierra” que miran a la muerte cara a cara, casi regodeándose, o que hayan desarrollado una potente (y privada) industria de la muerte en la que existen incluso sofisticadas compañías, como el Johnson Consulting Group, dedicadas en exclusiva a la consultoría en temas de gestión de cementerios y tanatorios, pero la verdad es que se la presta poca o ninguna atención. Ni siquiera los cementerios, aunque existen algunos bellísimos en el sur en ciudades como Savannah o Nueva Orleans, parecen del todo cementerios sino en su mayoría son amplias y austeras extensiones de verde de las que sobresalen pequeños monolitos de piedra. Desprovistos de vallas, si uno es descuidado se acaba internando en ellos creyéndose que son parque o un campo de soccer. Ni siquiera los cementerios militares, muchas veces ubicados junto a autopistas, con sus cientos o miles de cruces blancas alineadas milimétricamente le acaban de transmitir a uno el respeto y solemnidad debidos a la vieja señora de la guadaña. Que nadie espere encontrarse en Estados Unidos la privacidad y el barroquismo de los cementerios españoles, muchas misas corpore in sepulto o la entrañable y quizás algo anacrónica inclusión de esquelas funerarias en los periódicos.

Este soslayamiento es verdaderamente contradictorio en una cultura cuyos individuos tienden a despreciar el presente y se caracterizan y enorgullecen con mirar permanentemente al futuro. Una cultura del becoming que los centros comerciales han hecho suya con una sucesión ordenada de eventos que llenan el espacio y el tiempo: primero Halloween, después Christmas, más tarde Saint Valentine, después President’s Day y así sucesivamente. Siempre se anuncia en el horizonte un evento festivo proclamando que lo mejor está por venir. Los americanos son expertos en planear reuniones familiares en algunos casos con años de antelación, las vacaciones ocho meses antes, el futuro con fondos de pensiones privados en los que uno empieza a cotizar con veintitantos o con fondos de inversión que los abuelos o padres abren a sus hijos recién nacidos para cuando vayan a la universidad. Sin embargo, el final definitivo del trayecto apenas se contempla y eso que, para más inri, los americanos viven por término medio tres años menos que los españoles y es el único país industrializado en el que la esperanza de vida sigue bajando. No ya la angustia, sino la mera melancolía vital que todo el mundo puede y probablemente deba experimentar, es duramente reprimida mediante tratamientos psicológicos y medicación (alrededor de un 25 por ciento de los universitarios estadounidenses toma algún tipo de antidepresivo) como si se tratara de una patología. Asimismo cualquier expresión a nivel cotidiana que desprenda un tufo a tristeza es magnificada e interpretada como el síntoma de que algo te va mal en la vida y que, por supuesto, puedes encontrar soluciones para ello si lo tratas adecuadamente.

Creo que en esto, pero no en muchas otras cosas, los españoles nos empezamos a parecer a los norteamericanos.

domingo, 15 de enero de 2012

Mujeres

Aunque no resulta fácil de definir, hay algo distinto en la manera que tiene la mujer americana de estar en el mundo. Y es algo que tiene que ver con su condición social, por decirlo de algún modo, bipolar. Por lo que he podido observar, son en muchos casos son las mujeres las que han mantenido más viva la naturaleza asociativa que ha hecho desde sus comienzos la sociedad americana tan peculiar en su mezcla de individualismo y contrapeso de grupo. En América, las mujeres, a diferencia de los hombres, plantean una cantidad mayor de actividades y proyectos en los que la propia condición de ser mujer define su razón de ser.



Existen, por ejemplo, muchos más book groups, grupos de discusión acerca de libros que por regla general suelen reunirse una vez al mes, compuestos exclusivamente de mujeres que de hombres; en ciudades como la mía los comercios se ponen de acuerdo para abrir más tarde y ofrecer descuentos periódicamente a grupos de mujeres sin existir actividades equivalentes para hombres; en la universidad hay grupos de mujeres que se reúnen para tomar una copa sin otro vínculo aparente que el de su sexo. Nada parecido sucede en lo que se refiere al asociacionismo masculino, mucho más funcionalista y que suele estar vinculado a organizaciones de servicio social como los rotarios u otras semejantes.

Una interpretación obvia, y con un sesgo feminista, tendería a considerar esta superioridad de las mujeres en términos asociativos como gestos de reafirmación de la condición femenina en una sociedad en las que las relaciones entre sexos no se desarrollan con total igualdad. Sin embargo, cualquiera que conozca mínimamente este país sabe que no es así. No sólo por el rigor que las organizaciones muestran a la hora de aplicar cuotas de sexos u observar conductas que puedan, si quiera mínimamente, sugerir acoso sexual o discriminación, sino por la propia realidad de la vida cotidiana. A diferencia por ejemplo de España, se ha hablado mucho últimamente de cómo las mujeres tienen un índice de ocupación laboral mayor que los hombres que pone a éstos, también en las relaciones de pareja, en una situación de indefensión particularmente en circunstancias como la actual. En contraste con la mujer, el hombre americano, aunque sigue habiendo un importante nicho de mercado para el macho clásico asociado al mundo del futbol americano o a la figura del cowboy, aparece como un ser inseguro, desagregado, solitario, pasivo y con problemas para relacionarse socialmente con otros de su especie. A mi me parece que el americano, en contraste al hombre de estética metrosexual cuando no abiertamente gay en muchos aspectos que abunda tanto en Europa, no ha sabido reinventarse.

Sin embargo, y paradójicamente, esta situación de hegemonía de la mujer americana en la superficie aparece entremezclada con otros rasgos de sumisión casi ancestrales. Leyendo Generation me, bestseller sociológico acerca de los hábitos de vida y la forma de pensar de la gente que tiene entre 15 y 30 años que ha tenido un enorme éxito en este país, uno se entera de una de las prácticas sexuales más frecuentes en los colleges americanos es la felación como el mejor recurso para tener sexo seguro. Una evidencia que uno confirma viendo la película The social network en la que, a juzgar por lo que se ve, gran parte del éxito social de las universitarias de Harvard que aparecen parece basarse en la rapidez y pericia con la que realizan dicha felación al partner de su elección. No son pocas las mujeres que he encontrado que han puesto el grito en el cielo porque piensan que podría estar produciéndose una situación de regresión social en la que el hombre recupera un rol que parecía perdido.



¿Es contradictorio llevar las riendas de las familias y la sociedad y al mismo tiempo esta compulsión por satisfacer sexualmente al hombre en las nuevas generaciones? ¿Es algo específicamente propio de la mujer de los Estados Unidos? ¿Hay algo raro en ello? No lo se, no soy experto en estas cuestiones. Hace algún tiempo, una amiga de mi mujer que estuvo en España nos contaba que, en su opinión, las españolas “lo tenían mucho más claro” en la vida que ella y algunas de sus amigas americanas. Todavía no se, ni creo que ella lo supiera del todo, a que se refería pero puede que tuviera razón.